Estados Unidos afina su señal al régimen Ortega-Murillo: de advertencias diplomáticas a señalamientos directos tras detención de Maduro
- 7 feb
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El reclamo de Departamento de Estado estadounidense sobre la "Copresidencia" coincidió con el aniversario de la reforma constitucional que, en enero-febrero de 2025, redefinió la estructura del Estado nicaragüense, eliminó controles y equilibrios y abrió la vía para que Rosario Murillo ejerciera funciones ampliadas —según críticos— y para una eventual sucesión automática sin comicios competitivos. Organismos internacionales, medios especializados y activistas consultados por COYUNTURA consignaron que esas enmiendas amplían la duración del mandato presidencial y concentran atribuciones en la pareja monarquica.
Por Jairo Videa | @JairoVidea
Managua, Nicaragua

Estados Unidos ha endurecido de manera visible su discurso y sus advertencias hacia el régimen nicaragüense encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, enviando señales políticas, diplomáticas y estratégicas que, leídas en conjunto, configuran un nuevo momento de tensión entre Washington y Managua, cuando ya hay un sheriff de América continental.
Los mensajes ya no se limitan a declaraciones genéricas sobre la situación democrática del país, sino que apuntan de forma directa a las figuras del poder, cuestionan la legitimidad del modelo político impuesto y colocan a Nicaragua dentro del radar de seguridad nacional estadounidense.
Murillo, señalada como responsable directa
Uno de los giros más relevantes se produjo con el pronunciamiento del Departamento de Estado de Estados Unidos, que por primera vez centró su crítica explícita en Rosario Murillo, a quien acusó de haberse "inventado" el cargo de copresidenta sin respaldo electoral ni mandato ciudadano. El señalamiento marca un cambio sustancial: Washington deja de tratarla únicamente como acompañante política de Ortega o como portavoz del Ejecutivo, y la coloca como una figura con poder efectivo y responsabilidad directa en la represión y en la toma de decisiones del régimen.
Para la oposición nicaragüense articulada en la Plataforma de Unidad por la Democracia (PUDE), este mensaje implica un reconocimiento internacional de que Murillo gobierna en los hechos. Su portavoz, el abogado desnacionalizado Roger Reyes, interpretó que Estados Unidos identifica a Murillo como autora directa de la represión, con el mismo nivel de responsabilidad política que Ortega. Según su lectura, al afirmar que la copresidencia fue "fabricada", Washington subraya la ausencia total de legitimidad democrática y confirma que el poder fue apropiado sin elecciones libres ni consentimiento popular.
El Departamento de Estado de Marco Rubio también dejó claro que ese control se sostiene en el miedo y la coerción, no en el respaldo ciudadano, al advertir que el régimen evita cualquier proceso electoral con garantías porque sabe que lo perdería.
El mensaje coincide con el primer aniversario de la reforma constitucional aprobada en enero de 2025, mediante la cual se transformó el Estado nicaragüense, se eliminó el equilibrio de poderes y se concentró la autoridad en la pareja presidencial. Desde febrero de ese año, Murillo pasó formalmente de la vicepresidencia a la copresidencia, en un contexto que expertos describen como un intento de consolidar una dinastía familiar.
Libertad religiosa bajo escrutinio
A la crítica política se sumó una advertencia diplomática en materia de derechos humanos. El encargado de negocios de la embajada estadounidense en Managua, Elias Baumann, alertó públicamente sobre las amenazas a la libertad religiosa en Nicaragua, recordando que la práctica de la fe sin interferencia estatal es un derecho universal. El mensaje fue difundido en un momento simbólico: coincidió con la conmemoración oficial del recién instaurado Día de la Reconciliación y la Paz, decretado como feriado por el régimen en el marco del centenario del cardenal Miguel Obando y Bravo.
Baumann subrayó que, durante 250 años, Estados Unidos ha defendido libertades fundamentales como la de expresión, religión y reunión pacífica, y sostuvo que la libertad religiosa fortalece el tejido social, lejos de amenazarlo. Sus declaraciones se producen en un contexto de creciente control estatal sobre instituciones eclesiales y líderes religiosos críticos, así como de un endurecimiento del discurso oficial contra sectores de la Iglesia católica.
Organismos internacionales de derechos humanos han documentado en los últimos años una persecución sistemática: cierre de templos, cancelación de organizaciones vinculadas a la iglesia, expulsiones y detenciones de sacerdotes, además de restricciones a procesiones y celebraciones públicas. El mensaje de la embajada se inscribe así en una línea más amplia de presión de Washington, que conecta la situación de libertades civiles con la deriva autoritaria del régimen.
Nicaragua, pieza en el tablero geopolítico
La presión estadounidense no se limita al terreno de los derechos humanos. En una comparecencia ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el secretario de Estado, Marco Rubio, colocó a Nicaragua en un plano estratégico al identificarla como una de las plataformas de operaciones rusas en el hemisferio occidental, junto con Cuba y Venezuela. Rubio hizo estas declaraciones al explicar el operativo militar que culminó con la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, y sostuvo que Moscú utilizó a esos países para proyectar sus intereses en América Latina.
