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El Tridente del Poder en Centroamérica

A pesar de ser considerados Gobiernos de izquierda, centro y derecha, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, Nuevas Ideas y el Partido Nacional, respectivamente, tienen muchas similitudes: caudillos, el respaldo de las fuerzas armadas de sus países, militantes en cargos públicos con nexos a casos de corrupción y sistemas internos muy alejados de una realidad democrática. Estos tres partidos lo controlan casi todo, o al menos eso pretenden. Gobiernos centrales, locales y regionales; instituciones y Poderes del Estado; incluso organismos nacionales que deberían ser independientes. Son las fuerzas políticas más fuertes de Centroamérica y en este año electoral, al costo que sea, prometen obtener el mayor poder posible.

Por:

Jairo Antonio Videa

Periodista

MANAGUA, NICARAGUA - A pesar de haber llegado a la silla presidencial por medio de otra casilla, la relación del Presidente Nayib Bukele con el recién nacido partido Nuevas Ideas es evidente. Su figura es utilizada como la razón "perfecta" para que las y los salvadoreños brinden su valioso voto este 28 de febrero a la "N de Nayib". Aunque el mandatario niega ese vínculo tan cercano con el partido, familiares, amigos e incluso miembros de su Gabinete pertenecen a las filas y cúpulas del movimiento político, nacido en 2018, siendo su imagen el rostro perfecto del caudillismo en el 2021.

Otro ejemplo de caudillaje, pero mucho más antiguo y nefasto, es el Presidente Daniel Ortega, máxima autoridad del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización política un poco más arraigada a la izquierda "revolucionaria", pero igual de polémica que el Partido Nacional en Honduras. Este último, controlado y rediseñado a la imagen del Presidente Juan Orlando Hernández y su círculo político más cercano, muchos de ellos acusados por corrupción y desfalcos a las arcas del Estado del país centroamericano.

A simple vista puede ser difícil, pero no imposible, encontrar los hilos que relacionen a estas tres entidades partidarias y a sus máximas autoridades. Cada una cuenta con características propias, pero todas se enlazan en la principal necesidad de un partido político: la democracia.

Más allá de los hábitos en común que tienen el FSLN, Nuevas Ideas y el Partido Nacional, que va desde la entrega de dádivas a las y los ciudadanos más desfavorecidos, hasta el uso de las fuerzas armadas para reprimir a quienes consideran su oposición, estos partidos han logrado concentrar el mayor poder posible en el Estado, o buscan hacerlo en este año electoral. En el caso del Frente Sandinista, su control total en la Asamblea Nacional de Nicaragua es el reflejo perfecto de sus procesos internos, en donde su propia militancia no tiene voz, y mucho menos voto. Lo mismo pasa en el Partido Nacional, que controla la mayor parte de escaños en el Congreso Nacional de Honduras y exige obediencia y respaldo a sus simpatizantes. Y como olvidar a Nuevas Ideas, que busca la mayoría en la Asamblea Legislativa de El Salvador e impone a candidatos para los cargos públicos, obviando el derecho de sus miembros a decidir.

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Características y similitudes del FSLN, Nuevas Ideas y el Partido Nacional

a. Caudillismo

b. Respaldo de las fuerzas armadas

c. Mayoría en el Poder Legislativo (exceptuando a Nuevas Ideas, aunque se espera

después de las Elecciones del 28 de febrero de 2021)

d. Lucha constante en contra del periodismo independiente

e. Ataques en contra de la libertad de expresión e información

f. Poca o nula transparencia en sus procesos internos

g. Negacionismo histórico

h. Uso de la imagen de Dios para la justificación de acciones autoritarias

i. Oposición política desunida

j. Apoyo legislativo a iniciativas en contra de los derechos humanos (exceptuando a Nuevas Ideas)

k. Denuncias de corrupción

l. Ataques en contra del feminismo y la población LGBTIQ

m. Imposición de candidatos para cargos públicos

n. Cúpulas familiares o de personas cercanas

o. Poco o nulo conocimiento de sus formas de financiamiento partidario

p. Uso de fondos públicos para campañas políticas

Juan Meléndez, Director Ejecutivo del Netherlands Institute for Multiparty Democracy (NIMD) en Honduras, explicó a la periodista Mónika Rodríguez una de las más grandes similitudes entre Nuevas Ideas y el FSLN, que incluso también encierra la realidad del Partido Nacional en Honduras. "Yo compararía, no en su origen, sino en la forma que está haciendo gobierno, al Frente Sandinista con Nuevas Ideas, porque también quieren todo el poder. Quiere la Asamblea, quiere desmantelar de alguna manera al Tribunal Supremo Electoral (TSE), a la Corte, a la Fiscalía. Es lo que tiene el Frente Sandinista: todo en su poder. Es lo que quiere hacer Nuevas Ideas. El mismo renglón. Incluso desaparecer a la oposición", explica Meléndez.

La técnica autoritaria de coaptar los Poderes del Estado pasa por un largo proceso, que va desde obtener la mayoría en el Legislativo, pasando por la destrucción de la institucionalidad, hasta llegar al control absoluto del Estado. A la fecha, el Partido Nacional y el Frente Sandinista son la crema y nata de los tomadores de decisión en las instituciones de los Estados de Honduras y Nicaragua, y ningún fallo, sea político, económico, social, educacional, de salud o de relaciones exteriores, se da sin la previa autorización de quienes rigen el poder en estos partidos.

