• Diedrich Carrazco

Nicaragua: el escenario cumplido

16 organizaciones se reunieron en el año 2011 para realizar un ejercicio de reflexión que ayudará a proyectar en el mediano plazo y conocer cuáles serían los escenarios en los que tendríamos que bregar para poder enrrumbarnos a la construcción de un sistema democrático pleno. Obviamente, el contexto en el que nos encontrábamos en el 2011 ha cambiado drásticamente hasta llegar al día de hoy, pero es necesario echar la mirada al pasado reciente para ponernos al día y saber en cual escenario estamos, y qué nos podría deparar el futuro próximo por las decisiones presentes que estamos tomando.


La ciudadanía nicaragüense ha vivido 2 años de resistencia cívica - Fotografía de Coyuntura por Jairo Videa

El pasado


ESCENARIO 1: EL IDEAL RETORNO A LA SENDA DEMOCRÁTICA


En el escenario más favorable para Nicaragua el país reiniciaría el proceso de construcción democrática con la llegada de nuevas fuerzas progresistas al Gobierno en las Elecciones del 2011. En éste escenario las fuerzas democráticas logran constituir una coalición de unidad nacional amplia y escogen a un candidato creíble, con capacidad y de consenso para entrar en la competencia electoral y disputar las elecciones con el régimen.


La competencia electoral se realizaría en condiciones mínimas de transparencia, con un Consejo Supremo Electoral (CSE) creíble y con personas idóneas para el cargo; con amplia observación electoral nacional e internacional y con la comunidad internacional interesada y vigilante del proceso. Los partidos de oposición se organizan para vigilar el proceso desde la base, y las organizaciones de sociedad civil promoverían la organización ciudadana para la vigilancia del proceso y para estimular la asistencia masiva de los ciudadanos a las urnas el día de las votaciones.


Esto supuso que el régimen no realizaría fraude como en el 2008; debido a la presión internacional e interna terminaban aceptando los resultados que serían favorables al candidato de la coalición de unidad. En ese caso el riesgo de violencia política se reduce sensiblemente y se incrementan las posibilidades de retomar el rumbo democrático del proceso político en el país.


Para que este escenario se diera era necesario que las fuerzas democráticas crearán las condiciones para desarrollar consensos que llevarán a la conformación de una coalición amplia de unidad nacional y la escogencia de personas idóneas como candidatos. Que las diferentes fuerzas de sociedad civil y partidos políticos opositores hayan tenido voluntad política para desarrollar este proceso y que los potenciales candidatos depongan sus intereses personales a fin de construir una fórmula con hartas posibilidades de ganar.


También implicaba que los diferentes partidos representados en la Asamblea Nacional cumplieran los compromisos adquiridos con la sociedad civil, en romper el esquema de transacciones con el FSLN y elegir a personas idóneas, íntegras y honestas como magistrados en el CSE. Así también, colaborar en la organización de un sistema de vigilancia electoral con sus militantes y presionar al Gobierno para que acepte la observación nacional e internacional, de tal manera que se asegure la transparencia de las elecciones.


La coalición de unidad nacional debió desarrollar una estrategia con la comunidad internacional, a fin de que ésta se interesase y tomará posiciones claras respecto a las condiciones para la contienda electoral. Además, debía promover una jornada de movilización permanente, aún antes de la campaña electoral, a fin de ejercer presión sobre el Gobierno y la comunidad internacional. Otra acción igualmente importante es que las organizaciones de sociedad civil desarrollen una intensa campaña promoviendo el voto ciudadano y explicando detalladamente los procedimientos de la votación, a fin de que cada ciudadano se convierta en vigilante del ejercicio de sus derechos ciudadanos y prevenir la abstención. Evidentemente, los retos más importantes se encuentran en la construcción de un espacio de confianza entre los actores de la sociedad civil y los partidos políticos.


De producirse este escenario, el país y las fuerzas democráticas habrían ganado una importante batalla en defensa de la democracia. Pero, eso no minimiza los riesgos que se pueden producir con posterioridad. Esto es: la potencial debilidad del nuevo Gobierno y la permanente amenaza de las fuerzas políticas proclives al pacto, que van a hacer todo lo posible por mantener el control sobre las instituciones y obstaculizar cualquier medida que les reste poder. En ese sentido, la realización de este escenario es solamente el comienzo de una nueva jornada para las fuerzas democráticas del país y requiere el acompañamiento de acciones estratégicas para el fortalecimiento de estos actores.


