Crónica de una frontera cerrada: turistas y creadores de contenido denuncian acoso y expulsión en Nicaragua
- Redacción Central
- 14 jul
- 6 Min. de lectura
La experiencia de Alexander Lapshin, quien se declara ahora "enemigo del régimen comunista nicaragüense" sin haber podido siquiera ingresar al país, y la exclusión de Angélica Cháves reflejan la crisis política y social que atraviesa el país centroamericano. Más allá del control interno, el régimen sandinista mantiene una estrategia de aislamiento internacional y desconfianza hacia todo visitante extranjero, especialmente aquellos que puedan cuestionar o documentar las violaciones de derechos que ocurren bajo su mandato.
Por Redacción Central | @CoyunturaNic
Managua, Nicaragua

El régimen de Daniel Ortega y su esposa y comandataria Rosario Murillo vuelve a colocarse en el centro de la controversia internacional tras una serie de incidentes ocurridos en sus fronteras, donde turistas y creadores de contenido aseguran haber sido víctimas de detenciones arbitrarias, interrogatorios agresivos y expulsiones sin fundamentos legales. Lo que para muchos viajeros representa un simple cruce fronterizo, en Nicaragua se ha convertido en un riesgo latente.
Uno de los casos más recientes es el del bloguero israelí-ruso Alexander Lapshin, conocido mundialmente por recorrer zonas de conflicto y regímenes autoritarios. Lapshin denunció haber sido víctima de un intento de detención y posible secuestro en la frontera entre Honduras y Nicaragua el pasado miércoles 02 de julio de 2025, un episodio que calificó como "una pesadilla digna de una película de terror político".
Lapshin, acompañado de su esposa y su hija de 10 años, intentaba cruzar desde Honduras hacia Costa Rica en un autobús que transitaba por Nicaragua. Sin embargo, al llegar al puesto fronterizo nicaragüense, la familia fue obligada a descender del vehículo y retenida durante más de tres horas por agentes policiales, a quienes Lapshin describió como "policías secretos al servicio del régimen sandinista".
Durante ese lapso, los agentes retuvieron sus pasaportes, interrogaron a la familia sobre su nacionalidad, su historial militar y sus publicaciones en redes sociales digitales. Las preguntas resultaron absurdas, según relató el bloguero: "me cuestionaban por qué mi pasaporte israelí decía que nací en la URSS o por qué apoyaba a Israel en sus conflictos. No entendían las respuestas".
El interrogatorio, plagado de acusaciones infundadas, según la víctima, escaló rápidamente a un punto crítico. Un agente les informó que serían trasladados a la ciudad de Estelí "para verificar su identidad", insinuando que podrían estar vinculados a "espionaje israelí". Fue en ese momento que Lapshin tomó una decisión drástica: arrebató los pasaportes del escritorio y, junto a su familia, huyó corriendo de regreso hacia Honduras, dejando parte de su equipaje abandonado.
"La barrera fronteriza estaba a unos 30 metros. Grité a mi esposa e hija que corrieran. Logré tomar una de nuestras mochilas, pero las otras quedaron atrás. Por suerte, teníamos todo lo importante con nosotros", relató. Según Lapshin, las autoridades hondureñas no solo les permitieron reingresar sin trabas, sino que le advirtieron que su acción había sido lo más prudente. "Nos dijeron que posiblemente los nicaragüenses nos hubieran incriminado con drogas plantadas en las mochilas para chantajearnos", agregó.
Acusaciones y tensiones diplomáticas
Lapshin, quien ya había sido encarcelado en Azerbaiyán en 2017 por sus visitas a territorios en disputa, no es ajeno a los regímenes autoritarios. Sin embargo, la experiencia en Nicaragua lo dejó atónito. "Este régimen criminal pretendía tomarnos como rehenes. Ortega es un aliado de Rusia e Irán y su gobierno carece de cualquier política independiente. Mientras esté en el poder, no puede haber relaciones normales con Nicaragua", advirtió.
El bloguero, que mantiene una postura abiertamente favorable a Israel en sus plataformas, cree que el interés de los agentes nicaragüenses en su persona fue motivado por su nacionalidad y por su historial de publicaciones sobre la guerra entre Israel e Irán. Además, denunció que los policías nicaragüenses buscaban pretextos para acusarlo de espionaje militar. "En su ignorancia, confundieron mis publicaciones personales con actividades de inteligencia", afirmó.
El incidente ocurrió poco antes de que Israel emitiera una alerta de viaje recomendando evitar Nicaragua, debido al riesgo de hostigamiento y detenciones arbitrarias. Las relaciones diplomáticas entre ambos países fueron rotas en octubre de 2024, cuando el régimen del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) acusó a Israel de cometer genocidio en Gaza, alineándose aún más con Irán y otros actores del eje antioccidental.
