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Entre desafíos y contradicciones se mueve el Gobierno de Xiomara Castro en Honduras

La presidenta Xiomara Castro prometió un cambio en Honduras, pero su gobierno parece atrapado en las mismas prácticas populistas de gobiernos anteriores. En lugar de implementar políticas públicas, se enfoca en mantener el poder partidario y provoca confrontaciones. Los funcionarios jóvenes enfrentan obstáculos en un sistema anticuado, y la falta de diálogo y consenso perjudica al país. Para lograr un cambio real, la presidenta debe tomar el control y alejarse de terceros que perjudican su imagen y la de Honduras. La polarización y la falta de consenso solo afectan a la población hondureña.


Por Edgardo Mancía | @EdgarMancia16

Tegucigalpa, Honduras
Ilustración de Coyuntura
Ilustración de Coyuntura

Durante la campaña electoral de 2021, la presidenta Xiomara Castro pronunció discursos cargados de promesas destinadas a resolver muchos de los problemas sociales de Honduras. Sin embargo, la realidad al asumir la administración es diferente en el país. El Gobierno llegó con la intención de cambiarlo todo y avanzar hacia la "Refundación", pero, si realmente buscamos un cambio genuino, ¿por qué siguen haciendo lo mismo que los gobiernos anteriores? Es importante señalar que una parte de la administración del nuevo gobierno ya había estado en el poder. Debemos recordar que el Partido Libertad y Refundación (Libre) se originó a partir del Partido Liberal, durante la ruptura ocurrida durante el Golpe de Estado. Un porcentaje significativo de los funcionarios y asesores del gobierno actual formó parte del gobierno "Poder Ciudadano" (2006-2009), y continúan siguiendo la misma política populista que ha predominado en los gobiernos recientes.


La actual administración no está impulsando algo nuevo y parece desinteresada en implementar políticas públicas para el desarrollo de la sociedad. En lugar de ello, se centra en contratar activistas políticos de su propio partido en las instituciones del Estado para mantener su fuerza partidaria y recompensar favores políticos. Tenemos una administración que se encuentra en conflicto con la Sociedad Civil y la Empresa Privada, y es importante destacar que muchos miembros del Gobierno actual formaban parte de la Sociedad Civil en años anteriores, donde desempeñaban un papel a favor de los Derechos Humanos y denunciaban al Gobierno nacionalista. Sin embargo, ahora han cambiado de posición y atacan a cualquiera que tenga una opinión contraria al Gobierno de Castro.


En lugar de aprovechar su posición para forjar alianzas efectivas con diversos sectores de la sociedad y abordar a fondo los diversos factores de la problemática social, la administración actual está provocando confrontaciones y desencuentros entre todos los actores. La falta de diálogo, tolerancia y las acusaciones mutuas solo alejan aún más la posibilidad de ofrecer una respuesta efectiva a la población hondureña.


Un ejemplo de esto fue lo que ocurrió en 2020 durante la pandemia de Covid-19. El Gobierno de Juan Orlando Hernández mostró arrogancia al negarse inicialmente a colaborar con los sectores de la salud para planificar adecuadamente la respuesta al virus. Las consecuencias fueron evidentes, incluyendo un alto número de muertes por la pandemia y el escándalo de corrupción conocido como los Hospitales Móviles, que quedará como un triste testimonio de la corrupción en Honduras. La soberbia del "yo sé cómo hacerlo y lo haré a mi manera" parece ser una característica común entre nuestros políticos hondureños, sin importar a qué partido político pertenezcan.


Además, observamos a algunos funcionarios que se enzarzan en disputas en las redes sociales con aquellos que critican al oficialismo. En mi opinión, esto solo daña la imagen del Gobierno actual. Por otro lado, debemos reconocer que el Gobierno actual ha brindado oportunidades a funcionarios jóvenes que aspiran a lograr un cambio.


Sin embargo, tendrán una tarea difícil para distanciarse de las prácticas anticuadas y las presiones de los sectores políticos. Aunque un ministro de gobierno tenga la mejor voluntad para implementar cambios, el sistema en Honduras no siempre lo permite. Los ministros nunca han tenido suficiente poder en el país y dependen en gran medida de otros factores para lograr cambios significativos.


Los cambios en el país bajo esta administración no serán evidentes en un futuro cercano. Mientras el país siga siendo gobernado por "varias cabezas en lugar de una", la presidenta debe separarse de la pequeña junta directiva que opera en Casa Presidencial y tomar el control por completo. No es aceptable que la presencia de terceros cercanos a la presidenta esté perjudicando su imagen y al país de esta manera.


Un camino lleno de desafíos


La presidenta Xiomara Castro puede tener toda la voluntad del mundo para cambiar la situación de Honduras, como lo demostró cuando fue primera dama durante el gobierno de Manuel Zelaya.


Sin embargo, estas buenas intenciones difícilmente se materializarán debido a los políticos que la rodean y que tienen otros intereses.


La falta de diálogo y consenso en el Congreso Nacional, especialmente con los sectores sociales, parece lejos de convertirse en una realidad. Ahora tenemos a los colectivos de Libre enfrentándose violentamente con pequeños grupos de opositores. ¿No se dan cuenta de que están combatiendo contra su propio pueblo? La presidenta debe hacer un llamado a todos los sectores para evitar este tipo de violencia.


En última instancia, la polarización entre los sectores políticos termina afectando a la población hondureña. Por ejemplo, en el actual Congreso Nacional, la falta de consenso ha llevado a un enfrentamiento similar al que tuvo Libre como oposición durante el primer gobierno de Juan Orlando Hernández. En ese entonces, el presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, logró establecer un mejor diálogo dentro de ese poder del Estado.


No obstante, en la actualidad, el "presidente" del Congreso Nacional, que fue elegido de manera controvertida, no ha logrado llegar a acuerdos con las diferentes bancadas. Su fracaso es tal que su propio partido, por el cual fue elegido, le ha dado la espalda. Luis Redondo, a quien recordábamos como uno de los diputados opositores que alzaban su voz contra la corrupción y la arbitrariedad en el poder Legislativo, ha cambiado su postura por el afán de obtener poder.


Es importante recordar a Luis Redondo que estos cargos son temporales. Volviendo a la falta de consenso, presenciamos la elección de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), que resultó ser compleja y se prolongó debido a la falta de acuerdos entre los partidos. Tenemos justo ahora la elección del nuevo fiscal general y el fiscal adjunto, lo que está siendo otro desafío para la nueva administración en su intento por lograr un diálogo con la oposición. Esperamos que nuestros políticos demuestren madurez política en esta elección y eviten crear otro espectáculo al que lamentablemente nos han acostumbrado.


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