Por otra parte, el tridente del poder en Centroamérica demuestra un feroz rechazo hacia el periodismo independiente y la libertad de expresión, pilares para mantener el adecuado balance en el poder. En el caso de Honduras, las investigaciones periodísticas son una herramienta fundamental para comprender a ciencia cierta las maniobras corruptas generadas, dirigidas y destinadas a favorecer del Partido Nacional y sus funcionarios. Es inevitable aceptar que la información veraz sirve como hilo conductor para entender los procesos de desfalcos a las arcas de los Estados centroamericanos, y en muchas ocasiones funge como canal para que la ciudadanía logre tomar decisiones sensatas en procesos electorales.

Para blindarse contra la auditoria social, e incluso para ungirse a sí mismos, los caudillos centroamericanos usan todo a su alcance, incluyendo las fuerzas armadas. Ejemplo de ello fue el 9 de febrero de 2020, día en el que se marcó un nuevo ítem en el calendario del autoritarismo en El Salvador. El Presidente Bukele, replicando la histórica estrategia orteguista de cubrirse la espalda con el Ejército, hizo que dicha entidad salvadoreña le jurará lealtad a su imagen, amenazando incluso la independencia de los Poderes del Estado, y reviviendo uno de los más grandes miedos y errores en la historia del país: el control militar. Instituciones de seguridad pública como la Policía, tanto de Nicaragua, como de El Salvador y Honduras, son el brazo represor de los Gobiernos y de los partidos en el poder, siendo, incluso, protagonistas de la política en Centroamérica.

Con el paso de los años, los exmilitares lograron llegar a posiciones importantes de poder, como es el caso de Omar Hallesleven, quien fungió como vicepresidente del gobernante eterno, Daniel Ortega. El militarismo ha llegado a ser la respuesta preferida por los mandatarios del tridente ante las crisis institucionales en sus países, logrando generar incertidumbre y desprecio dentro de sus propias filas.

A pesar de su naturaleza ideológica, el FSLN y Nuevas Ideas logran encontrarse, una vez más, en el camino de las similitudes. El rechazo que muestran ambos partidos hacia el feminismo y la comunidad LGBTIQ son parte de su cultura nata, y a ello se puede sumar el conservadurismo extremo del Partido Nacional, radicado en acciones legislativas en contra de las comunidades más vulnerabilizadas. A diferencia de Nuevas Ideas, que al cierre de esta investigación aún no llega a la Asamblea Legislativa, el FSLN y el Partido Nacional han sido participes, y en muchos casos gestores, de un sinnúmero de leyes en contra de los derechos humanos y las libertades públicas en sus países.

Para muestra, un botón: el pasado mes de enero, el vicepresidente del Congreso Nacional, el nacionalista Mario Pérez, presentó un proyecto de ley para modificar el Artículo 67 de la Constitución Política hondureña y así "blindar" al país contra el aborto. Dicha modificación fue aprobada, protegiendo así la prohibición absoluta del aborto para impedir su legislación. Un caso similar se gestó en Nicaragua. El FSLN, tras su regreso al poder en 2007, fue uno de los partidos que apoyo la criminalización de las mujeres, niñas y adolescentes, llegando a castigar a las féminas que han sufrido un aborto involuntario.

Pero la lista de acciones legislativas en contra de las y los ciudadanos, apoyadas por el FSLN e incluso el Partido Nacional, no termina ahí. En el caso de Nicaragua, a finales de 2020 y principios de 2021, el Frente Sandinista apoyo, sin debates ni excepciones, al menos cuatro leyes que limitan aún más la libertad de expresión, el derecho a la información e incluso el derecho a la participación política de la ciudadanía.

Podemos dejar por un momento las acciones de estos partidos en sus respectivos Gobiernos y regresar al núcleo de su institucionalidad. ¿Cómo funciona el Frente Sandinista? ¿Quién toma las decisiones en el Partido Nacional? ¿Es la democracia el pilar de Nuevas Ideas?

Para el presente trabajo, el analista y sociólogo Fanor Avendaño, le explicó al periodista Juan Daniel Treminio una de las reglas básicas del Frente Sandinista. "Convirtieron su partido en la cultura de la obediencia, la cultura del secretismo y la acción cotidiana del militante que tiene que dar todo y solo recibir lo que le dan los líderes o autoridades del partido", explica Avendaño. La vieja práctica de levantar la mano, sin alzar la voz, es el reflejo de la realidad interna del FSLN, del Partido Nacional y de la organización político-partidaria más joven de la región, Nuevas Ideas.

Aunque estos tres partidos políticos cuentan con estatutos y normativas internas definidas, la democracia en ellos es un fantasma, del cual ya no queda rastro alguno. Convenciones sin debates, imposición de candidatos, directivos nacionales con vínculos familiares o laborales y una inexistente rendición de cuentas para su propia militancia, y mucho menos para la ciudadanía. De cómo funcionan, se sabe poco. De dónde obtienen financiamiento, es un misterio. La legitimidad de sus directivas, queda en duda. Lo cierto es que el Frente Sandinista de Liberación Nacional, Nuevas Ideas y el Partido Nacional predican la democracia interna. Pero, no es nada más que eso. Un discurso vacío que ya ni el papel logra soportar.

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