El caso de Angélica Cháves: otra expulsión sin justificación
Lapshin no es el único caso reciente que pone en evidencia el endurecimiento de la monarquía Ortega-Murillo contra los viajeros. La youtuber colombiana Angélica Cháves también fue víctima de una negativa arbitraria de ingreso.
Cháves, quien documenta sus recorridos por América Latina en internet, intentaba ingresar a Nicaragua desde Costa Rica rumbo a México. A pesar de haber completado todos los trámites migratorios y de impuestos en Costa Rica, fue rechazada por autoridades nicaragüenses sin recibir ninguna explicación formal. Según relató en sus videos, los oficiales de migración consideraron que su actividad como creadora de contenido representaba "una amenaza" para el Estado.
"Me dijeron que no podía entrar porque podía mostrar cosas que no convenían al gobierno. Ni siquiera me dejaron pasar en tránsito", explicó. A pesar de intentar cruzar por segunda vez, esta vez argumentando que solo estaba de paso hacia Honduras, la respuesta fue la misma: prohibición absoluta.
Cháves lamentó la situación y confirmó que tuvo que modificar toda su ruta de viaje, sumando costos adicionales e incertidumbre. Su experiencia se suma a la lista de episodios que evidencian la política cada vez más restrictiva de Nicaragua hacia las y los viajeros independientes, especialmente aquellos con actividad mediática, con cámaras o ideas libertarias.
Ambos casos, aunque distintos en sus detalles, reflejan un patrón común: la obsesión del régimen sandinista por controlar el flujo de información y restringir el ingreso de cualquier persona que considere potencialmente incómoda. Ya sea por su nacionalidad, sus antecedentes militares o simplemente por tener un celular, los viajeros están expuestos a un sistema migratorio impredecible, extremo y represivo.
La frontera sur de Nicaragua, que históricamente había sido un corredor de tránsito entre Centroamérica y el sur del continente, se ha transformado en un punto crítico para los turistas. No hay Convenio Centroamericano de Libre Movilidad (CA-4) válido. A esto se suman las tensiones políticas y el aislamiento internacional de Managua, que ha roto lazos con varios países occidentales y mantiene relaciones exclusivamente con aliados estratégicos como Rusia, Irán y Venezuela.
Lapshin, que aún lamenta haber simpatizado en el pasado con el movimiento sandinista, dejó claro su mensaje tras la experiencia: "ahora me he convertido en enemigo de Nicaragua sin haber pisado su territorio. Estoy seguro de que algún día volveré como amigo del pueblo nicaragüense, pero solo cuando este régimen haya caído".
Por su parte, Angélica Cháves hizo un llamado a otros creadores de contenido y turistas: "no pongan en riesgo su integridad. Nicaragua no es un país seguro para quienes documentan su viaje".
Los episodios protagonizados por Lapshin y Cháves confirman entonces la creciente hostilidad del FSLN hacia los visitantes extranjeros, en especial si provienen de países considerados adversarios o si poseen un alto perfil en redes sociales, medios de comunicación o internet en general.
Israel ya ha advertido oficialmente a sus ciudadanos que eviten viajar a Nicaragua, como ya lo hizo Estados Unidos, y todo apunta a que más países podrían seguir ese camino. Mientras tanto, los testimonios de turistas retenidos, expulsados o perseguidos siguen acumulándose, alimentando la percepción internacional de que Nicaragua se ha convertido en un Estado donde las fronteras no son puntos de control, sino trampas para la represión.
En COYUNTURA, cada noticia y día de trabajo es un acto de valentía respaldado por personas, procesos, fuentes, documentos y perspectivas confiables, contrastadas y diversas, aunque muy a menudo debemos proteger la identidad de quienes informan y/o comentan. Pero la censura, la crisis económica y los obstáculos estatales y de seguridad no detienen a nuestra Redacción; seguimos informando con determinación, desde Centroamérica. Si has sufrido violaciones a tus derechos por un Estado centroamericano, o si quieres contar una historia, contáctanos a través de direccion@coyuntura.co o mediante la burbuja de mensajes en la parte inferior del medio.
Por otro lado, no te pierdas AULA MAGNA, nuestra radio en línea y plataforma de podcasts para la región y su gente, donde el periodismo y el entretenimiento se fusionan las 24 horas del día.
Juntos, construimos el puente de la verdad y la democracia, por eso ten en consideración adquirir una membresía de nuestro programa para socias y socios, con beneficios y servicios digitales únicos.
Comentarios