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Irlanda Jerez: "Necesitamos interlocutores creíbles, avalados, que escuchen y que no teman ser escrutados"

Irlanda Jerez, activista y líder del "Movimiento Unidos Invencibles", en un relato marcado de valentía y resistencia, comparte su experiencia de tres años en las complejidades del exilio, tras ser excarcelada, desnacionalizada y expropiada por el régimen de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. A pesar de la dificultad de adaptarse a una nueva vida, Irlanda persiste en la lucha por la libertad y la democratización de Nicaragua, motivada por sus convicciones y antecedentes familiares. En marzo de este año presentó una iniciativa que busca unificar a la oposición por medio de una consulta popular en la que la ciudadanía elija a sus representantes y voceros, y de esa manera dar pasos fundamentales hacia la democracia.


Por Juan Daniel Treminio | @DaniTreminio

Los Ángeles, California
Fotografía cortesía
Fotografía cortesía


Ella no necesita decir de dónde es, porque su energía y su espíritu costeño la delata. Odontóloga de profesión, comerciante por vocación y, ahora, activista de derechos humanos, que desde el exilio lucha con sus uñas, su voz y sus ideas por el retorno de la democracia a Nicaragua. Irlanda Ondina Jerez Barrera (Siuna, 43 años de edad), relata en esta conversación minuciosa con la Redacción de COYUNTURA que nada le ha sido fácil desde que el régimen del sandinista Daniel Ortega la excarceló en el año 2019, dejándola literalmente "solo con el uniforme de presa y un par de deportivos", tras confiscarle todas sus pertenencias y herencias.


Por si fuera poco, en febrero de este año, las autoridades sandinistas la despojaron de su nacionalidad juntos a otros 90 nicaragüenses. "Aún estando en el exilio, para la dictadura seguimos siendo incómodos, por eso nuestra militancia está permanente", dice Jerez. Además, hace una pausa para reflexionar sobre el impacto que tuvo para ella el encuentro entre las dos generaciones desplazadas por el sandinismo. "El 'viejo exilio' tiene heridas que se han reabierto, por la misma persona que ayer y hoy secuestra y tortura", comentó.


Actualmente, Jerez dirige el "Movimiento Unidos Invencibles" y su rol consiste en "juntar" a todas las fuerzas posibles para "acabar" con la dictadura, haciendo democracia. Es por eso que en marzo de este año propuso implementar una consulta popular que le permita a la ciudadanía nicaragüense elegir y legitimar a sus representantes o voceros. "Si no nos validamos con el pueblo, ellos se seguirán preguntando quién nos puso aquí", comentó la lideresa, reconocida por su llamado a la desobediencia civil en el 2018. "Es un compromiso que emana de mi alma, es más grande y más fuerte que mi propia voluntad", dice sobre su "lucha".


Pregunta. ¿Cuánto tiempo en el exilio?


Respuesta. Exactamente tres años y unos meses. Salí de Nicaragua una vez que me excarcelaron en el 2019. En la pandemia me quedé varada en los Estados Unidos de América (EE.UU.), pero antes hice una gira por diferentes países, y desde entonces no pude regresar a mi país.


P. ¿Tenía planes de regresar a Nicaragua?


R. Sí. Tenía planes de volver, como todos nosotros, inclusive en ese momento, en el 2020, tenía una gira por Centroamérica y se cerraron las fronteras. Luego se vino la situación de 2021 y decidimos continuar nuestra militancia y activismo desde el exilio, pero no retornar a Nicaragua bajo esas condiciones.


P. ¿Y cómo resumiría estos últimos tres años?


R. Duros. Muy duros. Difíciles. Es una vida completamente diferente. Fui una empresaria a la cual le quitaron todos sus negocios. Desde el 2018 nos vienen saqueando todas nuestras pertenencias. Después de ser empresaria llegué al exilio sin nada. Yo salí de la cárcel y me quedé con el uniforme de presa y un par de deportivos. Si la parte económica ha sido bastante difícil, no se diga la parte profesional; es extremadamente complicado estabilizarse en un país con otra cultura, con otro lenguaje, sin documentos, a iniciar un proceso migratorio largo. Nos tuvimos que quedar y pasar toda la pandemia aquí.


