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Carmen Chamorro: "Lo que hagamos ahora será un reflejo de lo que haremos en postdictadura"

Experta en ciencias políticas, inglés, comunicación, sostenibilidad social y fácilmente adaptable. Es Carmen Chamorro. Una activista nicaragüense exiliada en los Estados Unidos de América, cuyo fuerte profesional son las tecnologías de la información gracias a una licenciatura con enfoque en ciencias políticas y gobernanza. Desde abril de 2018 ha formado parte de varios espacios en donde la disidencia de Nicaragua ha coincidido, pero no ha logrado unificarse.


Por Juan Daniel Treminio | @DaniTreminio

Estados Unidos de América
Fotografía cortesía
Fotografía cortesía

Carmen Chamorro es una destacada politóloga nicaragüense y una figura presente y constante en la lucha por la democratización de su país. Fue secretaria política del movimiento social "Construimos", del que aún forma parte. Destacó en la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB). Ahora desempeña una de las tres vocerías de "Monteverde", un espacio en construcción pero ya con polémicas, que ha juntado a líderes políticos y sociales en el exilio.


Ella desvela en esta entrevista a profundidad con la Redacción de COYUNTURA los detalles de este "proceso" de edificación, desde quiénes lo conforman hasta las acciones pasadas y futuras. También habla sobre el caso del exaspirante por la Presidencia de Nicaragua, Félix Maradiaga, quien renunció a otra de las vocerías de Monteverde tras polémicas declaraciones sobre los también presidenciables Juan Sebastián Chamorro y Medardo Mairena. Además, enfatiza en todo lo que "está en juego" en esta marcha para la construcción de un espacio opositor nuevo.


Chamorro ofrece una visión valiosa sobre la importancia de mantenerse informado y la necesidad de acercarse a espacios organizados de confianza, en un contexto político y social de alto riesgo en Nicaragua y las claves para allanar el camino hacia un futuro más libre y justo.


Pregunta. ¿Aún formas parte de "Construimos"?


Respuesta. Sí. Fui secretaria política de la organización y al culminar mi periodo se eligió a un nuevo secretario, pero sigo formando parte. Desde el 2018 venimos construyendo un programa político que actualizamos constantemente, trabajando junto a otros espacios, fortaleciendo más temas como los derechos de la Costa Caribe, entre otros planteamientos.

Incidimos desde la creación de propuestas. Ya no podemos estar en las calles porque ya no es posible en Nicaragua, pero estamos haciendo nuestro aporte desde la parte técnica, sobre todo lo que queremos. Podemos ser un sector que puede incidir en todos los espacios.


P. ¿Qué es "Monteverde"? La ciudadanía dentro y fuera de Nicaragua aún no lo tiene claro.


R. Monteverde no es ni siquiera una plataforma, es un proceso bastante diferente en el que las personas participamos de manera individual. No somos miembros, somos participantes porque no es una estructura formal, no hay membresía. Las personas que están en el proceso se juntaron en Costa Rica en el 2021 a partir del contexto duro del escenario electoral, cuando encarcelaron a muchos de los liderazgos y mucha gente se vio forzada al exilio.


La gente que llegó a Costa Rica en ese momento decidió reunirse y empezar a accionar respondiendo al aumento de la represión, ya que muchas de nuestras plataformas se vieron debilitadas. Era importante tratar de crear un espacio o un proceso aparte en el que se pudiera reconstruir esa confianza y buscar cómo generar acciones conjuntas de cara a la demanda de la liberación de las presas y presos políticos, generar presión internacional y de continuar la lucha cívica aunque fuera desde el exilio.


P. ¿Cuándo y cómo ingresaste a su proceso de construcción?


R. Yo entré al proceso recientemente tras la expulsión de los presos políticos. En ese momento se abrió un proceso de integración de nuevas personas al proceso en el que se le dio entrada a personas con perfiles un poco más públicos como Tamara Dávila, Juan Sebastián Chamorro, Félix Maradiaga, Medardo Mairena. Fui de las pocas personas que se integró que no eran del grupo de excarcelados de la dictadura.


P. ¿Quiénes más forman parte del proceso de Monteverde?


R. La lista está complicada porque es un proceso que se ha ido ampliando. Los primeros que se reunieron fue para tratar de crear confianza en estos grupos que venían de una pésima experiencia de intentos de unidad como la Coalición Nacional, que sabemos que no fue fructífero como hubiésemos querido, hubo demasiados conflictos y agresiones.


