“Hasta tanto no se aclaren los nublados”

La mayoría social azul y blanco está cada vez más impaciente y frustrada por las contradicciones, acusaciones y pleitos que consumen a la Coalición Nacional, seis meses después de haberle ofrecido tanta esperanza al presentarse como el instrumento que la representaría. ¿Qué hay detrás de tantos nublados que ensombrecen a la Coalición? Detrás hay una arraigada incultura política y al menos dos proyectos electorales de salida a la crisis.


Marcha de 2016 contra el llamado Circo Electoral en Nicaragua - Fotografía cortesía

En el plomizo horizonte que auguran los desgastantes conflictos que fracturan a la Coalición Nacional, el tiempo corre a favor de Ortega, que espera para tomar “decisiones electorales” hasta ver si Donald Trump consigue reelegirse o si ganan los demócratas con Joe Biden.


¿Quién ganará, Donald Trump o Joe Biden?


Lo que ocurra en las elecciones de Estados Unidos el martes 3 de noviembre influirá, sin duda, en el incierto curso de la crisis nicaragüense para bien o para mal.


Si Trump logra su reelección, podría prestar menos atención a “la troika de la tiranía” (Venezuela, Cuba y Nicaragua), hasta ahora tan priorizada por los réditos en votos de esa política para asegurarse el estado clave de Florida. Si Trump se reelige, y en estos próximos cuatro años adopta una política internacional más pragmática, también en Nicaragua, Ortega podría tener un respiro.


¿Y si gana Biden? Ortega negociará con la nueva administración las condiciones de las próximas elecciones nicaragüenses del domingo 7 de noviembre de 2021. Previendo un cambio en Washington, del que no se percibirán las consecuencias hasta entrado el año 2021, ya ordenó Ortega al Poder Electoral ampliar de noviembre 2020 a mayo 2021 el plazo para la inscripción de los partidos que participarán en los comicios nacionales.


Los demócratas han cambiado


Según Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, si gana Biden, además de priorizar las tragedias humanas y económicas causadas en Estados Unidos por la pandemia, y reparar los muchos estragos del negativo legado de Trump, la política hacia Nicaragua se mantendrá, y no es de esperar se supriman las sanciones ya impuestas. Tampoco habría menos dureza con Ortega.


“Hacerlo mandaría una señal de debilidad -dijo Shifter a “Confidencial”- y Joe Biden no es blando con las dictaduras. Yo lo veo muy duro contra Nicolás Maduro. Y creo que el Partido Demócrata ha cambiado y tiene una posición más dura con respecto a Ortega”. El cambio que Shifter señala lo ve en la política internacional de Estados Unidos, también en América Latina, también en Nicaragua: habrá una diplomacia activa y consistente, la que Trump ni siquiera ha ensayado.


Con Biden habrá garrote y también zanahoria


Podemos pensar entonces que Biden seguirá la política de Obama hacia Cuba. Y en el caso de Venezuela y Nicaragua estrenará una diplomacia inteligente. ¿Cuánto de “zanahoria” incluirá con Ortega y cuánto “garrote” mantendrá? ¿Y cuánto le ofrecerá Ortega a cambio de que le supriman las sanciones que más le duelen, las que afectan a su familia? ¿Incluso un adelanto de las elecciones…?


“The Economist”, publicación británica, que hace análisis globales, tiene perspectivas similares cuando escribe en uno de sus últimos informes: “La pareja presidencial espera lograr una reversión de algunas sanciones, en canje por concesiones sobre normas electorales”. Y coincide con Shifter al resaltar el apoyo bipartidista que han tenido las políticas de presión de Washington sobre Ortega: “Es probable que eso siga sin cambios, incluso bajo una administración Biden”.


La complicidad del tiempo


Mientras se despejan nublados en el Norte, y a la espera de ver cómo se comporta una administración republicana con un Trump ya reelecto o una nueva administración demócrata con Joe Biden-Kamela Harris al frente, la estrategia de Ortega es seguir ganando tiempo.


Hay muy variadas guerras de desgaste. En la Nicaragua de hoy, a la represión armada, al estado policial de facto, el régimen ha sumado una guerra de desgaste con la complicidad del tiempo, que pasa sin que pase nada... Es un arma más sutil y muy poderosa para desgastar a la población que lo repudia.


“No tengo miedo de volver a caer presa -dice Ivania Álvarez, una de las jóvenes rebeldes de Abril-, tengo miedo del cansancio de la gente y tengo miedo de la desesperanza”.


La Iglesia Católica en la mira


A la estrategia del desgaste el régimen añade continuas tácticas de sometimiento. Como las que viene aplicándole a la iglesia católica: alienta a sus fanáticos a profanar templos -roban, quiebran imágenes, abren sagrarios y pisotean hostias-, llegando incluso, el 31 de julio a lo insólito: incendiar la capilla de la Sangre de Cristo en la Catedral de Managua, calcinando la imagen más venerada por el pueblo de la capital… y días después envía a sus policías a recorrer las parroquias ofreciéndoles a los sacerdotes colocar patrullas policiales frente a los templos para garantizarles seguridad.


Ninguno aceptó. Pero la presencia intimidante de los armados resulta desgastante. En algunos casos el gobierno ofrece algo más que seguridad: ayuda económica para el mantenimiento del templo... y algunos aceptan.


Con acciones así -hoy la ataca con saña y mañana trata de ganársela para silenciarla- el régimen está reconociendo en la iglesia católica, jerarquía y fieles, a la oposición con mayor organización y credibilidad en estos momentos.


