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Nicaragua es un país en constantes crisis, las cuales han generado cambios significativos a lo largo de la historia, sobre todo en la búsqueda y conquista de los derechos y las libertades para la ciudadanía. Diversos sectores y comunidades, principalmente las más vulnerabilizadas, han sido protagonistas de dichas transformaciones, pero con el paso del tiempo sus luchas individuales son invisibilizadas.

 

Lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y queer, a pesar de ser una comunidad marginada por el Estado y la ciudadanía nicaragüense, es una población diversa y representativa, cuya participación en los espacios políticos va en aumento, haciendo presencia en todo tipo de agrupaciones y movimientos que apuestan a una sociedad más democrática, libre y diversa, en todos los sentidos de la palabra.

 

El nivel de participación de las personas LGBTIQ en los espacios políticos y de toma de decisiones muestra un incremento significativo, pero con ello también se han elevado los vituperios, ataques, discriminación y exclusión en contra de quienes asumen sus propias identidades y sexualidad, lo que pone en riesgo los pocos avances que hasta el día de hoy se han logrado.

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Tras la despenalización de la homosexualidad en el país, en el año 2009, inició un auge en el tema de la participación de la población LGBTIQ y la aceptación propia, pero la sociedad aún se resiste a los cambios, que traen consigo beneficios indudables, principalmente para las comunidades más vulnerabilizadas. Hasta entonces, promover o practicar "de forma escandalosa" la unión entre personas del mismo sexo era considerado un delito que implicaba de uno a tres años de prisión.

 

En la actualidad, ser homosexual ya no está legalmente tipificado como un crimen, sin embargo, sigue siendo estigmatizado como tal entre la sociedad. Es común encontrar en cualquier red social digital mensajes de odio en contra de noticias, opiniones o publicaciones sobre (o de) personas LGBTIQ:

Este tipo de mensajes pasan del mundo digital a la vida real, en las plazas públicas, en medios de comunicación, empresas privadas, universidades y hasta en los partidos políticos. Las personas se prestan a emitir insultos y agredir, justificándose en el uso de la libertad de expresión.

 

Estos ataques, disfrazados de opiniones, sobrepasan los propios límites de las ofensas y evidencian la cultura discriminatoria instaurada en la sociedad nicaragüense, aunque esto no impide ni disminuye el interés del colectivo LGBTIQ por participar en los pocos espacios políticos que muestran algún tipo de apertura. La participación de dichas personas (tanto las que se asumen públicamente y las que no) en los procesos políticos, añaden nuevas perspectivas y valoraciones que aportan al desarrollo social.

 

Un informe elaborado recientemente por la Red de Desarrollo Sostenible (RDS) y compartido de forma exclusiva al equipo de Coyuntura, evidencia un aumento de las personas LGBTIQ que participan activamente en algún espacio político del país. "Con una muestra de 2,089 personas, 291 (26.7%) indicaron que han formado parte de un partido u organización política. Si se comparan estos grupos poblacionales, parece una gran participación. Y estos datos podrían significar una apertura o un cambio cultural", explica José Ignacio López, miembro de RDS (organización que forma parte de la Mesa Nacional LGBTIQ de Nicaragua).

 

El papel de la comunidad LGBTIQ en la lucha por una Nicaragua más justa y respetuosa de los derechos humanos es ineludible. A pesar de ello, la violencia y la exclusión en contra de esta población es fomentada desde muchos espacios y poblaciones, incluyendo las personas que buscan "cambios positivos" para el país.

 

"Vivimos en un país bastante conservador, con tradiciones religiosas; pero la participación ha sido positiva porque la gente de la diversidad sexual está trabajando en la unidad, no solo como organizaciones, sino como personas", asegura Carmen Chamorro, politóloga y activista nicaragüense.

 

Por su parte, Salvador Fonseca, politólogo y docente universitario, refuerza esta idea: "Hay una constante de avances y retrocesos, teniendo en cuenta el contexto sociopolítico nacional. Convivimos en una sociedad en la que cada vez se hace más difícil la organización política, y eso no afecta únicamente al colectivo LGBTIQ, pero en nosotros no solo se trata de obstáculos burocráticos o legales, sino también de obstáculos sociales, prejuicios religiosos y culturales".

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La última manifestación del orgullo gay en Nicaragua fue en 2018 y se realizó bajo asedio policial

Fotografía de Coyuntura por Juan Daniel Treminio

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En la actualidad, muchas luchas y agendas individuales o colectivas son puestas en segundo plano, o incluso olvidadas en su totalidad. Más allá de los ataques y agresiones en contra de la población LGBTIQ, aparentemente existe un ciclo repetitivo en la historia reciente de Nicaragua: rehusarse a los cambios y a la diversidad.

 

"Se ha invisibilizado la agenda (de la población LGBTIQ), así como se han invisibilizado otras agendas (de comunidades vulnerabilizadas); nos han dicho que esos temas no son para este momento, y eso no puede ser así porque no hay agendas de un momento u otro. Estas agendas son de derechos humanos, y los derechos humanos son para ya, no son negociables y no pueden esperar. Son temas que tenemos que comenzar a tocarlos desde ahorita", explica Chamorro, quien participa activamente en la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB).

 

"En Nicaragua estamos a años luz, comparados con otros países, en el nivel de abordar estos temas (sobre la población LGBTIQ); el cambio de identidad, el matrimonio igualitario. Aquí esos temas se abordan para generar controversias; nadie se pone a pensar en las afectaciones cuando se niega el acceso a la salud y hay concepciones tan erróneas con el tema del VIH, por ejemplo", agregó Chamorro.

