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Educarse: el gran reto de los niños y niñas de Honduras tras los huracanes y la pandemia

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Helen Montoya

En la casa de Ana Rosa Enamorado hay un teléfono celular. Ese aparato sirve de nexo entre sus tres hijas y el sistema educativo de Honduras.  La pandemia de Covid-19, que provocó la suspensión de clases presenciales, y luego el paso de las tormentas Eta y Iota, volvieron más grave la precariedad de la educación en el país, que siempre ha estado ausente en los gobiernos de turno.

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El año pasado, tras el confinamiento decretado por el gobierno para contener la pandemia. Las clases en las aulas se acabaron y los maestros como mínimo comenzaron a enviar y recibir tareas por aplicaciones de mensajería. En el sector público no ha habido clases virtuales a través de plataformas como zoom. El trabajo a distancia se ha limitado prácticamente a enviar y recibir tareas.

 

Ana Rosa tuvo que retirar de la escuela a dos de sus hijas porque carecía de los recursos tecnológicos para mantenerlas en contacto con sus maestros, incluso solo para recibir tareas. Por mencionar lo mínimo un paquete de internet con duración para un día tiene un valor de 25 lempiras. Para este 2021, en una conversación sostenida en marzo, Ana Rosa le dijo al equipo periodístico que no contaba con internet para que las niñas pudieran recibir las clases en línea.

 

A comienzos de este año, cuando la Secretaría de Educación determinó que las clases se continuarán dando a distancia, la directora de la escuela donde estudian las hijas de Ana Rosa envió un comunicado para hacer saber que todo se haría en línea . 

 

Los maestros enviarían y recibirían tareas por canales que la tecnología ofrece, usualmente es la aplicación de mensajería de whatsapp. Ana estaba esperando reunirse con el personal de escuela para comentarles la situación que vivía en su casa, que solo tendría un teléfono para tres alumnas. “Voy a hablar con las maestras y explicarles”, nos dijo en esa ocasión la madre de 29 años. 

 

Y es que si ya Ana Rosa ya estaba preocupada con dos de sus hijas en la escuela, ahora tuve que matricular a la más pequeña, que empezó de forma virtual, su educación formal. 

 

El caso de esta familia es un reflejo de las penurias que han tenido que pasar miles de padres y sus hijos para sostenerse en el sistema educativo nacional. En primer lugar, la pandemia de Covid-19, alejó a los niños de las aulas, donde la educación ya era precaria, desde la falta de tizas y pupitres a edificios caídos, pero estas falencias eran maquilladas por el trabajo de miles y miles de maestros. 

 

En el 2020 la pandemia, no solo retiró a miles de niños de las aulas sino que a muchos les arrebató la posibilidad de seguir estudiando al menos a través de un teléfono. De acuerdo con información que recoge Diario La Prensa, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), estimó que 40 de cada 100 hondureños tuvieron acceso a internet. Muchos tuvieron que dejar la escuela como las hijas de Ana Rosa. 

 

Derivado de esto, información de la Secretaría de Educación indica que 20,398 alumnos y alumnas de primaria y 7,746 de secundaria abandonaron la educación formal en el año pasado. El confinamiento los sacó de las aulas y mantener la comunicación en línea se convirtió en un costo adicional para las familias. 

Además, muchos padres perdieron su trabajo en los meses de férreo confinamiento, cuando según cifras del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, Cohep, alrededor de medio millón de personas fueron suspendidos o despedidos de sus puestos de trabajo.

 

Se perdieron muchos empleos, se estima que un 40% de las Mipymes cerraron a causa de la pandemia y este sector genera hasta el 70% de los empleos en el país.

 

Al caerse los ingresos familiares, los jefes de familia ya no tenían los recursos para pagar lo menos básico, el internet para mantener a los hijos conectados cayó en esa categoría. En el caso de Ana Rosa, nos cuenta que el jefe de familia es electricista pero no tiene un empleo formal ni ingresos fijos. 

Desde el gobierno la respuesta ha sido poca respecto a las dificultades que algunos niños han tenido para mantener contacto con sus maestros. El Gobierno no ha orientado recursos para procurar acceso a las herramientas de tecnología para quienes no las tienen. 