Desde antes estaba María Teresa Blandón, Carmela Rogers (Kitty Monterrey), Juan Diego Barberena, por ejemplo, son personas de diferentes espacios y diferentes ideologías. Monteverde inició con once personas y ahora hay alrededor de 50.


P. Y cuál es su objetivo en este proceso?


R. Se ha trabajado en varias campañas que no se hicieron bajo la marca de Monteverde, porque solo era un proceso. Lo que se trataba era de coordinar acciones entre los actores que quedaban organizados. Cada quien con su autonomía, pero lo hacíamos bajo una misma línea. Por ejemplo, cuando se trataba de incidir con actores internacionales tratábamos de llevar una misma agenda, que es lo que la comunidad internacional demanda, un mensaje concertado.


Una de las cosas que discutimos en el último encuentro es empezar a visibilizar a Monteverde, por eso es que antes no se había mencionado, ni se compartía un mensaje en conjunto, todo era de manera individual. La gente ya sabía de la existencia de Monteverde, que se estaba haciendo algo, pero no saben quiénes lo integran, ni qué se está haciendo, ni cómo se está haciendo.


Se decidió que es importante empezar a hablar, a compartir información, abrir los canales de comunicación para empezar a tener una relación más directa con la ciudadanía y los medios de comunicación.


P. ¿Cuál es tu rol en este nuevo proceso?


R. Una vez que yo ingreso al proceso, fui electa como una de las voceras, que eso responde a que necesitábamos crear conexiones para empezar a compartir nuestra línea de trabajo y ampliar el impacto de lo que podríamos llegar a hacer como proceso, entonces se escogieron las vocerías que fueron cuatro: Tamara Dávila, Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro y yo. Es una vocería compartida y el objetivo que tenemos ahorita es empezar a trabajar en conferencias de prensa mensuales. Sabemos que es mucho tiempo porque en un mes pueden suceder muchas cosas, pero vamos a compartir todo lo que estamos haciendo, todos nuestros avances.


P. ¿Cómo tomaron la renuncia de Félix Maradiaga?


R. Félix renunció a la vocería, más no se separó de Monteverde. No fue algo tan grande como la gente lo quiere hacer ver. Félix asumió responsabilidad por lo que había dicho en los audios. Todo lo ha dicho públicamente. Se acercó a conversar y disculparse con cada una de las personas a las que involucró.


Su actitud fue responsable. Asumió que eran sus opiniones suyas, que fue incorrecto hacerlo de esa manera, es la opinión de él. Hay personas en el proceso que no comparten lo que dijo, sobre cuánto ha avanzado o no el proceso.


P. ¿Qué opinas sobre lo que Maradiaga dijo?


R. Yo creo que ha habido más avance del que él mencionó, pero esas son perspectivas personales. Su renuncia fue responsable y adecuada porque si él percibe el proceso de esa manera no sería correcto es que esté en la vocería de un proceso que considera que no avanza de la manera en que él quisiera. Él sigue trabajando y participando del proceso, es lo más importante, que sigamos en esa línea de coordinación para concertar nuestros discursos y estrategias. Lo importante es lo que hacemos en la práctica.


P. ¿Cómo se están autoevaluando en cuestión de avances?


R. Como yo acabo de integrar tengo conocimiento del recuento que se hizo desde el 2021 hasta nuestro ingreso. Se dieron cuenta de las acciones que han sido efectivas, de las coordinaciones que han dado frutos, de las campañas que causaron impactos.


Se está trabajando en una estrategia general para el proceso, esa estrategia es para evaluar las experiencias que hemos tenido antes y enfocarlas en lo que queremos lograr, cómo lo queremos lograr, sobre todo generar confianza dentro y fuera del proceso.


P. ¿A qué le apuesta Monteverde?


R. A la salida cívica y pacífica de la dictadura.


P. ¿Cómo pueden integrarse otras personas al proceso de Monteverde?


R. Los criterios para la integración es que tienen que ser personas diversas que estén abiertas a dialogar y colaborar con ideologías opuestas a las suyas, a sentarse con personas que no necesariamente piensen igual. Que tengan cierto nivel de incidencia en ciertos sectores, por ejemplo en movimientos políticos, sociedad civil, relaciones internacionales, derechos humanos.


P. En la última conferencia de prensa hablaron sobre la solicitud de sanciones para el Ejército y sectores económicos, casi de inmediato hubo una respuesta de la vocera de la dictadura. ¿Cómo lo tomaron?