ESCENARIO 2: LA CONTINUIDAD DEL PACTO Y LA ALTERNANCIA DE LOS CAUDILLOS


El segundo escenario posible de aquí el 2011, implica la continuidad del pacto y la alternancia en el Gobierno de los caudillos Ortega-Alemán. Las condiciones de este escenario son las siguientes:


Las organizaciones de sociedad civil y los partidos políticos de oposición logran establecer una coalición amplia para correr en las elecciones del 2011, pero Arnoldo Alemán logra imponerse como candidato, considerando que hay actores como la iglesia y la empresa privada que están dispuestos a apoyarlo, aún a pesar de su corrupción y el su responsabilidad en el pacto con Ortega.


Las condiciones para la competencia electoral no son del todo favorables a las fuerzas democráticas: esto significa que los partidos representados en la Asamblea Nacional eligen a los nuevos magistrados del CSE procurando cuotas de representación -una parte bajo el control del PLC y del FSLN, y otra parte con magistrados provenientes de las listas del ALN y Vamos con Eduardo-, a través de acuerdos entre ellos y con el FSLN. Este CSE admite la observación electoral nacional e internacional con limitaciones, mientras que los partidos de oposición no logran articular un mecanismo nacional de vigilancia de los votos en el terreno, de tal manera que no hay garantías plenas para una competencia transparente.


Los ciudadanos acuden a votar como en otros ejercicios electorales, pero con altos niveles de desconfianza respecto a los resultados de las elecciones y los candidatos. Es probable que en este escenario se incremente el porcentaje de abstención, aunque no lo suficiente como para restarle legitimidad a las elecciones.


Aunque las diferentes encuestas de opinión realizadas en el 2009 afirman que Alemán perdería frente a Ortega si corre como candidato, lo más probable es que en este escenario resulte ganador de las elecciones al recibir los votos de la mayoría de la población, quien lo preferiría antes que aceptar la continuidad del Gobierno de Daniel Ortega. Es probable, también, que este último acepte tales resultados para mantener el pacto político y asegurar la alternancia en el poder.


Otros actores nacionales e internacionales, y la mayoría de los ciudadanos, aceptarían estos resultados bajo la premisa de “entre dos males, el menos peor”. En términos reales esto significaría que las fuerzas democráticas no tuvieron capacidad suficiente para hacer presión y modificar sustancialmente la tendencia autoritaria del país.


ESCENARIO 3: EL RETORNO DE LA VIOLENCIA POLÍTICA


El tercer y menos favorable de los escenarios es aquel donde el país entra de lleno en un contexto de Gobierno autoritario y se incrementa sustantivamente el riesgo de la violencia política. Las características principales de un escenario de esa naturaleza son las siguientes:


Las fuerzas de oposición no logran articular una coalición amplia de unidad nacional y concurren desunidas a las elecciones, fraccionando los votos. En ese caso Daniel Ortega gana las elecciones por la división de los votos opositores.


Otra posibilidad para el arranque de este escenario es que las fuerzas de oposición logran articular la coalición amplia y escoger un candidato democrático que gana los comicios electorales. De ahí que Ortega decide realizar un nuevo fraude electoral similar al del año 2008.


Las condiciones para la competencia electoral serían poco favorables en tanto el CSE permanece bajo el control del FSLN, no permite la observación electoral nacional e internacional, y los partidos de oposición se ven enfrentados a maquinaria electoral del FSLN.


Esta situación estaría acompañada por una fuerte abstención de parte de los ciudadanos quienes habrían perdido la confianza tanto en los candidatos, como en el CSE y en la utilidad del voto ciudadano.


La consecuencia de este escenario es la deslegitimación total de las elecciones como mecanismo de elección de autoridades y resolución pacífica de conflictos, con lo cual se incrementa sustancialmente el riesgo de la violencia política y la represión abierta de parte del Gobierno hacia las fuerzas democráticas, especialmente hacia aquellos sectores que han sido más críticos: organizaciones de sociedad civil, medios de comunicación y movimiento de mujeres.

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