Situación de la participación política de las mujeres en Nicaragua


Sin la participación de la mujer no hay revolución

“Mire compañero, la verdad es que no se puede hacer la revolución sin la participación de las mujeres, en el ejército de Sandino: María de Altamirano, Conchita Alday y Blanca Arauz. Y en nuestra Organización en el Frente Sandinista: Luisa Amanda, María Castillo, Claudia, Arlen, Mildred.”

El Zenzontle, Carlos Mejía Godoy.

Mujeres de lucha. Mujeres vandálicas. La revolución es mujer” | Fotografía de Jorge Peralta

Si este texto hubiera sido redactado antes de abril del presente año, probablemente el contenido y el encabezado de este articulo seria otro, en estas líneas escribiría sobre la Ley 290, también conocida como Ley 50-50; La iniciativa fue presentada ante la Primera Secretaría y señala en su parte medular que se reforma el artículo 17 de manera que “a efectos de implementar la equidad de género se establece que en el Gabinete de Gobierno, entes descentralizados, presidencias o direcciones de instituciones del Estado, ministros y viceministros, secretarías o consejos presidenciales y embajadas, un 50% de dichos cargos deberán ser ocupados por mujeres”.

Esta ley en forma general podría parecer muy progresista en términos de participación política de las mujeres acá en Nicaragua, lo cual en la práctica resulta ser una verdad a medias como ya incluso se ha abordado en otros escritos similares, como: ”Sin República y sin ciudadanía, Participación política de las mujeres en Nicaragua en el contexto jurídico y político, del año 2014.”

Dado los acontecimientos recientes, en los que la sociedad nicaragüense, ha llegado a un punto en el cual debido a una serie de arbitrariedades por parte del gobierno, sectores autoconvocados se han volcado a las calles en señal de descontento y en amplias protestas cívicas se han destacado importantes figuras de lideresas como Francisca Ramírez quien encabeza el movimiento anti canal, Madeleine Caracas del Movimiento Universitario 19 de Abril y Eloísa Altamirano Meza, estas últimas lideresas jóvenes, feministas que encabezaron las primeras protestas cívicas en abril en torno al tema de Indio Maíz.

Es por tanto que en la línea discursiva de este escrito pretendo destacar la importancia de la participación de las mujeres como agentes activos e indispensables para los procesos de transformación social de la historia de Nicaragua como sujetos activos que han marcado la pauta definitiva de la participación política efectiva de las mujeres como tomadores de decisiones.

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Al hablar de la participación política de las mujeres, hablamos de las relaciones que existen entre el orden de género y el orden institucional en una sociedad determinada. Las instituciones —reglas del juego establecidas— delimitan las oportunidades y restricciones que los individuos y grupos enfrentan en su relación con los demás en distintos ámbitos institucionales.

“Rosario, tu no eres mi madre” | Fotografía de Melie Sutcliff

En Nicaragua antes de la llegada de Anastasio Somoza García al poder en 1937, ni liberales ni conservadores estaban dispuestos a reconocer el papel de la mujer más allá del ámbito privado. A pesar de que los liberales se mostraban más receptivos a sus demandas, lo cierto es que no existía un proyecto interesado en la incorporación de la mujer al espacio público más allá de su participación en las esferas productivas: “De esta manera, el matiz que distingue la visión de género de los liberales de la de los conservadores es que para los primeros las mujeres, además de cumplir con su rol genérico tradicional, podían trabajar y recibir una educación”.

El movimiento feminista en Nicaragua marca un hito importante en la transformación del rol sociopolítico de las mujeres, con la militancia y el activismo de mujeres en distintas organizaciones sufragistas. En este movimiento, la figura de Josefa Toledo de Aguerri es sin duda paradigmática, pues encabezó la lucha de esta primera ola de feministas a partir de la demanda de una serie de derechos básicos como lo eran educación, sufragio femenino y trabajo.

En el discurso sandinista, la opresión de la mujer fue percibida como consecuencia directa de la dominación masculina, sino de la ideología explotadora de las clases dominantes; es por eso que la emancipación de la mujer llegaría de la mano del proyecto de liberación nacional, como compañera del hombre nuevo nacido en la montaña en el proyecto histórico de la revolución, pese al papel preponderante y decisivo de mujeres como Dora María Téllez.

Para poder concluir con una lectura que nos permita dilucidar la relación de las mujeres en Nicaragua a través de su capacidad de participación efectiva en las estructuras institucionales y no institucionales de poder, debo destacar a tres importantes figuras del contexto sociopolítico actual: Rosario Murillo, vicepresidenta de la Republica, Francisca Ramírez; lideresa del movimiento anti canal y Madelaine Caracas miembro de la Coalición Universitaria en el Dialogo Nacional.

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La revolución es de todas y todos” | Fotografía de Juan Daniel Treminio para Coyuntura

La participación institucional se refiere a aquellas actividades integradas a los mecanismos gubernamentales de toma de decisiones, en este marco la figura preponderante es Rosario Murillo actual vicepresidenta Nicaragua, considerada verdadero rostro y voz del ejecutivo, ha actuado como portavoz del gobierno, es asesora del Frente Sandinista (FSLN) en prensa y comunicación y preside el Consejo de Comunicación y Ciudadanía del Poder Ciudadano, principal impulsadora a través de Bayardo Arce de la Ley 290, contrario a lo que podría pensarse la participación de las mujeres no goza de el alcance y eficacia que podría interpretarse debido a su presencia numérica dado que un régimen patriarcal-autoritario, no lo modifica ni lo hace democrático. La paridad de género pierde sentido cuando el régimen carece de legitimidad de origen, legitimidad de proceso y legitimidad de resultados, lo que se evidencia con la remoción de funcionarias según el grado de cercanía con las estructuras centrales de poder.

Mientras tanto la participación no institucional comprende actividades que no forman parte de los canales oficiales para el establecimiento de políticas, y que están dirigidas a ejercer presión sobre ellos, tales como manifestaciones, peticiones individuales o colectivas a organismos públicos, promoción de intereses de grupos determinados o clases sociales, de cara a este sector se encuentran la lideresa del movimiento anticanal y las jóvenes activistas estudiantes miembros todas de la Coalición Universitaria y de Sociedad Civil en la Mesa de Dialogo Nacional, ejercer el derecho de organización, de asociación y movilización, de libertad de expresión, son componentes indispensables para el desarrollo de la persona libre y la participación política y para el reclamo de igualdad, justicia y bienestar para las mujeres.

Es por tanto que la participación política de las mujeres en Nicaragua se encuentra sesgada e incluso limitada en dependencia de las estructuras a través de las cuales son ejercidas, de lo cual podemos evidenciar también que ha habido un reconocimiento substancial implícito en estructuras institucionales y no institucionales en cuanto a la relevancia del papel como tomadoras de decisiones necesarias en los procesos sociopolíticos de Nicaragua.

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