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Desde el anuncio del primer caso de Covid-19 en Nicaragua el pasado 18 de marzo, casi 20 comunidades, principalmente indígenas y afrodescendientes, se declararon en autocuarentena o confinamiento. La incapacidad de las instituciones del Estado y la inexistente voluntad del Gobierno para tomar medidas con el fin de controlar la propagación y los efectos de la pandemia en el país, se suman a las condiciones de exclusión social y desigualdades que ya existían en esta población.

 

Dichas acciones de autoprotección dejan en evidencia, una vez más, la histórica realidad de abandono que las y los indígenas y afrodescendientes de todo el país viven. El Estado, sus instituciones e incluso el sector privado, no solo desamparan a estas comunidades, sino que también son los gestores de la mayoría de sus vulnerabilidades.

Las comunidades indígenas y afrodescendientes del país denuncian sin cesar que no cuentan con voces directas en los espacios políticos y de toma de decisiones, convirtiéndolos en actores nulos ante las acciones que se están tomando, o que se deberían tomar, en el contexto de la pandemia del nuevo coronavirus o ante cualquier otra crisis local o nacional.

"Aún se escuchan los disparos y la gente no ha olvidado a sus muertos, aunque ahora hay nuevas víctimas. Son víctimas del virus y de la dictadura", asegura Mauricio, un joven de 24 años que se autoidentifica como indígena Ocanxiu y que vive en el sufrido barrio de Sutiaba, León. "Al Gobierno le interesa mucho más reprimir a los más vulnerables y callar las voces disidentes. A Sutiaba, y estoy seguro que, a otros barrios y comunidades, nunca ha llegado el MINSA -Ministerio de Salud- o cualquier otra institución a solicitar información o al menos a dar una charla sobre el virus que nos está matando", agregó el joven, a quien se le ha cambiado el nombre para proteger su identidad, debido a la escalada de violencia y asedio en contra de exreos políticos y personas no afines al Gobierno en todo el país.

 

En el contexto de la pandemia, con mucho valor y esfuerzo, varios medios de comunicación independientes del país retrataron cómo las comunidades indígenas y afrodescendientes, principalmente de la Costa Caribe, se enfrentan solas y sin condiciones mínimas al nuevo coronavirus y a otros vejámenes que ponen en riesgo la vida de muchas familias. En el pacífico del país, la historia no es menos dramática o dolorosa.