La otra narrativa: el trabajo "de hormiga"


¿Qué hace también la dictadura mientras gana tiempo? Si los medios de comunicación independientes y las redes sociales señalan todos los días con insistencia las realidades negativas provocadas por la crisis social y económica en la que Ortega sumió al país desde abril de 2018, los más numerosos medios del régimen y sus redes martillan a diario una narrativa diferente, confiando en que irá calando en algunos sectores de la población en los meses que separan a Ortega de los comicios de 2021.


Dan cuenta del trabajo “de hormiga” del “buen gobierno”: pequeñas acciones de beneficencia que la “promotoría solidaria” de la juventud sandinista realiza, visitando a la gente más pobre para entregarle bolsas de comida o sillas de ruedas. También hacen obras las alcaldías: reparan una calle, inauguran un parque, organizan una feria…


...y el trabajo "de elefante"


Con mayor destaque la narrativa oficial presenta el trabajo “de elefante” del “gobierno cristiano y solidario” inaugurando importantes, y necesarias, obras de infraestructura vial.


Varias de las carreteras que está haciendo el régimen están financiadas por un préstamo de 238 millones de dólares contratados con el BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica) en febrero de 2018, antes de Abril. Las están finalizando ahora y las presentan como pruebas de que la economía no va en caída libre, como dice la oposición.


No son sólo las carreteras. Hay construcción de hospitales, rehabilitación de escuelas, sistemas de alcantarillado y agua potable, todos proyectos que ha financiado la cooperación multilateral aprobada antes de Abril y aún después de Abril, para los que ha seguido desembolsando recursos. Son también proyectos previos a Abril o posteriores, financiados por Alemania, España, Japón y Corea, países que no siguen la política de Estados Unidos. Entre estos nuevos proyectos está el Fondo de Carbono del Banco Mundial, del que habla la investigadora Selmira Flores en páginas siguientes.


Ninguno de estos proyectos hace boyante la economía, pero todos benefician a la población. Y significan que el régimen no está asfixiado.


El BID y el BCIE rompen cerco financiero


Este mes el régimen vio romperse el cerco financiero cuando el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) le aprobó un préstamo por 43 millones de dólares para “contener, controlar y mitigar” el coronavirus”.


Los recursos se dedicarán a ampliar con urgencia una sala para pacientes de Covid-19 en un hospital de Managua y para mejorar el deficiente estado en que se encuentran cuatro laboratorios y doce hospitales públicos, entre ellos los dos de la abandonada región del Caribe.


Aunque solicitando estos recursos el gobierno tuvo que reconocer que no ha logrado controlar el virus, y aunque el BID ha puesto cuatro agencias internacionales para supervisar la administración que el gobierno hará del dinero, son recursos que mueven la economía, aliviando el gasto público y reactivando el empleo.


También este mes el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) le aprobó al gobierno un préstamo de 50 millones de dólares para pequeñas y microempresas, lo que significará un alivio a la economía de los más pobres. Serán un equivalente de las medidas de compensación social por la pandemia que Ortega nunca estableció.


También, dio el BCIE otro préstamo de 171.6 millones de dólares para la construcción de viviendas sociales en el proyecto habitacional “Bismarck Martínez”, emblemático del triunfo sobre el “golpe de Estado” que se adjudica el régimen, nombrando así a la rebelión ciudadana de abril de 2018.


El COSEP está pidiendo al BCIE que, al igual que hace el BID con el préstamo para salud, fiscalice cómo el gobierno usará los recursos para vivienda: a qué empresas constructoras contratará y a qué familias beneficiará.


Mantener baja la inflación


Llegarán más recursos. Taiwan entregó 130 millones de dólares al BCIE -es socio del banco- para ayudar a las economías centroamericanas. Y pidió expresamente al BCIE que incluya a Nicaragua cuando distribuya ese dinero.


El gobierno taiwanés no ha cesado de donar material sanitario al gobierno de Nicaragua desde que comenzó la pandemia. Cuida así las relaciones diplomáticas que mantiene con nuestro país, aun cuando el gobierno no ha rendido cuentas de cómo ha empleado el material recibido.


Estos recursos han oxigenado de forma importante al régimen para los próximos meses, cuando llegue la hora de negociar en qué condiciones se celebrarán las elecciones.


El equipo económico de Ortega está sorteando el desplome de la economía, después de tres años de recesión y al borde de la depresión, con la decisión política de restringir el gasto público y mantener una inflación baja, a costa de un mayor desempleo. No fue lo que hizo el FSLN en el gobierno en los años de la revolución y la guerra civil, etapa en que Nicaragua alcanzó records mundiales de hiperinflación, hasta del 33 mil por ciento. Evitar el recuerdo de aquello parecer haber sido una prioridad.


"Maduro reprime y Ortega gobierna"


Cabe preguntarse si los préstamos que el régimen recibió este mes no serán una señal de que la comunidad internacional, aunque sabe de las gravísimas violaciones de derechos humanos que se han dado en Nicaragua, ve en el régimen que las cometió una estabilidad que no logra aún ni ver ni prever en la alternativa de una oposición muy desorganizada que no logra ponerse de acuerdo.