R. Fue importante ver que realmente está teniendo un impacto lo que se está trabajando. No podemos atribuirnos todos los créditos porque es un trabajo que vienen haciendo múltiples organizaciones desde hace muchos años. Pero, sí, es un tema que hemos venido promoviendo. También es importante trabajar de manera coordinada y conjunta, principalmente en el tema de ir creando narrativas comunes sobre lo que queremos, sobre cuáles líneas queremos presionar al régimen para ir viendo los frutos, como es el caso de todas las sanciones y la cooperación internacional, la presión internacional a los organismos que apoyan a la dictadura.


P. ¿Cuál sería la vértebra qué hay que tocar para afectar realmente a la dictadura en el tema de sanciones?


R. No es una sola cosa. Las sanciones son una herramienta que funciona en generar presión y en abrir espacios para que podamos incidir más, pero no son la solución mágica al problema, sino desde hace rato ya hubiéramos sacado a la dictadura con tantas sanciones que lleva encima. Son de mucha utilidad, pero no son lo único. Aparte de buscar sanciones y de buscar el apoyo internacional tenemos que trabajar en la reestructuración y reorganización de las bases que están en el territorio y la gente que quiere un cambio para Nicaragua, para generar presión sin que eso signifique poner su vida en riesgo.


P. ¿Qué mecanismos podrían inventarse o hacer de conocimiento público en este contexto inhóspito para poder generar presión dentro y fuera del país?


R. Cuando uno está en crisis surgen las ideas más innovadoras. Lo importante de este proceso es no cerrarnos en que hay que poner todos los huevos en una misma canasta, es decir que no solo hay que enfocarse en una sola cosa como en las sanciones o al trabajo internacional.


Lo más importante es seguir trabajando en la organización y consolidación de una plataforma de concertación donde realmente los espacios de oposición puedan generar confianza a la ciudadanía, de que hay una estructura organizada donde se puedan identificar, donde puedan identificar sus necesidades y demandas, y en la que puedan confiar, donde no se cometan los mismos errores. En caso de un posible levantamiento siempre es importante estar organizados.


En la defensa de los derechos humanos hay que utilizar todas las herramientas que tenemos en materia de justicia, en materia de denuncia, todo eso es importante.


P. Y el ciudadano en su cotidianidad, ¿qué puede hacer?


R. Es importante seguir organizándonos de manera local. Si es muy riesgoso podemos hacerlo con la familia, con amistades cercanas, pero siempre mantener un círculo en el que podamos organizarnos y que las acciones sean un poco más coordinadas. Han surgido campañas en las que la gente vuelve a las calles a pegar panfletos exigiendo la liberación de los presos políticos. Parecieran acciones minúsculas, pero para lograr hacer eso se requiere de un nivel de coordinación, seguridad y planificación previa, más allá de solo ver un papel pegado.


Por otra parte, es muy importante mantener activos los canales de información. La dictadura ha lanzado una campaña de desinformación gigante tratando de hacer creer que las cosas están de una manera diferente y el nicaragüense que está en el territorio sabe cuál es la realidad. Es muy riesgoso compartir en las redes sociales lo que está pasando, por lo menos discutirlo con un vecino o alguien de confianza, ir creando una conciencia de lo que está pasando es importante y no dejar que la falsa narrativa nos absorba y nos haga creer que las cosas están funcionando a su manera.


Acciones que se pueden hacer y que no son de alto riesgo es mantenerse informado, acercarse a los espacios organizados de confianza o crear los propios espacios organizados, porque tal vez este contexto es bastante particular pero hay espacios que se pueden abrir de un momento a otro y tenemos que estar preparados para lo que pueda llegar a suceder en cualquier momento, sobre todo con las acciones de incidencia que se están haciendo para que esos espacios se abran. Hay que estar preparados para cualquier escenario que nos de paso a una transición democrática y salida de la dictadura.


P. ¿Cuáles podrían ser estos escenarios?


R. Es difícil hacer este planteamiento porque es bastante subjetivo. Un escenario podría ser un nuevo levantamiento cívico que tenga que ver con la carencia y las necesidades sociales y algunos de los problemas que hemos visto como el cierre de las universidades y las confiscaciones, podrían generar una respuesta por parte de la ciudadanía. Puede pasar o no pasar.


Otro escenario podría ser otro intento de negociación. Hay gente que está a favor y otros en contra, pero es definitivamente un escenario, según como se vaya viendo la dictadura, si se ve debilitada o en la necesidad de negociación ellos podrían buscar un acercamiento con la oposición. No lo sé.


Otro escenario podría ser un golpe de Estado. Sabemos que el Ejército ha sido clave para mantener a la dictadura en el poder, pero también sabemos que han sido víctimas de la represión. Les han quitado pasaporte, los tienen secuestrados en el país. En Nicaragua no hay nadie que se escape el modelo de represión y control de la dictadura, entonces dentro de sus estructuras podrían nuevamente revelarse. Hay gente que cree en una guerra, pero yo no lo veo posible.