Al mencionar explícitamente a Nicaragua como parte de esa red, Washington la somete a un escrutinio directo en un momento en que redefine su estrategia de seguridad regional. Para el analista en seguridad Roberto Orozco, la dictadura de Ortega representa un "pendiente" en la agenda del presidente Donald Trump, quien —según su análisis— buscaría resolverlo antes de concluir su mandato en enero de 2029.
Los vínculos entre Managua y Moscú se han intensificado desde el retorno de Ortega al poder en 2007, retomando una relación histórica que se remonta a la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética fue el principal aliado militar del sandinismo. Esa relación cobró nuevo impulso con el ascenso de Vladimir Putin y se ha traducido en acuerdos políticos, militares y de seguridad que hoy generan alarma en Washington.
Cooperación militar y policial con Rusia
En octubre de 2025, Nicaragua y Rusia firmaron un acuerdo intergubernamental de cooperación militar que prevé intercambio de información, coordinación en defensa radiológica, química y biológica, capacitación de personal y asistencia mutua en seguridad regional. Paralelamente, se suscribió un convenio de capacitación militar por cinco años —renovable— que contempla visitas de delegaciones, observación de ejercicios militares y fortalecimiento de la relación entre ambos ejércitos.
Uno de los elementos más sensibles de esta cooperación es el centro de capacitación del Ministerio del Interior ruso que opera en Managua desde 2017 y que fue ratificado mediante un acuerdo policial en abril de 2024. Según Orozco, este componente es clave para entender la preocupación estadounidense, ya que el apoyo ruso se materializa principalmente en técnicas de represión policial. De acuerdo con su análisis, unos 4,200 policías nicaragüenses han sido entrenados allí, incluyendo personal de inteligencia e investigación económica, además de cadetes enviados a Moscú para capacitarse en espionaje digital.
El centro ha sido sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que lo considera un instrumento para fortalecer las capacidades represivas del régimen y que habría sido utilizado para entrenar a fuerzas involucradas en la represión de las protestas de abril de 2018, que dejaron más de 300 muertos según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El propio Ortega reconoció en 2023 que la instalación sirve para "enfrentar mejor a los golpistas", el término con el que el régimen se refiere a los manifestantes.
Infraestructura estratégica y vigilancia
Otra pieza central es la estación satelital rusa ubicada en las afueras de Managua, cerca de la laguna de Nejapa, oficialmente vinculada al sistema de posicionamiento GLONASS de la agencia espacial Roscosmos. Inaugurada en 2017, ha sido presentada como una instalación civil, pero expertos y diplomáticos advierten sobre su potencial uso para inteligencia y vigilancia electrónica regional.
Orozco sostiene que GLONASS funciona como fachada y que la verdadera preocupación radica en la presencia rusa permanente y en las capacidades técnicas desplegadas. Investigaciones periodísticas y fuentes de inteligencia han señalado además la existencia de sistemas de radiogoniometría y del software de escucha SORM-3 en la base militar del Cerro Mokorón, operados por personal ruso con autonomía técnica, capaces de interceptar comunicaciones y localizar dispositivos en el territorio.
En cuanto al equipamiento, Nicaragua ha recibido donaciones de helicópteros, aeronaves de transporte y sistemas de artillería antiaérea ZU-23AE de origen ruso. Sin embargo, el investigador Evan Ellis, del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos, cuestiona la efectividad real de ese respaldo. A su juicio, las limitaciones mostradas por Rusia en otros escenarios y su involucramiento en Ucrania reducen su capacidad de actuar en América Latina, lo que dejaría al régimen nicaragüense sin un protector efectivo ante una eventual acción estadounidense.
Un mensaje regional
Para Washington, la atención sobre Nicaragua responde a una lógica más amplia: evitar que potencias extranjeras consoliden una presencia que amenace su seguridad nacional en el hemisferio occidental, definido en la estrategia de seguridad estadounidense de noviembre de 2025 como su línea de defensa natural. En ese marco, la experiencia venezolana y la reciente acción contra Maduro envían una señal clara a otros regímenes aliados de Moscú.
Analistas coinciden en que el mensaje inquieta no solo a Ortega y Murillo, sino también a otros gobiernos autoritarios de la región. Según Orozco, la señal más preocupante para Managua es la percepción de que Rusia no intervendrá para proteger al régimen. El escenario, advierte, podría definirse en el corto o mediano plazo.
Así, los distintos mensajes provenientes de Washington —desde la deslegitimación directa de la copresidencia, pasando por la defensa de libertades fundamentales, hasta la alarma por la presencia rusa— configuran una presión multidimensional sobre Nicaragua. No se trata de declaraciones aisladas, sino de una narrativa coherente que coloca al régimen Ortega-Murillo bajo observación internacional, cuestiona su viabilidad política y lo inserta en una disputa geopolítica de mayor alcance. Sobre todo cuando Donald Trump y una nueva derecha "empoderada" vigilan más que nunca.
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