Ante la comunidad internacional la narrativa oficial presenta un gobierno en plena actividad... tal vez para confirmar aquel “piropo” con que premió a Ortega el secretario general de la OEA, Luis Almagro, cuando en junio de 2019 dijo en una entrevista en Medellín: “No hay comparación entre Nicaragua y Venezuela. Ortega no es Maduro. Ortega gobierna Nicaragua, Maduro reprime Venezuela. ¿Qué hace Maduro además de reprimir a la oposición política? Nada más. Ortega, teniendo muchos menos recursos, trata de resolver salud, educación, sigue tratando de resolver los temas sociales de su país”.


Para ganar "por las buenas"


La narrativa de las “obras de progreso” que ejecuta el “buen gobierno” abarrota los medios oficialistas proyectando optimismo en el futuro de cara a la cita electoral, en la que Ortega y Murillo tienen urgencia de legitimarse “por las buenas”. Y podrían lograrlo si la oposición no logra una sólida unidad y liderazgos atractivos. O si, de no lograrlo, y al no haber condiciones, prevaleciera la abstención.


“Por las buenas” podría conseguir Ortega su quinta reelección porque en la reforma constitucional de 2014 no sólo se eliminó la segunda vuelta, tampoco se exige porcentaje mínimo para ganar la Presidencia...


Anonymous hackea al Ministerio de Salud


En la narrativa en la que el gobierno no ha tenido éxito es en la que ha construido ante la pandemia. Nadie cree en los informes del Ministerio de Salud (MINSA), tan sucintos -así los califica la OPS- que duran menos de un minuto y son semanales.


Este mes, los ciberactivistas internacionales de Anonymous demostraron lo justo que es desconfiar de las cifras oficiales. Anonymous hackeó la base de datos del laboratorio del MINSA y probó que, incluso desde febrero, se le mintió a la población. Ese mes, cuando el gobierno negaba el virus y “lo recibía con un carnaval”, ya hacía pruebas PCR.


Un solo ejemplo de cómo se han manipulado las cifras: los datos hackeados muestran que, cuando a finales de julio el MINSA informaba de 3,439 contagiados, las pruebas PCR demostraban que eran el triple: 9,683.


Al poner punto final a este texto, 31 de agosto, el MINSA informa de 4,494 contagios y 137 fallecidos, mientras que el Observatorio Ciudadano -que no hace pruebas porque no puede, pero sí mantiene un conteo en base a datos fiables de médicos y organizaciones territoriales, informa de 9998 contagios y 2680 muertes.


Este mes, los ciberactivistas internacionales de Anonymous demostraron lo justo que es desconfiar de las cifras oficiales del MINSA en Nicaragua - Fotografía de Voz de América por Daliana Ocaña

¿La vacuna rusa en Nicaragua?


En la narrativa oficial sobre la pandemia la mentira se combina con fantasía. Siguiendo el guion de prometer fabulosos proyectos que nunca se realizan -el mayor, el Canal Interoceánico-, la Vicepresidenta anunció este mes que Nicaragua está lista para producir la vacuna rusa Sputnik V contra el Covid-19 y para exportarla a toda Centroamérica.


Este “milagro” sucederá en el Instituto Mechnikov, inaugurado en Managua en 2016 con el apoyo de Rusia y con una inversión de 30 millones de dólares, recursos que salieron del Seguro Social. Desde entonces nunca se informó sobre el desarrollo de este proyecto ni se conoció de ninguna vacuna ahí producida.


El inmunoquímico Ernesto Medina explica que producir vacunas es un complejo proceso científico para el que Nicaragua no tiene capacidad y “lo único que harían en ese laboratorio sería envasar, etiquetar y distribuir lo que reciban de Rusia”.


El Frente Sandinista está "en harapos"


A pesar de todas las obras “cristianas y solidarias” y de la narrativa oficial, entre la militancia del FSLN hay quienes dicen que el partido llegará a las elecciones de 2021 “en harapos” y, por eso, se las robará.


Este mes se filtró a un medio independiente una conversación en que eso dicen dos cuadros intermedios del partido de gobierno venidos a menos. ¿Quién filtró esa plática? ¿Uno de ellos, para alentar a otros correligionarios a hablar? ¿El régimen, para advertir a quienes hablan que están siendo espiados?


¿O habrá sido una facción del partido, que además de hablar, quiere perjudicar a otra facción? ¿La filtró la facción que incendió la Sangre de Cristo…?


En su columna semanal, titulada “Entre Orwell y Kafka”, el Premio Cervantes Sergio Ramírez lo da a entender cuando escribe: “El poder en Nicaragua no es capaz de detener la mano criminal de ninguno de los suyos. No tiene partidarios, sino cómplices a los que no se puede castigar, así incendien, así maten. La impunidad es el precio de la complicidad. Solo les queda protegerse unos a otros, los de arriba a los de abajo y viceversa, así se hundan todos juntos”.


Un expediente errático


La Coalición Nacional no está “en harapos”, ni mucho menos, pero se han cumplido seis meses de la ceremonia de su solemne presentación al país el 25 de junio y hasta hoy su expediente es errático.


Ha estado saliendo de una crisis para entrar en otra, enredados en discusiones sin fin sobre los métodos para estructurarse y para tomar decisiones y sin lograr lo principal: mostrarse como representantes de la mayoría social que se opone a Ortega, demostrándole y haciéndole sentir, que son el instrumento capaz de dar esperanza y de aliviar el cansancio al que teme Ivania Álvarez.


