En la coherencia democrática e ideológica de Nasry Asfura no alcanza el rechazo al régimen sandinista de Ortega y Murillo
- Jairo Videa

- Dec 29, 2025
- 6 min read
La figura de "Tito" emerge como la de un dirigente conservador con aspiraciones democráticas, pero con una coherencia ideológica que aún no ha confrontado de manera clara uno de los principales desafíos democráticos y sociales en Centroamérica: el régimen de Ortega y Murillo en Nicaragua. La expectativa de amplios sectores opositores es que Honduras, bajo su mandato, adopte una postura más explícita que vaya más allá de la diplomacia de vecindad y se comprometa con valores democráticos universales en foros multilaterales como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ojalá Donald Trump tome nota de la postura de su nuevo "favorito".
Por Jairo Videa | @JairoVidea
Tegucigalpa, Honduras

En un contexto regional marcado por la erosión democrática y las alianzas pragmáticas, el recién declarado presidente electo de Honduras, Nasry "Tito" Asfura, ha generado interrogantes sobre su compromiso ideológico e institucional con los valores democráticos. Aunque el ya casi mandatario del Partido Nacional (PNH) ha expresado críticas a regímenes autoritarios como el de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, su disposición a mantener relaciones cordiales con Managua —confirmada en una reciente entrevista— pone en tela de juicio la profundidad de ese rechazo. A esto se suman las persistentes acusaciones de corrupción y los vínculos históricos de su formación política con prácticas autoritarias y el narcotráfico, que sugieren que su congruencia democrática podría ser más retórica que sustantiva.
Asfura, empresario de la construcción y exalcalde de Tegucigalpa, fue proclamado ganador de las elecciones generales del domingo 30 de noviembre de 2025 tras un controvertido recuento de votos que duró 24 días y que incluyó denuncias de fraude por parte de la oposición y el oficialista Partido Libertad y Refundación (LIBRE), aliado del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Con el 40,26 % de los sufragios, su victoria representa el retorno al poder del conservador Partido Nacional, que gobernó Honduras entre 2010 y 2022 bajo la presidencia de Juan Orlando Hernández (JOH), condenado en Estados Unidos por narcotráfico y lavado de activos, ahora libre gracias a un perdón estatal otorgado por Donald Trump. Este bagaje partidario, unido a las sombras personales de Asfura, complica su narrativa como defensor de la democracia.
Críticas al sandinismo: palabras vs. acciones
Durante la campaña, Asfura no escatimó en condenas a los regímenes de izquierda en la región. En octubre, en un acto público, criticó abiertamente la "falta de democracia" en Venezuela, Cuba y Nicaragua, posicionándose como un baluarte contra el autoritarismo. Sin embargo, apenas declarado presidente electo el miércoles 24 de diciembre de 2025 por el Consejo Nacional Electoral (CNE), su tono cambió. En una entrevista exclusiva con CNN, Asfura reveló haber sostenido una conversación con Ortega y Murillo, enfocada en "la paz y la tranquilidad en la región". Además, calificó como "agradable" la carta de felicitación enviada por la pareja nicaragüense, en la que invocaban la integración centroamericana y citaban al héroe independentista Francisco Morazán.
Esta apertura ha generado duras críticas desde la oposición nicaragüense en el exilio. La Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) felicitó a Asfura por su victoria, pero le instó explícitamente a no reconocer al "régimen dictatorial" de Ortega y Murillo, y a proteger a los miles de exiliados nicaragüenses en Honduras. Sectores opositores, como los representados en plataformas como Nicaragua Investiga, han calificado su tono "cordial" con los líderes sandinistas como una "traición a los principios democráticos", especialmente en un momento en que Nicaragua enfrenta sanciones internacionales por violaciones a los derechos humanos.
Analistas regionales, como los del Centro de Estudios para la Democracia (CESPAD), ven en esta dualidad un patrón de pragmatismo por encima de la ideología. "Asfura critica el autoritarismo en campaña, pero prioriza la estabilidad fronteriza y económica una vez en el poder", señala un informe reciente del think tank hondureño, que vincula esta actitud a la necesidad de estabilizar relaciones con vecinos para atraer inversión. De hecho, Honduras y Nicaragua comparten desafíos comunes como la migración y el crimen organizado, lo que podría explicar la "disposición al diálogo", pero no disipa las dudas sobre su compromiso con la defensa de la democracia y las libertades humanas y constitucionales más allá de la retórica.
Sombras internas: corrupción y autoritarismo en el Partido Nacional
La coherencia ideológica de Asfura se ve aún más cuestionada por su propio historial. En 2021, su nombre apareció en los Pandora Papers, una investigación global del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) que reveló cómo él y su antecesor en la alcaldía de Tegucigalpa, Ricardo Álvarez, utilizaron empresas offshore en Panamá para manejar activos mientras ocupaban cargos públicos. Aunque Asfura nunca fue imputado formalmente, el escándalo lo persiguió durante su campaña, alimentando acusaciones de evasión fiscal y opacidad.
A esto se añade su relación con Juan Orlando, figura emblemática del Partido Nacional. Aunque Asfura ha intentado distanciarse —en la misma entrevista con CNN afirmó que "no me toca a mí juzgarlo" respecto a la condena de Hernández por narcotráfico—, críticos como el medio hondureño Criterio.hn lo ven como una continuidad del régimen anterior, marcado por corrupción sistémica y represión post-golpe de Estado de 2009. El Partido Nacional, bajo el exmandatario Hernández, fue acusado de erosionar instituciones democráticas, incluyendo manipulaciones electorales y alianzas con el crimen organizado, lo que llevó a Honduras a ser calificado como un "narcoestado" por fiscales estadounidenses.
La derrota de LIBRE —gobernante desde 2022 bajo Xiomara Castro— en estas elecciones ha sido atribuida precisamente a su propio autoritarismo y corrupción, según analistas y periodistas consultados por COYUNTURA. Sin embargo, el triunfo de Asfura no representa un viraje hacia la transparencia: opositores como Salvador Nasralla, quien impugnó los resultados y pidió apoyo a Donald Trump para un recuento total, denuncian un "fraude monumental" orquestado por un grupo conservador.
El factor Trump y las implicaciones regionales
El respaldo explícito del presidente republicano Donald Trump a Asfura durante la campaña —calificando a sus rivales como "comunistas"— añade otra capa de complejidad ideológica. Trump, cuya administración endureció sanciones contra Nicaragua y Venezuela este 2025, vio en Asfura un aliado para "salvar la democracia" en Honduras. No obstante, este apoyo ha sido interpretado por críticos como una injerencia externa que prioriza intereses geopolíticos sobre la integridad democrática local.
En redes sociales como X (antes Twitter), el debate se intensifica: publicaciones recientes destacan la decepción por la cercanía de Asfura con Ortega, mientras otros lo defienden como un pragmático necesario para la estabilidad. Entes internacionales, como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE), han reconocido su victoria, pero con llamados a investigar las irregularidades, con la cautela siempre de frente.
En última instancia, el rechazo de Asfura al régimen sandinista durante la campaña del presente año parece insuficiente para consolidar una coherencia democrática sólida. Su disposición al diálogo con Managua, combinada con un pasado empañado por corrupción y un partido con herencia autoritaria, sugiere que Honduras podría enfrentar un nuevo ciclo de gobernanza pragmática, pero no necesariamente transformadora. Como apuntó un opositor en redes: "¿gritos de democracia y libertad? Lo dice Asfura, cómplice del narcoestado". El tiempo dirá si su presidencia prioriza los ideales o las conveniencias.
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