La pasión por el arte tiene rostro de mujer


De tez morena, sonriente y muy amable. Así es Marian Martínez, una joven que habita en el barrio Bertha Díaz, egresada de la carrera de Trabajo Social y Gestión para el Desarrollo. Con 25 años de edad es una líder empoderada que sueña con una mejor Nicaragua.

Martínez es directora del Grupo de Teatro Garabato. Actriz, cuenta cuentos, animadora infantil y titiritera. A través de su arte busca contribuir de forma positiva a los habitantes de su barrio para que puedan apreciarse pequeños pero verdaderos cambios en la sociedad.

Marian Martínez / De Hoy por Luis Gutiérrez

Desde la edad de 13 años Marian se involucró en el mundo "loco y maravilloso" del teatro, como ella misma lo llama. En sus inicios artísticos influyó mucho su familia pues su papá es animador infantil, director y actor del Grupo de Teatro de Títeres Traca-Traca desde hace muchos años; así mismo inicio sus primeras puestas en escena con el extinto Grupo de Teatro Sacuanjoche que dirigía su hermana mayor Katia. “Aún puedo recordar cuando llegó a mi casa Els Van Poppel, una directora de teatro, que buscaba a mi hermana Katia. Yo tendría quizás unos 12 años y le dije: 'mire, yo también puedo actuar y sé hacer muchos personajes'. Le hice una viejita, un borracho y un loco”, expresa sonriente Marian.

Posteriormente inició a estudiar durante 3 años en la Escuela de Teatro Popular Julio Vargas Aguilera, en la ciudad de Matagalpa para formarse como actriz e instructora de teatro. En ésta escuela uno de los requisitos primordiales para graduarse era que los estudiantes debían formar pequeños grupos de teatros; de ahí nace el Grupo de Teatro Garabato.

Marian expresa que el ir involucrándose en procesos artísticos le ha facilitado el poder identificar la gran cantidad de problemáticas sociales presentes en su barrio lo cual le ha motivado a ser un agente de cambio en su comunidad, manifestando sus inquietudes a través del arte. “Pienso a diario en como poder brindar estrategias de solución a las personas donde el grupo realiza intervenciones artísticas, esto con la finalidad de que la población se involucre y sea parte de la solución y no del problema, utilizando siempre el teatro popular como una herramienta de comunicación alternativa y eficaz" nos dijó. Cabe mencionar que el teatro proyecta realidades sociales pero no pretende brindar soluciones.

Así mismo Martínez manifiesta que sueña con un espacio propio ya sea este un salón o un edificio grande y espacioso, donde las mujeres, jóvenes y niños puedan capacitarse de forma gratuita. Un sitio en el que predomine la cultura y se fomente el amor por el arte y en donde los jóvenes se sientan libres de expresar sus sentimientos y puedan librar sus frustraciones para que encuentren otras opciones que les ayuden a salir del mundo del alcohol y las drogas. “Sueño con un espacio donde pueda apreciarse la participación de las mujeres, para que estas sean reconocidas como sujeto y no como objeto y puedan salir adelante. La verdad que mi sueño es vivir en un mundo mejor donde haya igualdad de oportunidades para todos y todas”.

Esta joven también es animadora infantil desde hace muchos años y cuenta que mucho de lo que ha logrado se lo debe a su personaje llamado “La Payasita Coqueta”.

La Payasita Coqueta, Marian, junto a Otto de la Rocha

"Mi padre siendo animador infantil me inculcó que a los niños se les respeta. Por lo tanto cuando inicie con mi personaje me prometí que el modo de recrear a las personas sería diferente a los demás payasos de Managua. Toda mi vida he criticado el ver como algunos de estos personajes toman a los niños como objeto de burlas, entonces pensé 'porque no ser un payasita distinta' y 'porque no trabajar desde el respeto que se merecen los niños y ser un personaje mucho más educativo'. Al momento de la animación trato de ser lo más inclusiva posible tanto en el momento de los juegos como en el momento de los cuenta cuentos. Siempre al salir de mi casa mi objetivo principal es que el o la niña se sienta satisfecha de haber disfrutado de una tarde recreativa, aunque nunca falta el típico adulto que me señale de 'payasita aburrida'. ¿Será por qué trate a sus hijos con respeto o por qué evite que su hija bailara reggaetón para evitar que fuera vista como una posible víctima de abuso sexual?"

