La macroeconomía del espejismo: Nicaragua crece en papel mientras las familias comen menos
- hace 22 horas
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Las cifras del régimen muestran estabilidad. Los mercados cuentan otra historia. Entre la maquila que expulsa trabajadores, los salarios que no alcanzan ni de lejos para la canasta básica y las remesas que cada mes compran menos, el país enfrenta una crisis silenciosa que ningún indicador oficial refleja del todo.
Por Jairo Videa | @JairoVidea
Managua, Nicaragua

En diciembre de 2025, la canasta básica de Nicaragua costó 20.821 córdobas —unos 568 dólares—. El salario mínimo más bajo ese mismo año fue de 5.950 córdobas. El promedio del sector formal llegó a 15.873 córdobas. Ninguno de los dos alcanza. El segundo, que representa el techo del trabajo asalariado convencional, apenas cubre tres cuartas partes del costo de vida mínimo. El primero no llega ni a un tercio.
Eso es, en esencia, la fotografía económica de Nicaragua en 2026: un país con cinco años consecutivos de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), reservas internacionales equivalentes a 9,2 meses de importaciones y elogios recurrentes del Fondo Monetario Internacional (FMI) a su estabilidad macroeconómica; y al mismo tiempo, el ingreso per cápita más bajo de Centroamérica, una canasta básica que sigue subiendo y una fuerza laboral que en más del 70% opera en la informalidad.
El economista nicaragüense en el exilio Marco Aurelio Peña, autor del informe "Economía del malestar", publicado en abril de 2026 por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), lo describe como "la macroeconomía del espejismo": los agregados funcionan, pero el dinero se les escurre entre los dedos a quienes trabajan.
El precio de comer
Nicaragua produce arroz, frijoles, carne de res, queso, maíz y azúcar en cantidades suficientes para el consumo interno y la exportación. No depende del exterior para alimentar a su población. Aun así, el componente de alimentos de la canasta básica creció un 53 % entre diciembre de 2020 y diciembre de 2025. La canasta total creció 43,3 % en ese mismo periodo. Los alimentos son el motor del encarecimiento y representan el 71 % del costo total de la canasta en 2025.
Los datos de enero de 2026 ilustran hacia dónde va la tendencia: la libra de queso seco alcanzó los 120 córdobas (3,27 dólares); la chiltoma llegó a 61,96 córdobas; el tomate mantuvo precios elevados durante todo el primer trimestre. Los lácteos encabezaron los incrementos mensuales en enero: el queso subió 5,68 %, el quesillo 2,62 %. El pollo en pieza aumentó 1,67 % y el filete, 5,96 %, según el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE).
El ajuste de salario mínimo aprobado en marzo de 2026 —del 4 %— elevó el piso de ingresos en nueve sectores económicos hasta un rango que oscila entre 6.188 y 13.848 córdobas mensuales. Ninguno cubre el costo total de la canasta. Un trabajador agropecuario, con el mínimo más bajo, destina el equivalente a su sueldo completo y todavía le falta para completar la compra del mes.
El informe del CETCAM señala que entre 2021 y 2025, el salario promedio nominal creció 30%. La canasta básica subió 28% en ese mismo período. La diferencia es de apenas dos puntos porcentuales —a favor del salario—, insuficiente para cerrar la brecha estructural que ya existía. Ocho de cada diez nicaragüenses no puede cubrir el costo de la canasta básica con sus ingresos.
La trampa del tipo de cambio fijo
El 01 de enero de 2024, el Banco Central de Nicaragua (BCN) congeló en cero por ciento la tasa de deslizamiento del córdoba frente al dólar, eliminando el ajuste gradual que parcialmente compensaba la erosión inflacionaria sobre los ingresos en moneda local. Desde entonces, la inflación oficial fue de 2,84 % en 2024 y 2,70 % en 2025 —un acumulado de 5,6 % para el bienio—, aunque Nicaragua fue el país centroamericano con la inflación más alta en 2025. Panamá y Costa Rica registraron deflación ese año. Guatemala se ubicó en 1,65 %, Honduras en 4,98 %.
La paradoja es que el tipo de cambio fijo beneficia a quienes reciben remesas en dólares —el valor nominal de cada envío no se erosiona por depreciación cambiaria—, pero no los protege del alza de precios internos. El resultado neto es que la misma cantidad de dólares compra menos frijoles, menos queso, menos tomates que hace dos años.
Desde abril de 2025, el Banco Central dejó de publicar los datos de remesas. No ofreció ninguna explicación. El economista Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano, cree que la razón es que el régimen analiza internamente cómo manejar la política cambiaria ante un posible menor flujo de divisas. Según sus cálculos basados en fuentes internacionales, Nicaragua recibió aproximadamente 6.167 millones de dólares en remesas durante 2025, frente a 5.243 millones en 2024. El Banco Interamericano de Desarrollo registró 6.199 millones. La cifra equivale a entre el 27 % y el 30 % del PIB y financia el 40 % del consumo privado. Es el principal sostén de la economía familiar.
Una encuesta de Hagamos Democracia correspondiente al cuarto trimestre de 2025 encontró que el 49,3 % de los hogares nicaragüenses había recibido remesas en ese período. Orozco estima que en 2025 unos 725.000 hogares recibieron envíos desde Estados Unidos. Para 2026, proyecta que ese número podría caer a 710.000, por la combinación de deportaciones y una reducción en el flujo migratorio. Se calcula que el 20 % de la población nicaragüense —alrededor de 1,4 millones de personas— reside fuera del país, la mitad en situación irregular.
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