Por otra parte dedicada a la lucha por la libertad de Nicaragua, por la democratización de los espacios, tratando siempre de incidir en los espacios donde nos invitan, foros, redes, en cualquier lugar del mundo donde se pueda denunciar lo que se vive en el país.


P. Ha sido perseguida, encarcelada, excarcelada, expropiada y recientemente desterrada. ¿Por qué sigue en esta lucha? ¿Qué le inspira o qué te compromete?


R. Creo profundamente en las libertades y los derechos. Me motiva enormemente el espíritu con el que nací, siendo libre. Aunque nací bajo una dictadura, la primera dictadura sandinista de Daniel Ortega, mi padre fue perseguido y confiscado. Fue un preso político en esa década.


Nací en un lugar cristiano católico, mi madre me enseñó amar a Dios y mi padre me enseñó amar a la patria. Es por eso que para mí la libertad no tiene precio. Es un compromiso con el que nací, que emana de mi alma, es más grande y más fuerte que mi propia voluntad. Me impulsa día a día a continuar y poner una gotita de agua en este enorme infierno que estamos viviendo, sobretodo los que están dentro de nuestra patria.


"Es un compromiso con el que nací, que emana de mi alma, es más grande y más fuerte que mi propia voluntad"


P. ¿Qué rol ha asumido en este proceso de democratización?


R. El rol que la ciudadanía y la vida me ha otorgado. Yo simplemente salí a las calles a protestar al ver la brutal represión contra los estudiantes, consciente de que era una dictadura que no empezó en el 2018. En ese mismo momento, en abril de 2018, hice un chat (grupo digital) con las personas que conocía de la micro, pequeña y mediana empresa y le puse por nombre "Derechos Nicas", y fue para convocar a este sector a sumarse a la desobediencia civil.


Fue en cuestión de horas que escribí un plan, a media noche, desde mi casa. Fui a una imprenta y lo difundí en papeletas, con todos los comerciantes que conocía. Mucha gente me conocía en los mercados y en todo el país por el trabajo que tenía. Hubo mucha apertura del sector.


P. ¿Y cuáles fueron los resultados o las consecuencias del llamado a la desobediencia civil?


R. Soy una persona que impulsa la desobediencia civil en Nicaragua. No había protesta en la que no estuviese dedicada en cuerpo y alma, con mis propios recursos a la disposición de esta causa. Intentamos llegar a la gente a través de audios, con mensajes escritos, explicando lo que estaba sucediendo, y qué era lo que nosotros podíamos aportar desde nuestro espacio. En ese momento el grupo me nombró como vocera para representarlos y eso me puso en el foco de la dictadura. Inmediatamente desataron persecusión al punto en el que estoy el día de hoy.


El 18 de julio de 2018 estuve en una conferencia de prensa y saliendo de esta conferencia, antes de llegar a una de las rotondas de Managua fui interceptada por paramilitares, policía, gente civil encapuchada, con armas de guerra. Me secuestraron y me trasladaron a la Dirección de Auxilio Judicial, El Chipote, y luego a La Esperanza. Cumplí 329 días en la cárcel cuando fui liberada en el grupo de los 56 presos políticos bajo la supuesta Ley de Amnistía que decretó Ortega, en el 2019, para podernos liberar.


P. ¿Y actualmente pertenece a alguna organización política?


R. Dentro de ese grupo que nombramos inicialmente, habíamos abogados, comerciantes, micro y medianos empresarios, gente de todas las edades y de diferentes lugares. Decidimos conformarnos como institución y le llamamos "Movimiento Unidos Invencibles".


P. ¿Por qué lo nombraron así?


R. Porque realmente creemos que la unión hace la fuerza y solo unidos podemos derrotar a la dictadura. Hemos seguido dentro de este movimiento hasta el día de hoy y lo que buscamos definitivamente es aglutinar a la población en esta lucha que hemos emprendido, basado en la desobediencia civil y la lucha no violenta.


Retar, enfrentar y desobedecer a la dictadura no es fácil. Sobre todo en los últimos escenarios que nos han pintado, una Nicaragua de terror, roja y negra completamente.


P. ¿El movimiento está en el exilio?


R. Seguimos existiendo con la gran cualidad de que la mayoría de nuestros miembros permanecen dentro de Nicaragua. Muchos estamos en el exilio. Yo soy la persona más visible de este movimiento y en ese sentido tratamos de hacer siempre enlaces con todos los grupos y personas, con las que tenemos comunicación permanente, casi diaria.


