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La "unidad", la franqueza y el largo camino de la oposición de Nicaragua

Las y los protagonistas de siempre han desmoralizado nuestra capacidad como país para hacer política y gobernanza. No escuchan los reclamos ciudadanos de "ya no más de lo mismo". Es una lucha obstinada por buscar una unificación carente de divisiones y en favor de unos pocos. Necesitamos un nuevo fenómeno. Es momento de derrocar al vacío discurso de la unidad, para vencer a la dictadura.


Por Redacción Central | @CoyunturaNic

Managua, Nicaragua
Fotografía de Coyuntura
Fotografía de Coyuntura

El régimen sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua ha descabezado la democracia y a la oposición política en el país centroamericano. A lo largo de los últimos años, hemos sido testigos de cómo se ha desmantelado a la oposición política, institucional y electoral en una serie de movimientos estratégicos y caníbales por parte del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). La situación es clara: en la actualidad, la oposición en Nicaragua está prácticamente anulada. No existe. No hay, dentro del país, quien le haga frente al sistema sandinista, a su aparataje, e incluso a su violencia sistemática.


En la Asamblea Nacional, los votos afirmativos fluyen sin obstáculos, y la oposición ha perdido su capacidad de confrontar, instigar y buscar soluciones para el bienestar de la nación. Esta triste realidad ha llevado a muchos líderes de la oposición a exiliarse, forzados por la persecución, la crisis humanitaria, económica y social, o por la pérdida de su nacionalidad, tras el destierro. Quienes han decidido enfrentarse al régimen, ya sea desde medios de comunicación independientes o desde otros sectores, también han tenido que huir del país. Las y los que todavía hablamos al respecto estamos afuera.


Es así como hoy en día la oposición de Nicaragua se encuentra dispersa en diversas partes del mundo, desde Costa Rica hasta Estados Unidos, pasando por Guatemala, México, España, Canadá, Colombia, Holanda y Francia. Sin embargo, en lugar de unirse en su lucha por una Nicaragua mejor, o al menos por un solo bloque, estos protagonistas a menudo se encuentran divididos y constantemente se enfrentan, por razones tan mundanas como irrelevantes.


La unidad, en estas circunstancias, parece una trampa. A pesar de compartir objetivos y rasgos comunes, las diferencias entre los miembros de la oposición a menudo los excluyen, incluso a la hora de hablar y de ser honestas y honestos entre sí. Las divisiones surgen por motivos tan triviales como la orientación sexual, el color de piel o la edad. Qué sí sos pobre. Qué sí te mandan a traer. La lucha por tener siempre la razón en nombre de la unidad es contraproducente y egoísta. Es más de lo mismo.


Es hora de superar el vacío discurso de la unidad y centrarse en derrocar a la dictadura. Pensar en construir algo nuevo. Un sistema que valga la pena para todas y todos. Durante años, la sociedad y los medios de comunicación han dejado claro que no aceptarán discursos y patrones que sean más de lo mismo. Hay una razón para ello, y es que los políticos actuales han socavado nuestra capacidad como país para hacer política y gobernar con honestidad y transparencia.


La franqueza y la aceptación deben ser una tarea diaria para todos, desde los líderes de la oposición hasta los funcionarios y poderosos. Sabemos que es mucho pedir, pero es necesario. Escuchen a la gente y a aquellos que buscan la verdad y el desarrollo. Hablen y diríjanse a las y los no convencidos. Son un factor clave en este proceso de cambio, que ya ha iniciado.


La franqueza de la "oposición exiliada" de Nicaragua a veces parece tener dos caras. Si tan solo pudiéramos conocer siempre sus pensamientos más sinceros en la confidencialidad.


Porque el camino hacia la liberación de Nicaragua es largo y difícil, pero será más liviano si la oposición puede dejar de lado sus diferencias -en la práctica- y trabajar juntos con un objetivo común: restaurar la democracia, la justicia y la prosperidad en Nicaragua. Hacer un plan. Las disputas internas solo debilitarán la causa y darán más poder al régimen que intentan derrocar. Es hora de unirse, de hablar con acciones, y de buscar un camino hacia un futuro mejor para Nicaragua y su pueblo.


Por otro lado, las "advertencias" por parte de los que se creen ungidos también es irrealista. Los "ruidos" que denuncian los causan ellas y ellos mismos con su deshonestidad, sus malas prácticas y la imposición de sus propios intereses. La lupa y el teclado también son herramientas que se usarán para escudriñar sus posturas.


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