Estados Unidos e Irán: una guerra abierta, sin narrativa clara y con repercusiones globales
- 3 mar
- 7 min de lectura
La intervención estadounidense ha desencadenado una rápida expansión del conflicto. Israel ha intensificado los bombardeos sobre Teherán en coordinación con Estados Unidos. Irán respondió con oleadas de misiles contra territorio israelí, activando sistemas de defensa aérea en todo el país. El conflicto también se ha extendido al Líbano, donde la milicia Hezbollah lanzó ataques contra el norte de Israel en represalia por la muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí. Israel respondió con bombardeos sobre Beirut y el sur libanés, provocando decenas de víctimas y desplazamientos masivos.
Por Jairo Videa | @JairoVidea
Jerusalén, Israel

La más reciente ofensiva militar iniciada por Donald Trump contra Irán marca una de las decisiones más trascendentales de su segunda presidencia no consecutiva y ha abierto un conflicto de alcance regional con implicaciones cada vez más globales. A diferencia de intervenciones anteriores de Estados Unidos en Oriente Próximo, la operación —denominada "Furia Épica" por Washington y coordinada con Israel— se ha caracterizado por una limitada justificación pública y una narrativa estratégica poco definida, mientras la escalada militar ya afecta a varios países.
El conflicto combina decisiones políticas adoptadas con escaso debate público, argumentos controvertidos sobre la amenaza iraní y una rápida expansión de la violencia en Oriente Próximo, con reacciones diplomáticas y militares en la Unión Europea y el Golfo.
Advertencias previas y conocimiento del Congreso
Días antes de los bombardeos, la administración estadounidense informó a un reducido grupo de legisladores especializados en seguridad nacional —conocidos como "la Banda de los Ocho"— sobre la gravedad de la situación.
El secretario de Estado, Marco Rubio, y el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, sostuvieron reuniones confidenciales por videoconferencia con congresistas y senadores clave. Posteriormente, realizaron llamadas individuales a "la mayoría" de ellos, dijo Rubio para comenzar esta semana.
Según la percepción de los legisladores tras estos encuentros, el ataque parecía inminente y difícil de evitar. Incluso los representantes demócratas, que calificaron la situación de "muy grave", no exigieron formalmente que el presidente solicitara autorización parlamentaria antes de iniciar la operación militar.
La reacción contrastó con debates anteriores sobre el uso de la fuerza, cuando el Congreso había cuestionado más abiertamente las intervenciones militares, en Venezuela, particularmente. En esta ocasión, la principal petición fue que la Casa Blanca explicara públicamente el despliegue militar en la región, el mayor en aproximadamente dos décadas. Esa explicación no llega todavía.
Un discurso sin pruebas concluyentes
Durante su discurso ante el Congreso el mes pasado, Trump reiteró que Irán representa una "amenaza estratégica" para Estados Unidos, pero evitó detallar las razones específicas que justificaban la ofensiva.
El mensaje evocó precedentes históricos, especialmente el discurso pronunciado por George W. Bush antes de la invasión de Irak en 2003, aunque con una diferencia significativa: la administración actual no desarrolló una narrativa extensa que preparara a la opinión pública.
A diferencia de conflictos anteriores, no se presentaron pruebas detalladas sobre armas de destrucción masiva, amenazas inmediatas contra aliados o riesgos regionales inminentes. El presidente republicano se limitó a reiterar acusaciones habituales contra Teherán:
Apoyo a grupos armados en la región.
Represión interna.
Hostilidad histórica hacia Estados Unidos.
Ambiciones nucleares "desmedidas".
Al mismo tiempo, la Casa Blanca evitó profundizar en detalles técnicos o estratégicos.
Argumentos cambiantes sobre el programa nuclear
En los días previos al ataque, la administración comenzó a reforzar su argumentación.
Entre las afirmaciones más destacadas están:
Que Irán habría reiniciado su programa nuclear desde cero.
Que estaría a una semana de obtener material suficiente para una bomba.
Que dispondría pronto de misiles capaces de alcanzar territorio estadounidense o de aliados.
Estas afirmaciones no han sido respaldadas públicamente por pruebas concluyentes y han generado contradicciones dentro del propio gobierno de Estados Unidos.
Rubio declaró que Irán podría disponer de misiles intercontinentales "algún día", pero evitó afirmar que esa capacidad fuera inminente. Un informe previo de la inteligencia estadounidense concluyó que Irán no posee misiles balísticos capaces de alcanzar Estados Unidos y que podría necesitar hasta una década para desarrollar un arsenal limitado.
Paralelismos y diferencias con Obama
Tras el ataque, Trump declaró que su objetivo era impedir que Irán obtuviera armas nucleares, una formulación similar a la utilizada por Barack Obama al defender el acuerdo nuclear de 2015.
Obama sostuvo entonces que existían dos opciones: una solución diplomática o la guerra. Sin embargo, optó por la negociación, mientras que Trump eligió la vía militar.
La diferencia se acentúa por declaraciones anteriores del actual presidente estadounidense, quien había afirmado meses antes que los bombardeos ya habían destruido el programa nuclear iraní y retrasado su desarrollo durante décadas.
Una decisión basada en cálculos estratégicos
Más allá de la retórica pública, la decisión parece responder a consideraciones estratégicas pragmáticas, según analistas en Washington consultados por COYUNTURA.
