El papel de la juventud en los partidos políticos

A lo largo de la historia política de Nicaragua, la participación de los jóvenes ha sido trascendental para llevar a cabo las transformaciones que ha necesitado el país. Sin embargo, casi siempre ocurre un proceso de resistencia entre las juventudes y los sistemas políticos vigentes y viceversa, por formas distintas de pensar, trabajar, incidir y ejecutar, donde ambas partes argumentan los pros y los contras de sus propuestas. Y así se ha desarrollado la vida política en Nicaragua, y por mucho tiempo se ha limitado a la juventud en la participación de procesos electorales y todo lo que eso conlleva, haciendo a la política partidaria el único camino para ejercer política.


Concejal Suplente de la Alcaldía del municipio de Quezalguaque, León, por parte del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de Nicaragua y líder juvenil de dicho partido.


La participación de los jóvenes en partidos políticos no tiene criterios negativos; ese es el camino para correr en elecciones y alcanzar el poder, y lograr hacer los cambios que requiere el país. Nos guste o no, es lo que está establecido en nuestra Constitución Política y en nuestro marco jurídico.


El problema de la participación de los jóvenes en los partidos políticos ha sido limitar su estancia únicamente para proyectar relevo y no ceder los espacios necesarios para que las juventudes sean actores en la toma de decisiones, y ejecutores de las mismas, con voz y voto; por otro lado, está el error de creer que por ser jóvenes los espacios se merecen, y no es así. Lo correcto es que las organizaciones políticas muestren apertura hacia los jóvenes y que estos muestren sus capacidades, liderazgos y estrategias para ocupar los espacios de manera responsable.


A pesar de que el sistema político partidario ha sido deficiente en esta materia, es válido y meritorio mencionar la experiencia y aportes que han dado los jóvenes como participantes de esos espacios. En la construcción del tendido electoral, siempre ha habido una participación muy amplia de juventudes, aunque un poco menos en las candidaturas a cargos de elección popular y en la organización propia de las entidades políticas, que es nato del problema que ya conocemos.


Democratización de los partidos políticos


No es verdad que los sucesos de abril de 2018 despertaron a la juventud nicaragüense; en dicha fecha se despertaron los apáticos y los que no participaban en política -y no los culpo- porque, antes de eso, ya estaban muchos jóvenes luchando de manera interna en sus organizaciones políticas para ocupar los espacios de toma de decisiones, sin mencionar que otra buena cantidad de jóvenes hacia política desde las organizaciones de la sociedad civil. Los jóvenes antes de abril nos hemos encontrado con dos luchas distintas: por un lado, estaban los constantes abusos del régimen sandinista de Daniel Ortega desde que retorno al poder en 2007; y, los sistemas -algo desfasados- de las instituciones partidarias.


A partir del trágico contexto sociopolítico que padecemos en Nicaragua, los partidos políticos han empezado a entender que tienen que cambiar sus esquemas de trabajo y su práctica política, a fin de poder ser opciones que la ciudadanía nicaragüense tome como viables en la lucha contra el régimen de Ortega. Esto debe tomarse como positivo, porque ha dado apertura y ha ayudado a visibilizar a la gran masa de jóvenes que trabajan en estructuras partidarias; hoy en día podemos ver cómo más jóvenes están en los espacios de toma de decisiones, de dirección y acompañando a las bases territoriales de sus estructuras.


Hay revoluciones internas dentro de las instituciones partidarias y los jóvenes se han organizado para presentar propuestas de incidencia que ahora van más allá de las funciones que tiene un partido político. Se están construyendo enlaces que permitan trabajar las principales demandas de la ciudadanía nicaragüense, de la juventud y el estudiantado, dando una connotación más abierta sobre la realidad del país y como las fuerzas políticas partidarias deben aportar a sumar esfuerzos, para dar respuesta no solo a sus miembros, sino a toda la ciudadanía.


La juventud se está posicionando y es la voz cantante en los cambios de los partidos políticos para mejorar su dinámica interna y que se democraticen con más amplitud, como un proceso obligatorio. Quiénes han promulgado por mucho tiempo un mismo sistema en los partidos, aunque muestran resistencia, se ven doblegados, porque hoy la ciudadanía exige ver caras nuevas y formas novedosas de trabajar para ejercer política.


La exclusión no es el camino


No es bajo la exclusión desde ningún punto de vista que se podrá derrocar al régimen sandinista. A su vez, el contexto sociopolítico ha traído consigo otra realidad y es que, ser joven, no es sinónimo de bueno. Aunque los estudiantes y jóvenes hemos tenido un papel preponderante, todavía prevalece la cultura de la superioridad y la verdad absoluta, que, en política, es un error avizorado; no podemos pretender que, por ser jóvenes, todos aquellos adultos con experiencia, trayectoria y disposición deben apartarse inmediatamente. Eso no es saludable, ni viable. Debe prevalecer la igualdad de condiciones para ejercer la política y mostrar la apertura desde todas las partes involucradas en este proceso.


Por otro lado, no debe de generarse la idea de las etiquetas en las juventudes, con una aparente juventud de un nivel y una juventud de otro. Todos los jóvenes nicaragüenses que son opositores tienen similitudes en los objetivos y planteamientos, y todos tienen la libertad de organizarse en el espacio que estimen conveniente, bajo el marco del respeto al pensamiento, a la crítica y a la disidencia.


Nadie tampoco puede atribuirse la representación de Abril, los únicos y verdaderos representantes de esa insurrección cívica son aquellos hermanos que con su vida pagaron los errores de un sistema político viciado donde el régimen sandinista ha actuado despiadadamente contra la ciudadanía nicaragüense y sobre todo con los jóvenes.

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