En el portal de la Secretaría de Educación hay un documento de 56 páginas que se llama “Lineamientos para la Funcionalidad de la Educación en Casa”, en el mismo se establecen directrices dirigidas a docentes, padres y alumnos para un exitoso proceso educativo desde casa, sin embargo muchos niños no tienen ni teléfono ni internet. Había que empezar por ello, por resolver los recursos.

El Instituto Nacional de Estadística, INE, indica que en el año 2019,  Honduras tenía un promedio de escolaridad ronda de ocho grados cursados, mientras que la Tasa de Analfabetismo está arriba del 11% y la cobertura de la educación primaria alcanza el 91% de la población en edad escolar, pero probablemente estos indicadores  se modificaron por el confinamiento decretado en marzo del 2020 para la contención de la pandemia.

Desde su sentido común, Ana Rosa cree que los niños no aprenderán igual con este método. “Yo considero que la educación así por medio del celular no es efectiva. Para mí ellos no aprenden nada. Sé que uno como padre tiene el 50% (de responsabilidad) y el otro 50% los maestros. Y usted sabe que hay padres que estudiaron y hay otros que no sacaron toda la escuela. Entonces para mí eso está mal; también eso de regalar los grados es incorrecto”, manifestó la madre. 

Ciertamente, para los alumnos del sector público ha sido difícil que haya retroalimentación y comunicación entre ellos y sus maestros. La mecánica de solo recibir y entregar tareas durante casi dos años tendrá graves repercusiones en los niños y niñas. El Gobierno no hizo prácticamente nada para resolver el problema de aquellos no tenían acceso a tecnología.

Pero la pandemia no es el único de los males de Honduras. En el 2020, este ya era uno de los países más pobres de Latinoamérica y vio cómo la pobreza aumentaba hasta el 70% de acuerdo con estimaciones realizadas por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.  Es que el país sufrió los embates de la pandemia, que es un látigo mundial, pero también fue azotado y devastado por los huracanes Eta y Iota, que llegaron en noviembre del 2020 a Honduras con apenas 12 días entre y otro. 

 

La familia de Ana Rosa fue víctima de los huracanes. Viven en la colonia Reyes Luque del  sector Rivera Hernández y esta fue completamente anegada por las aguas que dejaron estas tormentas, perdieron prácticamente todas sus pertenencias y como si todos los problemas de Honduras se ensañaran con ellos, les robaron las pocas cosas que habían rescatado de las aguas. 

 

“En el suelo estamos durmiendo ahorita”, le decía al equipo periodístico en una conversación sostenida en marzo en la que también solicitaba ayuda,  “quisiera que nos pudieran ayudar en algo. No pedimos cantidad, sino que no lo en lo que tengan voluntad de ayudarnos por favor porque aquí en gobierno no ha venido a dar nada.  Pero ni una bolsita de comida han venido a dar. La experiencia del huracán sinceramente es algo que no se puede explicar, eso del agua estuvo horrible”.

 

Ellos antes vivían en el populoso Barrio Cabañas, pero se fueron a un sector incluso más marginal como la Reyes Luque donde alquilan una pieza por un valor de 500 lempiras, cifra que nunca dejaron de pagar ni en el confinamiento por la pandemia ni después de los huracanes Aquí puede haber diluvio o fuego y ellos todavía cobran.  Yo pago mensual 500 y eso no se detiene. Por qué el dueño ha dicho que eso no es su problema, que no le importa. Estamos pagando hace 5 años”.

Pese a que apenas comenzó la pandemia, el gobierno de Honduras fue autorizado por el Congreso Nacional para endeudarse con más de 2,500 millones de dólares, los recursos han llegado escasamente a la población. 

En una conferencia vía Zoom con el Consejo Hondureño de la Empresa Privada, Cohep, Ricardo Zúniga, encargado de las políticas migratorias para el Triángulo Norte de Centroamérica del gobierno de Joe Biden, dijo sin tartamudear que Honduras pierde en el año por asunto de corrupción alrededor de 3,000 millones de dólares.

Y con todas estas dificultades, Ana Rosa y su esposa tienen que lidiar por mantener a tres hijas en la escuela desde la virtualidad, mientras el regreso a clases  se ve lejano.