Dos opciones liberales en disputa


Las crisis en la Coalición no se deben únicamente a la inveterada y atávica dificultad de los nicaragüenses para llegar a acuerdos. Se deben a que en la Coalición pugnan por imponerse de cara al aún incierto proceso electoral dos opciones electorales, dos grupos de nombre liberal, pero de pensamiento tradicional, en litigio desde hace años, el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y Ciudadanos por la Libertad (CxL).


En ambas propuestas predominan tendencias a una hegemonía excluyente que pretende imponerse sobre las fuerzas progresistas que tanto contribuyeron a la explosión ciudadana de Abril.


Aunque simplificándola, en la pugna, a veces sorda, a veces indisimulable, a veces a gritos de estas dos opciones, hay que enmarcar la crisis que hoy vive la Coalición. Y nadie olvida que esta tercia, que tanto conviene a Ortega, fue la que enfrentó a esos dos grupos políticos en las elecciones presidenciales de 2006, facilitando que Ortega regresara al gobierno.


Movimientos juveniles y partidos políticos


Aunque parece haber otros muchos, los problemas que salieron más a luz este mes en la Coalición fueron dos y están entrelazados: la participación de la juventud de Abril en los órganos de decisión, y el papel de los partidos políticos, que por la estructura que se ha dado la Coalición, tienen hoy la mayoría.


En la ceremonia del 25 de junio, cuando la Coalición Nacional se presentó al país, llamó la atención que, en representación de las organizaciones juveniles surgidas en Abril, nadie firmó el acta constitutiva.


Los diversos grupos de jóvenes que iniciaron la rebelión de abril, no todos estudiantes universitarios, llevaban meses reuniéndose para ponerse de acuerdo en cómo integrarse, no como “adorno”, sino con su propia agenda y con poder real dentro de la Coalición. Son muchos. Según la más reciente información obtenida por “Confidencial” hay cuatro movimientos juveniles agrupados en la Alianza Cívica, catorce en la Unidad Azul y Blanco (UNAB) y otros dos, que no están ni en la Alianza ni en la UNAB. No se conoce cuántos jóvenes suman estos veinte movimientos.


La Coalición nació de una unidad lograda con muchos altibajos entre la Alianza Cívica y la UNAB, organizaciones nacidas en mayo y octubre de 2018. El primer sector en unirse a la Alianza-UNAB para formar la Coalición fue el Movimiento Campesino.


En junio de 2020 decidieron integrarse a la Coalición cuatro partidos políticos: el partido de la Resistencia FDN, el partido caribeño YÁTAMA, el partido evangélico PRD y el partido liberal PLC.


Al entrar los partidos políticos en la Coalición esto alteró sus estructuras, pues siendo cuatro pasaron a tener mayoría: cuatro sobre tres: Alianza, UNAB y Movimiento Campesino.


Jóvenes, partidos, todos los sectores, por más conflictos que tengan, coinciden en un elemento extraordinario del “espíritu de Abril”: rechazar la violencia, tanto en la lucha como en la resistencia contra la dictadura.


Cuántas sillas-votos para la juventud


Muy pronto surgieron tensiones entre la juventud y los partidos políticos por el número de sillas con derecho a voto que asignar al sector juvenil de la Coalición. Primeramente, le asignaban una única silla a todo el sector. Posteriormente, los jóvenes propusieron tres sillas: una para la juventud agrupada en la Alianza, otra para la juventud agrupada en la UNAB y otra para las agrupaciones juveniles de los cuatro partidos políticos.


Entonces, los partidos políticos, con el respaldo del Movimiento Campesino -que ha oscilado continuamente en sus posiciones, que tiene raíces liberales, y que también se está fragmentando-, hicieron una contrapropuesta: siete sillas: UNAB, Movimiento Campesino, jóvenes del PLC, jóvenes del PRD, jóvenes de YÁTAMA y jóvenes del FDN.


La juventud de la Alianza y la de UNAB rechazaron esta propuesta. Valorando las dos agrupaciones juveniles que la Alianza y la UNAB, fundadoras de la Coalición, “han sido las únicas que de forma permanente han apoyado nuestras propuestas”, y eso -dicen- les ha garantizado ser autónomos e independientes en sus posiciones, consideran que, por su naturaleza, las agrupaciones juveniles de los partidos políticos no son ni serán nunca autónomas, porque obedecerán líneas partidarias. Y con la fórmula de las siete sillas-siete votos, eso les garantizaría a los partidos políticos un doble voto, y por tanto, siempre tendrían mayoría en la toma de decisiones en la Coalición.


En otro momento de esta prolongada discusión, y para salir del impasse, las agrupaciones juveniles de la UNAB propusieron para el sector juvenil cuatro sillas: UNAB, Alianza, juventud del Movimiento Campesino y juventudes de los cuatro partidos políticos. Pero el Movimiento Campesino y los partidos políticos no aceptaron más que las siete sillas. Unos responsabilizan a otros del frenazo que esto ha provocado en la Coalición, mientras que esos otros responsabilizan a esos unos.


"Fuimos los actores clave"


"Como estudiantes y como jóvenes no pedimos espacios políticos. Nos los hemos ganado desde el 2018, porque fuimos los actores claves para el estallido social", dijo la Coordinadora Universitaria, uno de los movimientos juveniles agrupados en la Alianza, al conmemorar el 23 de julio el Día Nacional del Estudiante.


Días después, las 14 agrupaciones juveniles de la UNAB reiteraron su exigencia: “Nos rehusamos a darle legitimidad a una Coalición donde los partidos políticos, que históricamente han destruido, pactado y engañado al pueblo, tengan hegemonía sobre las decisiones utilizando a las juventudes de abril”.


