El árbol de Navidad en la Casa Presidencial de El Salvador, símbolo de la "era de paz" bajo el mandato de Nayib Bukele
- Dec 24, 2025
- 6 min read
El árbol de Navidad de Nayib Bukele ha dejado de ser un adorno urbano para convertirse en un acontecimiento político e institucional con múltiples lecturas. Es —por un lado— espectáculo popular y revulsivo para la economía local; por otro, un instrumento comunicacional situado en un paisaje institucional donde la transparencia y los contrapesos han sufrido transformaciones profundas. Celebrar la recuperación del espacio público no es incompatible con exigir que el Estado explique con detalle cómo, cuánto y para quién gasta. El reto para la sociedad salvadoreña es mantener, simultáneamente, el disfrute ciudadano de la plaza y la exigencia democrática de cuentas claras: que las luces no sirvan para eclipsar lo esencial.
Por Jairo Videa | @JairoVidea
San Salvador, El Salvador

En la víspera de Navidad, mientras el mundo se prepara para celebrar el cierre de otro año marcado por desafíos globales, El Salvador ha consolidado una ceremonia que se ha convertido en emblema de su transformación interna: el encendido del árbol navideño en Casa Presidencial. Este ritual, impulsado por el presidente Nayib Bukele, no solo marca el inicio de las festividades decembrinas, sino que encapsula un mensaje de renovación, seguridad y cohesión familiar en un país que, hasta hace poco, lidiaba con índices alarmantes de violencia. Ayer, martes 23 de diciembre de 2025, la familia presidencial —compuesta por Bukele, su esposa Gabriela Rodríguez de Bukele y sus hijas Layla y Aminah— protagonizó una vez más este acto, transmitido en cadena nacional y a través de plataformas digitales, atrayendo la atención de miles de salvadoreños.
El evento, que se ha repetido anualmente desde al menos 2021, representa un punto de inflexión en la narrativa nacional. En un contexto donde El Salvador ha pasado de ser catalogado como uno de los países más peligrosos del mundo a un modelo de control sobre la delincuencia organizada, esta tradición parece servir como vitrina para exhibir los logros en materia de seguridad. Según declaraciones del propio mandatario, el encendido del árbol no es mero espectáculo festivo, sino una oportunidad para que las familias salvadoreñas experimenten el "espíritu navideño plenamente", en un entorno de "confianza recuperada y esperanza". Durante la ceremonia de 2024, por ejemplo, Bukele enfatizó cómo miles de hogares han podido disfrutar de atracciones como la Villa Navideña en el Centro Histórico, la más extensa de Centroamérica, sin el temor que antes imperaba debido a las pandillas.
Para comprender el alcance de esta costumbre, es necesario retroceder en el tiempo y verificar su evolución. Los registros públicos y transmisiones archivadas muestran que el primer encendido documentado bajo la administración Bukele ocurrió el 23 de diciembre de 2021. En aquella ocasión, el presidente invitó a la nación a sintonizar la cadena nacional a las 08:00 p.m., compartiendo el momento a través de una transmisión en vivo en Facebook. El acto incluyó un video donde Bukele, junto a su familia, activaba las luces del árbol, acompañado de un mensaje que destacaba la importancia de la unión en tiempos de adversidad. Aunque modesto en comparación con ediciones posteriores, ya entonces se perfilaba como un gesto para conectar directamente con la ciudadanía, evitando los canales tradicionales de comunicación.
Al año siguiente, en 2022, la ceremonia ganó en magnitud y simbolismo. El 23 de diciembre, Bukele, Gabriela y su hija Layla —entonces una niña pequeña— presidieron el encendido, que fue transmitido por YouTube y televisión abierta. En su alocución, el presidente subrayó que aquel era "el primer Navidad en paz y felicidad para todos", atribuyendo el cambio a la guía divina, al trabajo de las fuerzas de seguridad y al compromiso colectivo. "El 2022 será recordado como el año en que El Salvador alcanzó la verdadera seguridad, libertad y paz. Dios está sanando nuestra tierra, y los salvadoreños debemos agradecerle", expresó Bukele, aludiendo implícitamente al régimen de excepción implementado ese año para combatir a las maras. La transmisión incluyó interacciones con personajes festivos, como Rodolfo el Reno, y cerró con deseos de prosperidad para 2023, enfatizando la fe en un futuro mejor.