P. Una vez caiga la dictadura sandinista, ¿qué hay que hacer para instaurar y cuidar la democracia?


R. Es importante tener claridad en lo que queremos y de los candados que tenemos que poner en las instituciones democráticas para garantizar que la democracia se respete. Por ejemplo, en temas de transparencia uno de los puntos propone Construimos particularmente en su programa, es que en medio de los períodos se revise si un funcionario público está cumpliendo con sus funciones o sino que exista un proceso de destitución.


Eso podría ayudar a garantizar que los funcionarios hagan su trabajo y ser destituidos si no lo hacen correctamente. Es una idea. Hay que ir impulsando la creación de mecanismos de anticorrupción con apoyo internacional para crear instituciones que puedan fiscalizar y monitorear lo que se hace.


Hay que visualizar lo que queremos para empezar a hacerlo, para que cuando salgamos de la dictadura no nos agarren con las manos en el aire sin saber qué hacer. Hay que ver las experiencias de los países vecinos, creando esa cultura democrática desde nuestros espacios ahorita, porque si no lo podemos hacer en nuestros espacios organizativos si ni siquiera estar en el poder, me imagino que estando en el poder puede ser peor. Lo que hagamos ahorita va a ser ejemplo o reflejo de lo que podamos llegar a hacer en postdictadura.


P. ¿Cuál podría ser el futuro del sandinismo?


R. Es complicado porque hay una parte de la población que cree en el sandinismo. También hemos visto que el apoyo popular se ha reducido a su mínimo en los últimos años y eso es algo que demuestra el rechazo a lo que está sucediendo. Por otra parte, yo creo que los ciudadanos que no son culpables de agresiones a la ciudadanía, que no son culpables de crímenes de lesa humanidad, van a tener que pasar por un proceso de reinserción social.


Hay mucha gente que trabaja para instituciones gubernamentales que no necesariamente está ahí porque creen en el partido sino porque necesitan el trabajo, o porque consideran que lo que hacen es importante de alguna manera. No se puede lapidar a una parte de la población por eso. Es importante aplicar procesos de justicia universal y transicional para definir a las personas que causaron daños, que cometieron crímenes, que deben pasar por la justicia y no es todo mundo.


P. ¿Existe algún proceso de homogeneización por parte de la disidencia sandinista dentro de Monteverde?


R. Eso completamente falso. Eso ni lo he visto y no creo que sea verdad. Creo que esos son ataques que vienen de personas que quizás no comparten lo que se está haciendo en Monteverde. Existe mucho perjuicio a quienes en algún momento fueron del Frente Sandinista, pero juzgar de esa forma es bastante complicado porque en los años de la revolución casi todo el país apoyaba al Frente porque también querían salir de una dictadura, que quizá fueron cambiando sus perspectivas.


En Monteverde yo puedo asegurar que hay una diversidad bastante pareja, hicimos el conteo y el 50 % está más inclinado a la derecha y el otro 50 % está más inclinado a la izquierda. También es importante diferenciar que las inclinaciones ideológicas no necesariamente implican que seas sandinista, hay mucha gente que nunca ha pertenecido al sandinismo y que tiene más inclinaciones a la izquierda por temas sociales o reivindicaciones de derechos.


P. ¿Personalmente tienes alguna inclinación ideológica?


R. Yo me identificaría más progresista, pero tengo un problema con las ideologías porque vengo del campo de las ciencias políticas y me parece que las ideologías son bastante cerradas y si no cumplís, o si no crees en algunas cosas no sos 100 % de esa ideología. Hay cosas que son rescatables de los diferentes puntos de vista, desde los derechos humanos, de las políticas que generan avances y desarrollo en el país y no necesariamente vayan de la mano con una ideología, pero yo me considero progresista, definitivamente.


P. ¿Crees realmente qué la dictadura va a caer?


R. Sigamos resistiendo, todavía hay mucho por hacer, todavía hay gente organizada que sigue en la lucha y vamos a tener algo que hacer por nuestro país. No hay que darnos por vencidos. Solo el hecho de que existen organizaciones y plataformas tan grandes demuestra el ánimo por salir de la dictadura y construir la democracia, y el ánimo por cambiar todas esas cosas que nos han venido dañando. Lo vamos a lograr si tenemos mucha convicción, mucha paciencia y lo vamos a lograr en algún momento y por eso sigo trabajando y tratando de aportar por ello.


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