Durante décadas, Irán ha sido considerado el principal adversario regional de Estados Unidos. Sin embargo, la percepción dentro de la Casa Blanca cambió tras la llamada "guerra de los doce días" entre Israel e Irán en junio de 2025.
Según ese análisis:
Irán demostró limitaciones militares.
No controla plenamente su espacio aéreo.
Sus misiles causaron daños limitados.
Sus aliados regionales han sido debilitados.
"Estas conclusiones llevaron a la administración a considerar que existía una oportunidad para debilitar decisivamente a un rival estratégico", explica Valeria P., politóloga y socióloga centroamericana.
El despliegue naval estadounidense también permitiría proteger simultáneamente a Israel y contener posibles represalias, dice.
Críticas y debate intelectual
La decisión ha provocado críticas dentro y fuera de Estados Unidos.
El historiador Timothy Snyder cuestionó los argumentos oficiales, señalando que no existen pruebas de que Irán estuviera "cerca" de construir un arma nuclear.
También subrayó la aparente contradicción con el ideario del movimiento político de Donald Trump, que tradicionalmente rechazaba las guerras destinadas a provocar cambios de régimen.
Según Snyder, el conflicto podría interpretarse más como un fenómeno de política interna que de política exterior, al considerar que las guerras pueden convertirse en instrumentos que debiliten instituciones democráticas.
Evaluaciones técnicas recientes sugieren que el programa nuclear iraní no ha sido eliminado completamente.
Estimaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica indican que grandes cantidades de uranio enriquecido permanecen almacenadas en instalaciones subterráneas.
Aunque Irán podría intentar recuperar ese material, no hay pruebas de que haya logrado hacerlo.
El factor del cambio de régimen
Otro argumento utilizado por la administración "trumpista" ha sido la defensa de las y los manifestantes iraníes, quienes ahora celebran la muerte de Alí Jameneí y otros altos cargos del régimen.
Trump ha denunciado repetidamente la represión de protestas y ha animado públicamente a la población a movilizarse contra el Estado. "Tomen el control", dijo el fin de semana pasado en un vídeo difundido por la Casa Blanca.
Sin embargo, el cambio de sistema no ha sido presentado como objetivo oficial claro. El presidente estadounidense ha alternado declaraciones favorables y cautelosas sobre esta posibilidad.
En entrevistas recientes, ha afirmado que su principal objetivo es la libertad del pueblo iraní y la seguridad de Estados Unidos.
Mientras continúan los bombardeos sobre Teherán —en la operación conjunta conocida como "Rugido del León"— Irán ha respondido con ataques de misiles contra Israel.
Así mismo, la entrada en combate de Hezbolá representa un nuevo factor de riesgo regional. El grupo lanzó proyectiles contra el norte de Israel en respuesta a la muerte del líder supremo iraní al inicio de la campaña militar.
Israel respondió con bombardeos en Líbano que han causado decenas de víctimas y desplazamientos masivos. Al mismo tiempo, el gobierno libanés intenta desarmar a Hezbolá para evitar que el país quede atrapado en el conflicto.
Expansión regional del conflicto
La guerra ya afecta a varios países:
Arabia Saudí interceptó drones cerca de una base aérea.
Chipre sufrió ataques contra instalaciones militares.
Kuwait registró la caída de tres cazas estadounidenses por fuego amigo.
Grecia anunció el envío de fragatas y cazas para reforzar la defensa de Chipre. Francia dice que aumentará su "arsenal nuclear". Reino Unido analiza hasta el cierre de este texto los pasos a tomar.
Estas acciones reflejan el riesgo de ampliación del conflicto más allá de Irán e Israel. La Unión Europea observa la crisis con preocupación.
En ese sentido, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que Europa debe prepararse para posibles consecuencias en ámbitos como:
Energía.
Seguridad.
Migración.
Transporte.
Riesgos nucleares.
Las instituciones europeas trabajan simultáneamente en planes de contingencia y en iniciativas diplomáticas para evitar una escalada mayor. Pero el extremismo parece inevitable a estas alturas.
En España, el conflicto ha generado debate político.
La líder de Podemos, Ione Belarra, exigió al gobierno de Pedro Sánchez que aclare el posible uso de la base naval de Rota en la operación militar.
Belarra sostuvo que la participación española podría convertir al país en objetivo militar y reiteró su petición de abandonar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, convocó al embajador iraní para condenar los ataques contra países del Golfo y exigir el cese inmediato de las hostilidades.
El gobierno también ha subrayado el riesgo para unos 30,000 ciudadanos españoles en la región.
Un conflicto abierto y sin desenlace claro
La ofensiva contra Irán representa una ruptura significativa con el enfoque diplomático adoptado en años anteriores.
Sin una narrativa estratégica consolidada y con argumentos controvertidos sobre la amenaza iraní, la guerra ha comenzado mientras aún persisten dudas sobre sus objetivos finales.
La rápida expansión regional del conflicto sugiere que sus consecuencias podrían ir mucho más allá de Irán.
A medida que aumentan las operaciones militares y las reacciones internacionales, la incertidumbre sobre el alcance y la duración de la guerra sigue siendo uno de los factores dominantes en el escenario global.
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