“Los jóvenes -dijeron con firmeza- no somos fichas políticas que pueden seguir usando para oxigenar sus partidos, desgastados y sin reconocimiento”. Finalmente, tanto las organizaciones juveniles de la Alianza como las de la UNAB renunciaron a participar en la Coalición, hasta que a punto de cerrar este texto dijeron que a ella regresarían.


El 22 de agosto, en Radio Darío, el dirigente estudiantil Lesther Alemán reafirmaba la inconformidad de la juventud: “A nuestra solicitud (cuatro sillas) nunca le dieron un resultado creíble. Entonces empezamos a decir con fuerza que se estaba diseñando una Coalición en beneficio de lo tradicional (los partidos), que no iba a tener rostros jóvenes. Y tuvimos respaldo público. Muchas veces nos dicen irrespetuosos, intransigentes, irresponsables, pero en dos años les hemos demostrado todo lo contrario”.


Al poner punto final a este texto la juventud de la Alianza Cívica parecía acercarse a Ciudadanos por la Libertad, uno de los polos liberales de la disputa interna.


¿La agenda juvenil se abrirá paso?


Es importante el número de sillas y el número de votos. Más importante es que la agenda de la juventud del siglo 21 -una agenda que en todo el mundo es ambientalista, feminista, transgresora, y por eso democrática-, la que en abril también emergió en Nicaragua, logre abrirse paso en la espesura de la cultura política criolla, tan tradicional y tan conservadora, aunque se diga “liberal”. La juventud tiene capacidad para renovar la política nacional.


Si no se le da una oportunidad a la juventud de Abril, que llevaba ya esas semillas, en esta instancia unitaria no representará lo que se nombra como el “espíritu de Abril”. Y no porque la edad garantice honestidad y capacidad, tampoco porque los jóvenes no sean también manipulables por intereses económicos y por ideologías.


Es justo darles lugar porque después del parteaguas que en la historia nacional significó el estallido de 2018, la presencia protagónica de la juventud de Abril en la Coalición, sí levantaría la esperanza de quienes no son jóvenes. Y eso fue, esperanza, lo que en abril ellos y ellas lograron despertar en toda la sociedad y en todo nuestro país.


El pasado pactista del PLC


El otro gran conflicto en la Coalición, que también ha hecho tambalear esta iniciativa es el papel que quieren jugar dentro de la Coalición los partidos políticos.


Tal vez por el afán de sumar, cuando aún no estaba bien fraguada la unidad entre la Alianza Cívica y la UNAB ambas organizaciones les abrieron demasiado pronto las puertas a los partidos políticos.


Crea conflictos el PLC. El reconocimiento social que tuvo este partido -como referente del liberalismo, la corriente política mayoritaria en Nicaragua, especialmente en las zonas rurales-, comenzó a perderlo desde que en 1998, estando en el gobierno Arnoldo Alemán como Presidente, pactó con Ortega un “acuerdo de gobernabilidad” que desembocó en la reforma constitucional del año 2000, en la reforma de la ley electoral, en la repartición mitad y mitad de los altos cargos de todos los poderes del Estado, para instalar un modelo bipartidista que Alemán pensó duraría mucho, pero que colapsó muy pronto a favor del FSLN, ya en manos de Ortega y su grupo, más hábil en someter voluntades.


En poco tiempo Ortega “se le fue arriba” a Alemán. Sólo seis años después del pacto, Ortega ya estaba de nuevo en el gobierno. Y en otros seis ya tenía control sobre todas las instituciones del Estado que se habían repartido y ya de hecho funcionaba en Nicaragua un régimen de partido único. Y ya Alemán era su socio menor y Ortega había relegado al PLC y al resto de partidos a jugar el papel de satélites del FSLN.


El "combo" del PLC


El pacto de Alemán con Ortega fue hundiendo al PLC. Sus bases fueron menguando y hoy desconfían del que fue su partido, que nunca ha logrado desprenderse del control de Alemán y de su corte, al frente de ella su esposa María Fernanda Flores, en un ejercicio de poder familiar que repite el modelo de la pareja Ortega-Murillo.


“En harapos” llegó el PLC a la Coalición Nacional buscando en este espacio reinventarse y relanzarse nuevamente como auténtico representante del liberalismo.


El “activo” que exhibe el PLC para presentarse como “la opción” electoral es la casilla legal que tiene como vehículo para participar en las elecciones. Y como ni la Alianza Cívica ni la UNAB ni el Movimiento Campesino son partidos políticos, sino movimientos sociales -muy heterogéneos en su composición y en sus intereses-, y como es muy probable que no consigan una reforma electoral con la que puedan crear un nuevo partido azul y blanco, y eso los dejaría sin “vehículo” electoral para 2021, el PLC ofrece a la Coalición un “combo”.


Les ofrece su casilla legal y, además la presencia de pelecés en todas las estructuras electorales nacionales, departamentales, regionales, municipales y hasta en las miles de juntas de votación, un privilegio que conserva el PLC por el esquema bipartidista del pacto y que sólo se aprecia cuando llegan las elecciones. Es con esa ventaja comparativa que el PLC ofrece su casilla para reunir bajo su bandera a toda la oposición azul y blanco.


¿Qué hará el Partido Evangélico?


También el partido evangélico PRD ofrece a la Coalición su casilla legalizada. El Poder Electoral controlado por Ortega se la concedió en 2017.