 

Por su parte, Dámaso Vargas, representante de la Mesa Nacional LGBTIQ de Nicaragua, asegura que "la aceptación social ya existe en Nicaragua debido a que literalmente ya se aceptan relaciones entre personas del mismo sexo, aunque con rasgos homofóbicos profundos; pero el asunto no solo radica en ello, sino en llevar la aceptación social a las políticas públicas, por una sencilla razón: se trata de derechos humanos y no solo de preferencias sexuales".

 

Dámaso, quien se encuentra en el exilio debido a temores fundados, explicó al equipo de Coyuntura que, como comunidad LGBTIQ, "se deben buscar espacios para hablar y exigir nuestros derechos, porque existimos". Así mismo, agregó que, para poder obtener avances en el tema de inclusión, la educación es fundamental: "La educación es clave para poder crear cambios, pero va más allá de enseñar a leer y escribir. Se debe educar para que se deje de negar nuestra existencia".

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Muchas sociedades con avances significativos encuentran en la diversidad una oportunidad clave para el desarrollo; países como Costa Rica, Bélgica, Canadá y Alemania son ejemplos de cómo la diversidad, de ideologías, culturas y personas, representan un valor en la búsqueda de derechos, cambios y oportunidades. Muy al contrario, la sociedad nicaragüense menosprecia esta necesidad y su importancia.

 

En Nicaragua, la palabra diversidad genera miedo debido a que la sociedad tiene dificultades para entender que no todas las personas son iguales. La historia reciente del país refleja que las diferencias son motivos de discriminación, no solo hacia nuevas propuestas, sino también a quienes, según las reglas sociales, no encajan en la normalidad.

 

Chamorro explica que la ausencia del valor de la diversidad se origina en el modelo de enseñanza, y trae consigo discriminación: "El desconocimiento de estos temas (sobre la diversidad de ideas y de personas) nos hace ignorantes, porque en nuestra educación no nos han enseñado nada, ni de género, ni de diversidad; es ahí de donde surge la discriminación, algo de lo que nadie quiere hablar".

 

"Más allá de tener un valor, la diversidad es una obligación para poder tener desarrollo y aprender a respetar e incluir. Por ejemplo: la discriminación está disfrazada de respeto, y La Biblia y la religión son el principal fundamento para atacar y justificar la discriminación. ¿Qué hay de diverso en eso? Quizás en las diversas formas de atacar", explica Vargas.

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Durante la marcha del orgullo gay en 2018, la comunidad exigió el reconocimiento de sus derechos el cese de la represión estatal y la renuncia de Daniel Ortega

Fotografía de Coyuntura por Juan Daniel Treminio

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En el marco de la crisis sociopolítica que vive Nicaragua, la Mesa Nacional LGBTIQ documentó, entre abril de 2018 y enero de 2019, casi 1,000 afectaciones en contra de la población LGBTIQ, entre ellas agresiones físicas, amenazas, asesinato, campañas de desprestigio y exilio.

 

Esta organización trabaja desde el 2010 en el reforzamiento de la agenda de la diversidad sexual, recopilando, a través de procesos y espacios de consultas, las principales prioridades y demandas de esta población. Uno de los hallazgos en común que tienen diversos informes nacionales y regionales, es como la distinción de los roles de mujeres y hombres, y la religión en sí, son base de nuestras sociedades y la justificación perfecta ante la discriminación, una forma de violencia que se mueve de manera silenciosa en todos los espacios del país.

 

La cantidad de personas LGBTIQ que sufren ataques (perpetrados por el Estado, sus instituciones y la ciudadanía en general) muestran un aumento drástico, reflejando mayor vulnerabilidad en contra de esta población. Una de las razones por las cuales existe este incremento, es la mayor visibilidad en la orientación sexual e identidad de género. No solo aumentan las agresiones, sino también el nivel de violencia.

 

En el caso de Nicaragua, es evidente el retraso que existe en materia de derechos humanos para la población LGBTIQ, incluyendo el derecho a la participación política. Dicha población no es una prioridad, ni para los Gobiernos ni para la sociedad. Respecto a este tema, muy pocas organizaciones y movimientos nacionales cuentan con una posición política beligerante en pro de los derechos humanos de la población LGBTIQ, a pesar de la importancia y el nivel de participación que esta tiene.

 

"Este cochón desbaratado dice ser periodista", citaba un perfil en Twitter que meses antes exigía la liberación de Lucia Pineda Ubau, quien se encontraba encarcelada por ejercer su labor periodística. Ese tipo de publicaciones son muestra viva de cómo la discriminación está arraigada en la sociedad nicaragüense. Un alto porcentaje de la ciudadanía a un no es consciente del trabajo que muchas personas LGBTIQ realizan desde diversos espacios: medios de comunicación, partidos políticos, empresas privadas, organizaciones de la sociedad civil y el Estado mismo.

 

Una forma de evidenciar el marginamiento que existe en contra de esta población por parte del Estado nicaragüense, es la nula inversión en pro de las necesidades básicas de esta población, entre ellas la salud, educación, empleo y seguridad. Según los datos publicados en la Ley 1010 del Presupuesto General de la República de 2020, ninguna organización sin fines de lucro recibió una subvención para trabajar en temas relacionados a las personas LGBTIQ, a pesar de que en el país existen varios entidades que durante muchos años han dirigido sus esfuerzos a mejorar la vida de esta población.

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Lenin Obando y Gabriel Espinoza son dos jóvenes nicaragüens