 

Alma Luz Hernández y su familia también viven en el sector Rivera Hernández. Fue duramente afectado por los huracanes de noviembre. Estuvo alrededor de dos meses fuera de su casa y cuando regresó había casi un metro de lodo y el agua había llegado hasta el techo. 

Nos cuenta que fueron abandonados por el gobierno y que la única ayuda que recibieron vino de una iglesia evangélica que les donó unas camas, pero sostiene que “han sido olvidados por las autoridades” y que han entregado, pero todos bajo listado. 

Alma Luz también tiene un hijo en la escuela. Tiene 13 años y cuando habló con este medio ella todavía no había matriculado al muchacho, pero  ha escuchado un rumor que no le había gustado.  “Dicen que les van a regalar el año. Mire él estuvo haciendo tareas de forma virtual, pero eso yo considero que es regalarles el grado”.

El sistema educativo de Honduras no solamente ha sido golpeado por la pandemia, también fue azotado por los huracanes Eta y Iota, pues según registros de la Seduc, al menos 700 centros fueron completamente destruidos tras el paso de los huracanes, pero hay 1 120 centros educativos que fueron dañados. 

El ministro de educación dijo en entrevista que recoge La Tribuna que, 10 meses después del paso de las tormentas, la prioridad es reconstruir los 700 centros que ya no existen. “Hay algunos con daños menores, pero hay otros que prácticamente desaparecieron”, afirmó Bueso en esa ocasión.

 

Pilotajes y vacunas

Mientras la cadena de contagios no para en Honduras, que ya alcanzó los 279 257 casos y 7427 muertes asociados al COVID-19, en el país se ha comenzado a hablar de un eventual regreso a clases.

Pero  el ministro de Educación ha dicho que se están preparando las condiciones que habiliten la apertura gradual de clases y de una forma semipresencial  en las zonas donde hay bajo riesgo de Covid-19 establecido por la Secretaría de Salud.

 

El ministro afirmó que hay unas 154 comunidades en donde se registra baja incidencia de Covid, pero el pilotaje debe ser autorizado por el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (Sinager). No obstante, esto es de forma oficial, en el país hay cientos de centros de educación cuyo alumnos asisten dos o tres días a semana de forma presencial. 

 

Por ejemplo en el instituto Manuel Pagan Lozano de la colonia López Arellano, los alumnos asisten al menos un día a la semana para revisión de tareas o la aplicación de pruebas. Y Cortés es el segundo departamento del país con más incidencia de casos de COVID-19, solo detrás de Francisco Morazán. 

 

Pero, el ministro Bueso dice que para que realicen los pilotajes se debe asegurar la vacunación de los maestros y personal administrativo en sus dos dosis, mejorar los sistema de agua y saneamiento y garantizar el cumplimiento de las normas de bioseguridad. “De esa forma, se podría empezar a abrir centros educativos en forma gradual en donde no hay registros de casos o donde ha habido un buen manejo de la pandemia”, finalizó.

El asunto es que en Honduras, el proceso de vacunación ha marchado muy lento hasta ahora y ha dependido casi exclusivamente de donaciones.  Información en la web de la Secretaría de Salud indica que el país ha recibido casi tres millones de dosis, pero solo se han aplicado 1.2 millones de vacunas. El dato más revelador es que solo 79, 737 personas han completado su inmunización con las dos dosis. 

A mediados de julio, la Seduc informaba que ya habían cerca de 12 docentes vacunados en ocho departamentos del país.  “A estas alturas y después de una semana y media, ya hay cerca de 12,000 docentes vacunados gracias al apoyo de la Secretaría de Salud”, decía ministro Bueso. En 2018, Honduras tenía aproximadamente 60 mil maestros.

Inmerso en todos estos entuertos, el sistema educativo nacional intenta mantenerse a flote. Décadas de descuido y falta de inversión se han evidenciado y sobredimensionado por la llegada de la pandemia y el azote de los huracanes.  Ana Rosa y su familia, son apenas un ejemplo de los miles de casos que en la precariedad intentan honrar esa premisa que lo más importante es la educación de los hijos.

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