El PRD no ha participado aún en ninguna elección. Tiene casilla, pero no estructuras. Sus “bases” y sus votantes, más que reales son potenciales: serían los fieles de las centenares denominaciones evangélicas que existen hoy en Nicaragua.


Hay quienes opinan que con el plus de prestigio que la iglesia católica ha ganado nacionalmente desde Abril, sería muy difícil que un partido evangélico, dirigido por el pastor Saturnino Cerrato, y aún sin estructuras, lograra atraer a su casilla a toda la oposición azul y blanco.


Pareciera que la ventaja comparativa con la que confía el PRD en convertirse en “la opción” es la candidatura presidencial del popular periodista y ferviente evangélico Miguel Mora, exdirector de 100% Noticias, medio televisivo que ganó records de audiencia en 2018. Hay quienes opinan que el PRD terminará optando por respaldar “la opción” del PLC.


¿Rectificará el PLC?


Son varias las razones de la desconfianza en el PLC. Desde la sociedad y en la misma Coalición se le ha pedido a ese partido que dé muestras de distanciamiento de la dictadura ordenando a sus correligionarios renunciar a los cargos que tienen en todos los poderes del Estado.


Este mes causó también rechazo en la Coalición la comunicación que el PLC envió al secretario general de la OEA Luis Almagro sugiriendo que el bipartidismo pactado en 2000, que como “segunda fuerza” le permite al PLC tener representantes en todas las estructuras electorales, no sea objeto de reforma antes de las elecciones de 2021.


No sólo esta acción unilateral, que rompía el consenso que se ha ido consolidando sobre las reformas electorales que hay que exigirle al régimen, causó rechazo en la Coalición. También lo provocó el que la esposa de Alemán y otras dos funcionarias del PLC muy cercanas a él hayan sido las designadas por Alemán para participar en el Comité Político de la Coalición.


Para complicar más las cosas, hay actualmente en el PLC un conflicto interno que tocará resolver al nada independiente Poder Electoral. Sin celebrar la convención nacional, en donde los convencionales votarían por los nuevos cargos directivos del partido, Alemán impuso, al tradicional estilo del “dedazo”, al nuevo presidente del partido, destituyendo “de facto” a quien era su presidenta, la que, acuerpada por un sector del PLC, no acepta la decisión de Alemán y reclama por esa arbitrariedad.


¿Expulsar al PLC?


Tantos han sido los conflictos derivados de la presencia del PLC en la Coalición nomás ingresar que este mes hubo voces pidiendo que si el PLC no rectificaba se le apartara temporalmente de la Coalición o incluso, se le excluyera.


Otros opinaban que con su pasado pactista nunca debieron dejarlo entrar a este esfuerzo de unidad. Otros señalaron en su defensa que las bases que en su día tuvo el PLC participaron muy activamente en la rebelión de Abril y que también en el partido “rojo sin mancha” hay liderazgos valiosos…


Al finalizar este texto, el PLC comenzó a dar marcha atrás aceptando apoyar el consenso en las reformas electorales y renunciar al privilegio que el bipartidismo pactista le dio por ser la “segunda fuerza”. Igualmente, declaró que cambiaría a las mujeres PLC designadas para ser sus representantes en el Comité Político de la Coalición.


La opción de CxL


Por fuera de la Coalición quedaron tres partidos (ALN, PLI, APRE) sin bases ni trayectoria, pero con presencia en el Legislativo, gracias a los fraudes electorales diseñados por Ortega. Son satélites del FSLN que en sucesivos comicios se han ofrecido para participar, proyectando, sobre todo en el escenario internacional, un pluralismo político que no existe.


Quedaron también por fuera, con el propósito de convertirse en la otra “opción electoral”, el disminuido Partido Conservador y Ciudadanos por la Libertad (CxL), disidencia del PLC desde 2005, un partido que ha tenido distintos nombres hasta que en 2015 tomó ése.


Conservadores y CxL ya han anunciado que se unirán en un proyecto de centro derecha y se conoce que están respaldados por el sector empresarial, en el que prevalecen los intereses del capital financiero. No suenan aún sus posibles candidatos presidenciales. Sí suena ya un esfuerzo para atraer a líderes de la juventud de Abril.


La opción liberal de la "oposición decente"


Años de fricciones en el liberalismo, hasta culminar en la separación entre el PLC y CxL pesan estratégicamente en el proceso que hoy fragmenta a la Coalición Nacional. Entre ambos partidos hay una fractura irreconciliable, según ha declarado una y otra vez Kitty Monterrey, presidenta de CxL y asistente personal durante años del banquero y político Eduardo Montelaegre.


Abogando por una “oposición decente”, que insiste en no reconocer ni en la UNAB ni en la Coalición, CxL aspira a ser “la opción” que atraiga a la mayoría azul y blanco, aun cuando esto divida a la oposición y, en consecuencia, favorezca a Ortega.


Sus dirigentes afirman ser aliados de la Alianza Cívica, pero no pierden oportunidad de criticar a la Coalición y menosprecian públicamente a los movimientos sociales de la UNAB. (“Son grupos muy pequeños, LGBT y MRS”, dice de ellos uno de sus asesores) y en sus declaraciones CxL actúa continuamente como factores de división en la Alianza y la UNAB.


El combo de CxL y el pacto que "sigue vivo"


La irreconciliable división entre el PLC y CxL trata de dirimirse destruyendo a la Coalición. Tras esta disputa hay intereses económicos.


