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Iglesia católica en Nicaragua bajo ataque: hasta tres agresiones por día en cuatro años

Agresiones físicas y verbales, amenazas, profanaciones y robos a los templos, pintas en muros de las iglesias y casas pastorales; todas instadas por los discursos de la dictadura Ortega-Murillo.


Por Voces En Libertad | @VocesNi

Política

Managua, Nicaragua

Desde el 2018, la iglesia católica nicaragüense ha sufrido un promedio de tres agresiones de diferentes tipos por día. Para el régimen de Daniel Ortega, los religiosos pasaron de ser los mediadores en la crisis sociopolítica, a un enemigo que debía atacar con todo.


Una recopilación de la investigadora nicaragüense Martha Molina señala que obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos han sufrido al menos 190 ataques desde el 2018 hasta la semana pasada.


Hace tan solo unas horas, un propagandista radial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, dijo que los sacerdotes deberían estar presos. “¿Qué corona tiene Álvarez?, ¿Qué corona tiene Padilla?”, se preguntó refiriéndose al Obispo de Matagalpa Rolando Álvarez Lagos y al padre de Masaya Harving Padilla. Y hace cuatro años el guerrillero orteguista Edén Pastora, les recordó en televisión que “las balas atraviesan sotanas”.


Antes del 2018, el régimen mantenía una relación distante con la iglesia, pero respetuosa. El 19 de julio, tres meses después del estallido social que Ortega sofocó con policías y fanáticos armados y que dejaron 355 muertos según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, todo cambió. En la plaza de la Fe, y teniendo como invitado al representante personal del Papa, el Nuncio Waldemar Sommertag, un Ortega furibundo acusó a los sacerdotes de ser parte de una conspiración en su contra. Los llamó golpistas y les declaró la guerra.


El año más difícil


La investigación de Molina muestra que a partir de ahí y todo el año 2019, fueron los meses que más ataques se registraron contra los religiosos. “El 48,25 % por ciento de las agresiones ocurrieron en 2019”, dice Molina en el documento. “Los ataques han sido constantes”, añade la investigadora al ser consultada para este reporte.


Desde el discurso violento de Ortega contra los obispos hasta el cierre del 2018, los incidentes contra la iglesia llegaron al 46,24 %, a 40,21 % en 2020, a 35,19 % en 2021 y 21,11 % hasta mayo de este año.


“Hay que tomar en cuenta que van tan solo cinco meses de este año y los incidentes registrados han llegado a la mitad de las estadísticas más altas, es alarmante”, comenta un analista local que pide hablar bajo reservas para evitar la persecución del régimen.


Añade la fuente que otro dato a destacar en el estudio de Molina, es que en los últimos incidentes los operadores de la dictadura además de ser “más sistemático, ha definido objetivos, las agresiones son como más dirigidas”, advierte.


Y es que apenas hace unos días el régimen se lanzó contra Monseñor Rolando Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa, al extremo que el religioso se vio obligado a refugiarse en una parroquia de Managua, y durante su permanencia, se mantuvo rodeado de policías y fanáticos del régimen. Otro sacerdote que sufrió el fuerte asedio, fue el padre Harving Padilla, de la iglesia San Juan Bautista de Masaya, a quien los represores mantuvieron preso en su parroquia por más de ocho días.


La voz de Monseñor Álvarez es considerada la más crítica que ha denunciado los abusos del régimen y ha llamado a los ciudadanos a mantener su fe en que vendrán tiempos mejores. “Sus homilías son puntiagudas e incómodas para la dictadura”, señala el analista.

Pero no fue lo único, antes del fin de esta semana, el viernes 20, Ortega y Murillo ordenaron, al ente regulador del espacio radioeléctrico Telcor que gestionara ante la empresa Claro “apagar” la señal del Canal 51, propiedad de la iglesia católica, el que se servía en cables y desde donde los religiosos difundían sus actividades religiosas, evangelizaban, compartían las homilías e impartían catequesis.


Hostilidad contra sacerdotes


La investigación de Molina, señala que las hostilidades más comunes contra los religiosos han sido las agresiones físicas, verbales y las amenazas, las profanaciones y robos a los templos, las pintas en muros de las iglesias y casas pastorales, los discursos de odio de Daniel Ortega y de Rosario Murillo y la persecución contra las organizaciones de caridad de la Iglesia Católica.


En el caso de las agresiones y amenazas estas llegan a representar el 37 % de las hostilidades. Destaca la investigadora que este tipo de ataques, causaron el exilio de al menos tres sacerdotes desde la crisis iniciada en abril de 2018.


Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua y el padre Edwin Román, son dos de los sacerdotes más conocidos que se vieron obligados a dejar el país debido a la persecución.


El 10 de junio de 2018 un grupo de encapuchados interceptaron al padre Vicente Martínez de la parroquia de Santa Lucía, en Ciudad Darío, Matagalpa y le pusieron una AK-47 en la cabeza. Le dijeron iban a matar porque sus homilías eran “un veneno”.


“Los sacerdotes que han denunciado los abusos contra los ciudadanos han pagado un costo muy alto”, dice la investigadora, quien tiene una maestría en Corrupción y Estado de Derecho por la Universidad de Salamanca, España. “Lamentablemente, no hay una señal clara de que los ataques vayan a disminuir, porque la crisis en Nicaragua no parece ir hacia alguna solución, todo lo contrario, empeora”, advierte Molina.


Las dolorosas profanaciones


De acuerdo a la investigación las profanaciones a los templos llegaron a ser la segunda hostilidad más sistemática. En el listado de agresiones en estos cuatro años ocupa el 49 %, siendo la más grave según la investigación, el incendio provocado en una de las capillas de la Catedral de Managua el 31 de julio de 2020, y donde ardió la venerada imagen de la Sangre de Cristo, una reliquia de 382 años de historia.


Pero a los templos, no solo los han atacado en la oscuridad de la noche, también han sufrido ataques desde las instituciones estatales y bajo fuerte sol. El estudio denuncia los cortes de los servicios de agua y luz eléctrica en momentos en que alguna parroquia se encontraba bajo asedio. Uno de varios ocurrió en abril de 2018, cuando manifestantes se refugiaron en la Catedral. El régimen les cortó el fluido eléctrico.


En 2019 en Masaya, el 15 de noviembre de 2019 la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (ENACAL) le cortó el servicio de agua a la iglesia San Miguel de Masaya, como respuesta al anuncio de varias madres de presos políticos que anunciaron una huelga de hambre en el templo.


“Lamentablemente, no hay una señal clara de que los ataques vayan a disminuir, porque la crisis en Nicaragua no parece ir hacia alguna solución, todo lo contrario, empeora”, advierte Molina.


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