P. Eres de las pocas mujeres del país que camina y lucha a la par de sus hijas. ¿Qué significado tiene eso para ustedes, o más bien, qué rol tiene la familia en este contexto de lucha cívica?


R. Soy una mujer que nació en una familia con un alto compromiso con la patria. Tuve un padre que me educó y me formó con principios y valores patrióticos. Me hizo una soldado permanente de Nicaragua y una mujer que ama profundamente la libertad, desde que tengo uso de razón. De acuerdo a mi edad he hecho diferentes acciones para protestar sobre las injusticias en las comunidades de la Costa Caribe, donde fui nacida y criada, en las profundidades de Siuna, del Triángulo Minero.


Siempre comparto con mi familia y amigos mi posición y le transmito a mis dos hijas un poco de lo que nuestro padre nos enseñó, el amor a Dios, el amor a la patria, luchar y defender lo que nadie te puede arrebatar, que es la vida, la libertad y los derechos.


Mis hijas se han ido involucrando desde chiquitas y han estado acompañándome en el camino. Ahora que están grandes lo han decidido por sí mismas; luchan a la par del pueblo, desde sus espacios y desde su juventud, por supuesto.


"Le transmito a mis dos hijas un poco de lo que nuestro padre nos enseñó, el amor a Dios, el amor a la Patria, luchar y defender lo que nadie te puede arrebatar, la vida"


P. ¿Prefieres ver el vaso medio lleno o medio vacío?


R. (Se ríe). Me encanta esa pregunta porque yo prefiero ver el vaso siempre medio lleno. Mientras tengamos vida, hay esperanza y la fe es lo último que se puede perder. Estamos con vida, nadie es eterno, pero dependerá de nosotros cuánto compromiso, disciplina, organización, planificación o cuántas acciones logremos articular en conjunto para que esta dictadura termine lo más pronto posible.


Depende de nosotros en el exilio y del pueblo que está adentro que dejemos caer esa gotita de agua en ese incendio infernal.


P. ¿Qué representó este año 2023 en la lucha por la democratización de Nicaragua?


R. Nos dejó un obispo encarcelado, se desató la persecución contra la Iglesia Católica, sacerdotes presos y desterrados. Ha sido un año con muchos sentimientos, como el mes de febrero cuando las 222 personas presas políticas fueron sacadas de prisión para mandarlas al destierro. Como una mujer que vivió la cárcel me sentí feliz. Fui a Washington D.C. a recibirlos y constatar que podían respirar aires de libertad, con un gran reto por delante, pero no hay como estar en libertad.


A los dos días a otro grupo nos declararon "apátridas". Fue otro golpe.


Sin embargo, hemos entendido que aún estando en el exilio para la dictadura seguimos siendo incómodos. Nuestra voz, nuestra presencia, nuestra militancia sigue activa y permanente a favor de la libertad, la democracia y la justicia, así nos hayan borrado de los registros, de nuestras notas escolares, cotizaciones, así nos hayan robado todo.


Se estarán preguntando qué más nos pueden hacer para callarnos. Hagan lo que hagan, habemos personas profundamente comprometidas en continuar para visibilizar las circunstancias de nuestro país.


P. A inicios de este año dio a conocer un plan de unificación para la oposición. ¿En qué consistía?


R. Fue una propuesta política a la oposición, al pueblo nicaragüense y a la comunidad internacional: prepararnos para una consulta popular para que el pueblo conozca los planes de acción que planteamos, las posibles rutas o estrategias que diferentes grupos estamos trabajando para que la ciudadanía las conozca y que sea el pueblo consultado, a través de una votación, quien elija al representante, el vocero, o los voceros de la oposición.


No es para para ir a una elección presidencial, pero sí para tener interlocutores que el pueblo sepa, los conozca y los elija. Si no nos validamos con el pueblo, ellos se seguirán preguntando quién nos puso aquí. No se sentirán representados. En medio del cansancio y el agotamiento social la sociedad tiene que lidiar con quién los representa.


P. ¿Cómo fue tomada la propuesta?


R. La presentamos en marzo y tuvo un gran apoyo de los medios de comunicación. Hubo gente emocionada, la gente participó en el debate. Sin embargo, tengo que decir que las personas y grupos más prominentes no han mostrado un compromiso concreto para hacerla realidad. Yo creo que es posible y necesario. Si queremos un país en democracia tenemos que dar el ejemplo.