CxL ofrece también a la mayoría social azul y blanco un “combo” electoral: una casilla legal, con personería jurídica, y sus bases, a las que llama un “ejército de fiscales”, unos 30 mil militantes de ese partido que defenderían el voto el día de las elecciones.


Si el PLC renunciara realmente a la presencia de “pelecés” en las estructuras electorales, como ha dicho al terminar agosto, ambas opciones ofrecerían “combos” muy similares.


Cuán confiable será el PLC en sus decisiones y rectificaciones hasta llegar a la fecha electoral es un temor que explota CxL en sus mensajes. Lo resalta Kitty Monterrey cuando afirma: “El PLC hará lo que Ortega le diga que tiene que hacer. Arnoldo Alemán controla el PLC y, por lo tanto, el pacto con el Frente Sandinista sigue vivo”.


Alemán critica implícitamente a CxL cuando habla de “hongos que surgen en la lluvia vestidos de azul y blanco, fingiendo ser puros y señalando con el dedo a diestra y siniestra a los que sí hemos luchado y dado la cara por este país”.


Una nueva casilla azul y blanco


Las encuestas muestran una mayoría social que supera el 70% y que adversa a Ortega, pero que no se reconoce aún en ningún grupo de los que dicen estar en la oposición. Sin duda, a lo que aspira esa mayoría azul y blanco es a competir en las elecciones con algo nuevo: con casilla propia, con nombre, bandera y símbolos propios, una casilla en la que reunir, en una amplia alianza, a todos los movimientos surgidos de la rebelión de Abril y a todos los partidos que decidan enfrentar unidos la dictadura.


Hoy por hoy, lograr algo así tendría que ser negociado con Ortega, con gran determinación e inteligencia y con una sólida unidad, que modifique la actual correlación de fuerzas, estancada desde hace muchos meses, y que favorece a Ortega. Hoy por hoy, determinación y unidad parecen estar “en la cola de un venado”…


"Esto no es de derecha ni de izquierda"


La contradicción que está desgastando al país, que es democracia-dictadura quiere ser sustituida, por las dos opciones liberales, tanto por el PLC como por CxL, por la contradicción antisandinismo-sandinismo.


Cuando comenzó a forjarse la Coalición, a inicios de 2020, aún sin miedo al cansancio y a la desesperanza, la dirigente juvenil Ivania Álvarez decía: “Esto no es de derecha ni de izquierda. Aquí no preguntamos por ideología. No sólo queremos salir unidos de este régimen, queremos otra forma de hacer política, salir del autoritarismo, salir de eso que ha sido siempre, que uno o dos deciden. Queremos que la política no sea mandar y obedecer. Necesitamos de rostros jóvenes y también de la experiencia de los no jóvenes”.


Ése es el espíritu de Abril, el que podría perderse si fracasa la amplia unidad azul y blanco para la que nació la Coalición Nacional.


Diez años de calculada destrucción de cualquier expresión opositora -organizaciones, partidos, instituciones y personas- para imponer no sólo un proyecto dinástico, también un modelo de partido único, explican las dificultades de la Coalición, que ha amalgamado en un tiempo muy breve, bajo las balas primero, bajo la pandemia ahora, a muchos vigores dispersos, y a representantes de intereses encontrados que hasta Abril nunca se hablaban, ni siquiera se conocían.


Abril fue una rebelión improvisada, con mucho entusiasmo, pero con una enorme desorganización que en más de dos años no ha logrado tener dirección y estrategias consensuadas.


¿Unidad o "aterrizaje suave"?


Diez años de complicidad de la dictadura con la empresa privada en el modelo corporativo es otra de las razones para que la Coalición no termine de definirse y haya en ella fracturas.


Hay empresarios y representantes del gran capital en la Alianza Cívica, que desde Abril, aunque tomaron distancia de Ortega, temen un cambio drástico que haga imposible el “aterrizaje suave” que hoy quieren asegurarse respaldando la opción de CxL. ¿Qué significará “suave” para quienes hasta 2016 llamaron “populismo responsable” a la dictadura que ya había fraguado Ortega?


En este aspecto, tendrán influencia en el futuro de la Coalición los resultados de las elecciones en el COSEP del 8 de septiembre. Uno de los candidatos a sustituir al frente del COSEP al reelecto doce veces José Adán Aguerri, experimentado operador político del gran capital nacional, es el agroexportador Michael Healy, quien ya declaró sin rodeos que él respalda la opción electoral de CxL.


Personalismos y ausencia de debate


A la fragilidad que ha mostrado la Coalición hay que sumar rasgos enraizados en nuestra cultura política, tanto en los partidos como en las organizaciones sociales como en la clase empresarial. Rasgos nunca superados.


En la consolidación de la Coalición Nacional están pesando los personalismos extremos que, en vez de colaboración, se traducen en competencia, en confrontación y en desconfianzas de unos hacia otros. O en todo lo contrario: en amiguismos y compadrazgos.


Sumado a eso, la escasa o nula práctica de debate en la familia, la escuela y la sociedad entera, acostumbrados a resolver los conflictos por violencia física o verbal, habituados más a vencer con el rumor por detrás que con la franqueza por delante, más a la descalificación del que propone que a la argumentación para proponer, explican también algunos de los conflictos que no permiten que la Coalición Nacional cumpla con el mandato que la mayoría social azul y blanco le dio a esta organización.