Así mismo no se puede dejar de mencionar el amor de esta joven por los títeres, que cobran vida y trasladan a otro mundo hasta al más grande de los espectadores del público. Su mejor experiencia haciendo títeres fue cuando se presentó junto a su papá y sus dos hermanas mayores en la sala experimental del Teatro Nacional Rubén Darío con la obra “La Princesa Vestida con una Bolsa de Papel”. "Desde muy pequeña siempre quise compartir escenario junto a mi familia y durante mucho tiempo le había reprochado a mi padre porque nunca habíamos hecho un trabajo juntos. Él siempre me contestó que aún no era el tiempo. A los 18 años cumplidos mi padre llegó a casa con un libro que se llama La Princesa Vestida con una Bolsa de Papel de Robert Munsch; leí el cuento y mi papá me preguntó si me había gustado. Yo le dije que sí, entonces me comentó que estaba escribiendo un pequeño proyecto a Save The Children y días después regresó a la casa muy contento y me dijo que los domingos no me comprometiera que teníamos que trabajar en la obra. Yo no lo creía. Lo abracé, lo besé y le dije 'gracias'. Desde ese momento comenzamos a leer y trabajar en la obra, y en la creación de los títeres. Todo era un sueño".

Familia Martínez en obra "La Princesa Vestida con una Bolsa de Papel"

"Yo antes de esto ya sabía hacer títeres de guantes pero jamás había hecho títeres completos de esponja, de varillas y fantoches y con este montaje fue como iniciar una escuela de títeres. Estábamos por terminar el proceso de montaje y mi papá me dijo que consideraba que a la obra le hacía falta algo. Recuerdo que me pidió escribir un poema, porque también escribo de vez en cuando. En ese momento pasaba por un bajo emocional e inspiró mi escrito. Al terminar de escribir mi papá lo leyó y soltó una carcajada, y me dijo: 'si te tocara cantar eso, ¿como lo harías?'. Yo me quedé asustada y entre los dos le buscamos una melodía para la canción que dice más o menos así: 'No me casaré, no me casaré, con un hombre cruel… No me casare, no me casare, con quien desprecia mi ser… Vivo como el viento en la luz sin sombras porque mi vida vale más”. Yo compuse la canción pero fue interpretada por Martha Arraíza, guitarra de madera azul. Esta canción sonaba al final de la obra. La presentación en la Sala Pilar Aguirre fue tan emocionante. Ese día me temblaban las piernas, era un sentimiento que no puedo describir, lloraba de alegría y tenía una sensación de adrenalina que recorría por mis venas" expresa Marian, muy emocionada.

Marian no pretende alejarse pronto de esos escenarios que le han visto crecer y que a la vez le han hecho tan feliz y apuesta por seguir trabajando temáticas de carácter social en función de generar pequeños pero significativos cambios en la sociedad. Para finalizar la entrevista expresó:

“En la vida todos somos artistas y si bien es cierto hay quienes nacen mientras otros se hacen en el camino, e incluso hay quienes viven siendo artistas pero nunca llegan a percibirlo, y considero que el arte es un medio que transforma a los individuos y por eso todas y todos deberíamos tener un poco de arte en nuestras vidas y utilizarlo siempre para cosas positivas buscando continuamente un bien colectivo. Cada vez que estoy frente a un grupo siento mi sangre como hierve por mi cuerpo, se me enchina la piel de satisfacción; el teatro y sus aplausos, la payasita que saca la niña que llevo dentro, la directora que siempre une a los grupos con una sonrisa, eso no lo cambio por nada en el mundo. Yo sé que no siempre se puede reír y también sé que yo sola no puedo cambiar el mundo, pues está lleno de egoísmo y de mucha negatividad, sin embargo para cambiar el mundo hay que iniciar con nosotros mismo y yo, ya hace tiempo empecé a cambiar mi historia".

Marian Martínez encuentra inspiración en su padre, Mario Martínez / De Hoy por Luis Gutiérrez


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