Entre balas, extorsiones y rutas vacías. El miedo vuelve a tomar las calles de Honduras
- hace 2 días
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"Ya uno no anda tranquilo en las calles, no hay seguridad, aunque uno no ande en cosas malas, pero la inseguridad es terrible", expresó Lizeth C., usuaria frecuente del transporte público en Tegucigalpa. La preocupación actual revive una problemática recurrente para el sector. Durante años, transportistas han denunciado cobros ilegales, amenazas, atentados y asesinatos vinculados a grupos criminales que buscan imponer pagos extorsivos para permitir la operación de rutas y unidades. Xiomara no pudo con el problema. "Papi" tiene el reto.
Por Redacción Central | @CoyunturaNic
Tegucigalpa, Honduras

La muerte y el miedo continúan marcando la cotidianidad de amplios sectores de Honduras. Mientras conductores del transporte público paralizan rutas por temor a las extorsiones y ataques criminales, las autoridades intentan reforzar operativos de seguridad en la capital.
Paralelamente, nuevos hechos violentos dejan víctimas mortales en distintas regiones del país y organismos defensores de derechos humanos demandan una revisión exhaustiva de los procedimientos policiales en medio de crecientes cuestionamientos institucionales.
Transporte público bajo amenaza
La suspensión temporal de operaciones en varios puntos de taxi de Tegucigalpa refleja hoy una problemática que desde hace años golpea al sector transporte: la extorsión ejercida por estructuras criminales que mantienen bajo presión a conductores, empresarios y usuarios.
En los últimos días, varias rutas que conectan el centro de la capital con sectores como la colonia Kennedy y el barrio Buenos Aires redujeron o suspendieron completamente sus actividades. La medida fue adoptada por los propios transportistas luego de nuevas denuncias relacionadas con amenazas y acciones extorsivas.
La decisión se produjo tras el asesinato de Pedro Rafael Servellón Padilla, conductor de un punto de taxis del barrio Buenos Aires, quien perdió la vida de forma violenta el pasado jueves 28 de mayo de 2026. El crimen incrementó la preocupación dentro de un gremio que desde hace años denuncia cobros ilegales, intimidaciones y ataques dirigidos contra quienes se niegan o no logran cumplir con las exigencias económicas de grupos criminales.
Aunque muchos conductores han optado por guardar silencio por razones de seguridad, la ausencia de unidades en distintos puntos de abordaje evidencia el temor que persiste entre quienes diariamente se exponen a riesgos para poder trabajar.
La situación también afecta directamente a miles de usuarios que dependen del transporte público para movilizarse hacia centros educativos, lugares de trabajo y otras actividades esenciales. La incertidumbre se ha instalado entre los pasajeros, quienes observan cómo los hechos violentos continúan alterando servicios fundamentales para la población.
"Ya uno no anda tranquilo en las calles, no hay seguridad, aunque uno no ande en cosas malas, pero la inseguridad es terrible", expresó Lizeth C., usuaria frecuente del transporte público en Tegucigalpa, a un medio local, este domingo 31 de mayo de 2026.
El problema no se limita al servicio de taxis. Hace menos de un mes, alrededor de 60 unidades de transporte colectivo que cubren la ruta hacia Tiloarque paralizaron temporalmente sus operaciones tras denunciar amenazas similares. Los conductores reportaron haber recibido mensajes intimidatorios y advertencias violentas mediante las cuales se les exigían elevadas cantidades de dinero a cambio de permitirles continuar trabajando.
La reiteración de estos episodios pone de manifiesto la persistencia de una modalidad criminal que afecta no solo la seguridad de los trabajadores del transporte, sino también la movilidad urbana y la actividad económica de miles de familias.
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