Diálogo con Michael Kozak


Mientras los dos proyectos liberales se disputan el espacio en donde competirían con Ortega en 2021, Washington mantiene a Nicaragua en su agenda. Este mes el subsecretario de Estado estadounidense, Michael Kozak, quiso conocer en qué etapa está la Coalición Nacional.


Los interlocutores a quienes convocó Kozak el 11 de agosto a una reunión virtual de hora y media fueron cinco representantes de la Alianza Cívica, dos de ellos del sector juvenil; cinco de la Unidad Azul y Blanco (UNAB), dos de ellos de su sector juvenil; y un representante del Movimiento Campesino.


En la selección hubo un mensaje de reconocimiento a las tres fuerzas emergentes de Abril, fundadoras de la Coalición Nacional. Otro mensaje del alto funcionario de Washington fue incluir entre los invitados al sector juvenil y no convocar a ningún representante de los partidos políticos integrados en la Coalición. Félix Maradiaga, dirigente de la UNAB, describió el diálogo como “de enorme franqueza sobre los cuellos de botella que tiene hoy la Coalición”.


Al presentar a Kozak el estado actual de la Coalición, el coordinador de la Alianza Cívica, Carlos Tünnermann, reconoció que esta instancia estaba atravesando una situación “compleja” que se debía a la presencia de los partidos políticos, con la que “se ha roto el balance que existía en el diseño original de la Coalición”.


Hay quienes opinan que a Washington no le importa quién prevalezca dentro de la Coalición, siempre que todos resuelvan pronto sus diferencias y presenten a la población un liderazgo atractivo. Lo que parece importarles más es que en 2021 vayan unidos en un solo bloque a las elecciones.


Venezuela: Elecciones sin condiciones


Durante años Ortega se ha visto en el espejo de Venezuela para calcular qué hacer. ¿Cómo influirán las cuestionadas elecciones parlamentarias que Nicolás Maduro ha convocado para diciembre, para imponerse sobre la oposición liderada por Guaidó en unos comicios sin condiciones de transparencia y justicia?


Aunque la oposición venezolana ha llamado a la abstención, los obispos de ese país han exhortado a la oposición a no abstenerse, sino a “buscar salidas”. Y a la población, a salir a votar, considerando que “la abstención hará crecer la desesperanza en el futuro”.


¿Qué dirán los obispos nicaragüenses cuando se acerque la fecha de la cita electoral? Faltando aún tantos meses para esa fecha y siendo tantos los “nublados” por despejar, podríamos mirarnos en el espejo venezolano para reflexionar.


Para hacerlo nos servimos de un fragmento del interesante comentario que Ofelia Avella, profesora del Departamento de Humanidades de la Universidad Metropolitana de Caracas, hace al comunicado de los obispos de Venezuela.


Parecen hablarle a la Coalición Nacional de Nicaragua...


Náufragos perdidos en un mar de confusión


“El comunicado de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana tiene dos conclusiones muy sólidas -dice Avella-: las elecciones parlamentarias convocadas son ilegítimas y frente a ello, no puede asumirse una posición meramente pasiva. La mera abstención no es estrategia”.


Y continúa: “Si los obispos no hablaron de las “condiciones” que hay que poner al régimen ante un eventual proceso electoral no es porque no sepan que estas condiciones son necesarias. Pienso que sólo hicieron un llamado a la unidad de la oposición, pues ¿de qué condiciones van a hablar si nosotros estamos divididos?”


“¿Cómo puede hablarse de exigencias al régimen si entre nosotros hay muchos que no creen en un proceso electoral, otros que sí consideran que esa es la vía, otros que están esperando la intervención extranjera, otros un golpe militar y muchos en el medio que no tienen ni idea de qué hacer? Mis hijos me preguntan qué hacer; mis alumnos también”.


“Todos parecemos náufragos perdidos en un mar de confusión sin saber hacia dónde mirar. Los obispos han dicho lo que había que decir: no hemos logrado ponernos de acuerdo sobre lo que hay que hacer y ante esta gran encrucijada, ¿qué otra cosa pueden decir sino lo que dijeron?”


“Si las ovejas están todas desperdigadas, como Quijotes con sus planes individuales luchando en principio por lo mismo, ¿cómo no va a ser más fácil que el lobo se coma a una mientras el resto se dispersa sin darse siquiera cuenta de a cuáles se va comiendo en el caos?”


“Lo primero que dijeron es que han hecho varios llamados ante los sufrimientos del pueblo. Dijeron también que la abstención no basta, pues se trata de ser activos. El llamado a la conciencia de los políticos provocó fuertes reacciones, pero si son mínimamente humildes, tendrían que reconocer que el comunicado pone de relieve la gran verdad de la dispersión y del caos que vivimos: no estamos unidos en torno a ningún plan y el tiempo apremia”.


199 años después...


¿Lograremos la unidad por la que claman las voces más lúcidas de este país, la que necesitamos para superar mezquindades y enfrentar a esta dictadura? ¿Lograremos ponernos de acuerdo en esta gran encrucijada nacional, superar la dispersión, tener una mínima humildad para renunciar a disputas que desesperanzan a los que más sufren y entender que el tiempo apremia?


Tampoco hubo acuerdo en aquella confusa jornada de la frágil independencia centroamericana, hace ahora 199 años. Por eso, no demos ningún conflicto por irresoluble ni ningún desafío por resuelto, porque falta mucho por hacer. Tampoco lamentemos lo hecho como un fracaso porque aún nos queda tiempo… "hasta tanto no se aclaren los nublados del día".

Lea el artículo de la Revista Envío aquí.

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