En 2024, la tradición se expandió geográficamente. El 07 de diciembre, Bukele anunció la inauguración de una "mágica Villa Navideña" en el Centro Histórico de San Salvador, que incluía el árbol de Navidad más grande de Centroamérica, la Casa de Santa Claus, una fábrica de galletas, una estación de tren y un mercado temático. Esta iniciativa, abierta al público desde las 06:00 p.m., atrajo multitudes y sirvió como preludio al encendido principal en Casa Presidencial, programado para el 22 de diciembre. La transmisión en vivo, disponible en X (anteriormente Twitter), capturó el momento en que la familia presidencial activaba las luces, acompañado de un mensaje que resaltaba la recuperación de la tranquilidad pública.
Observadores internacionales, como el analista Mario Nawfal, describieron el cambio como una transformación de "centro de carteles a un paraíso festivo", contrastando con la imagen previa de un país asediado por la violencia.
Este año, en 2025, el ritual se mantuvo fiel a su esencia familiar y nacionalista. El 23 de diciembre, a las 7:00 p.m., la familia Bukele —ahora con dos hijas— encendió el árbol en una ceremonia transmitida en cadena nacional y redes sociales. Un momento destacado fue la interacción entre Santa Claus y Layla, quien compartió un diálogo emotivo que simbolizó la inocencia infantil en un contexto de celebración colectiva. Bukele, en su intervención, reiteró: "que Dios acompañe a cada familia, les dé fortaleza y guíe sus caminos. De nuestra familia para ustedes, feliz Navidad y feliz Año Nuevo, lleno de paz, bendiciones y nuevas oportunidades". La Secretaría de Prensa de la Presidencia enfatizó que el objetivo es integrar a miles de salvadoreños en la festividad desde sus hogares, fortaleciendo el sentido de comunidad.
Más allá de la luminaria y el oropel, surge la interrogante sobre el propósito subyacente de esta práctica. Fuentes verificadas, incluidas las declaraciones presidenciales, indican que va más allá de lo ornamental: se trata de un instrumento para proyectar estabilidad y optimismo. En 2022, Bukele lo vinculó directamente a los avances en seguridad, afirmando que las familias podían reunirse y viajar sin miedo, un lujo impensable en décadas anteriores dominadas por la criminalidad. En ediciones recientes, como la de 2024, se ha enfatizado la "confianza recuperada", aludiendo a la drástica reducción de homicidios bajo su gobierno —de más de 50 por cada 100,000 habitantes en 2018 a menos de 3 en 2024, según datos oficiales—. Además, la inclusión de elementos como la Villa Navideña promueve el turismo interno y la economía local, con atracciones que generan empleo temporal y fomentan el consumo en mercados artesanales.
Sin embargo, no todo es unanimidad. En redes sociales, algunos usuarios han cuestionado el costo de estos eventos, argumentando que recursos invertidos en espectáculos podrían destinarse a necesidades básicas, como apoyo a niños en situación de pobreza. Críticas aisladas en respuestas a publicaciones oficiales mencionan un "derroche de opulencia" financiado con impuestos, aunque estas voces representan una minoría en un ecosistema digital donde el apoyo a Bukele predomina. Otros comentarios desvían el foco hacia temas ambientales, como la oposición a proyectos mineros, pero no se vinculan directamente con la ceremonia navideña.
Desde una perspectiva más amplia, esta tradición presidencial se inscribe en una estrategia de comunicación directa que Bukele ha perfeccionado. Utilizando plataformas como X, donde cuenta con millones de seguidores, el mandatario transforma eventos personales en narrativas nacionales. En 2022, por instancia, contrastó imágenes de multitudes en el encendido con reportes mediáticos que pintaban a El Salvador como un lugar de temor gubernamental, desafiando percepciones externas. Esta aproximación no solo humaniza su figura –presentándolo como padre y esposo– sino que refuerza su imagen de líder transformador, en sintonía con su autodenominación como "Rey Filósofo" en su biografía digital.
En suma, el árbol de Navidad en Casa Presidencial ha evolucionado de un simple acto ceremonial a un pilar de la identidad festiva salvadoreña bajo Bukele. Verificado a través de transmisiones archivadas y declaraciones oficiales, su fin aparente es celebrar la paz conquistada, promover la unidad familiar y proyectar un El Salvador renacido. Mientras las luces parpadean en San Salvador, queda claro que esta costumbre no solo ilumina la noche, sino que aspira a disipar las sombras del pasado, invitando a la nación a mirar hacia un horizonte de prosperidad compartida.
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