Será un ejercicio democrático en el que se involucraría directamente al pueblo. Hacerlo dentro de Nicaragua es imposible, pero estamos hablando de un nuevo exilio, con más de 700 mil personas que representa el 10 % de la población, más el viejo exilio. Es grande la cantidad de población que está afuera, pero es fácil ubicarlo porque el 90 % están en EE.UU., Costa Rica y España. Solo se necesita voluntad.


Sería similar a las recientes elecciones primarias de Venezuela, en cuanto al proceso de elección, pero no para el mismo fin. Nosotros no estamos en esa fase, pero tenemos que construir todas las fases. Necesitamos interlocutores creíbles, avalados, que tengan voz, que se acerquen a la gente, que escuchen y que no teman ser escrutados.


P. ¿Qué impide a estas alturas la unidad de las fuerzas opositoras frente a la dictadura sandinista?


R. Cada grupo y cada persona cree tener el plan perfecto para liberar a Nicaragua. Quizás todos los planes son perfectos, pero no puede prevalecer ninguno por encima de otro. Nuestro plan consiste en una estrategia múltiple en la que todas esas propuestas que cada quien tiene se conviertan en una sola, para no deslegitimar ninguna acción por muy pequeña parezca.


Es necesario que cada acción tenga su comité de beligerancia, de seguimiento. Las propuestas no solo hay que decirlas, sino hacerlas. Nos hace falta articularnos como personas comprometidas con la lucha. Quizás no hemos sido lo suficientemente maduros, pero sí estamos comprometidos y ese compromiso nos tiene que llevar al terreno.


P. Fuiste testigo y parte del choque entre el nuevo y el viejo exilio ¿qué te ha significado este encuentro?


R. Es difícil. El exilio en cualquier parte del mundo es doloroso. Yo tengo familiares que habían salido en el primer exilio y se vinieron a vivir a Estados Unidos. Sin embargo, por la reciente persecución otra parte tuvo que venirse y tuvimos que convivir con los que ya estaban aquí.


"El viejo exilio reclama muchísimo y con justa razón. Tienen heridas que se han reabierto"


A pesar de que todos somos nicaragüenses y de que estamos aquí por la misma razón, es complicado porque hay mucho sentimiento de frustración y de dolor en ese viejo exilio herido. Tienen heridas que se han reabierto y no están sanadas, puesto que el mismo que hoy secuestra, tortura, asalta, encarcela, confisca y destierra es el mismo que lo hizo en los años 80's a todos sus familiares, cercanos, amigos.


Muchas madres se vinieron con sus hijas al hombro, miles de familias fueron separadas y actualmente se repite la historia. Se han reabierto las heridas con mayor profundidad, con más dolor y eso hace que nuestra sociedad esté en agonía crónica. Será muy difícil sanar estas heridas. El viejo exilio reclama muchísimo y con justa razón. Solo esperamos no ser un viejo exilio.


P. ¿Qué representa el sandinismo para tu vida?


R. Las heridas de la historia. Lo que ha dejado el sandinismo y el régimen Ortega-Murillo en más de 44 años es brutal, es grande, es salvaje, es doloroso, es de terror. No ha habido en Nicaragua ningún tirano de la talla tan criminal, déspota y genocida como Daniel Ortega, aliado con su pareja Rosario Murillo.


P. ¿Qué valores impulsarías el próximo año para que las circunstancias mejoren?


R. Agradecimiento, disciplina y humildad para podernos entender. Tolerancia y respeto para que podamos articular las estrategias que necesitamos para enfrentar a la dictadura.


Me gustaría ver al Movimiento Unidos e Invencibles, uniendo para ser invencibles y derrocar a los tiranos, recuperar nuestra patria y que todos regresemos a reconstruir y construir a nuestro país en libertad, justicia y democracia. Es lo que anhelamos para todos.


P. A estas alturas, ¿qué postura ideológica ha asumido?


R. Mi ideología está basada en la defensa de los derechos humanos, en las libertades. Los dictadores y los corruptos son de derechas y de izquierdas. Lamentablemente todas las dictaduras de América Latina tienen su origen en la izquierda comunista, extrema y radical. Sin embargo, mantendré mi postura en la defensa de los derechos humanos y las libertades.


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