• Diedrich Carrazco

La antesala de una Alianza Cívica

La mayoría de organizaciones que conforman la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) desde antes del 18 de abril de 2018 apuestan por la salida electoral y en el caso de las crisis, por salidas negociadas. Es por esa razón que estas organizaciones están ahí, porque tuvieron un plan y ante la crisis era el único de estos.


Reunión "Unidad Por La República" en junio de 2014 - Fotografía por Deedrik D' León

Ese es el espíritu de la Alianza Cívica: la política, el diálogo, la no confrontación, la diplomacia. Durante una década, esas organizaciones, que hoy conforman la Alianza, han venido solicitando la implementación de la Carta Democrática, el adelanto de elecciones (observadas y creíbles), movilizaciones y la denuncia internacional por violaciones a los derechos humanos. Esto fue promovido principalmente por la Unión Ciudadana por la Democracia (UCD). La UCD estaba conformada, entre otras organizaciones, por el Movimiento por Nicaragua, el Movimiento Autónomo de Mujeres, disidentes liberales, sandinistas, organizaciones juveniles y una que otra organización magisterial.

Ese grupo estuvo durante años bajo los ataques de Ortega. Éste, vendió la idea que las organizaciones de sociedad civil solo servían para robar, que eran agentes del imperio, vende patria, cuatro gatos, entre otros epítetos. Ese pequeño grupo luego conformó la Unidad por la República y ya se venía trabajando una gran suerte de Unidad Nacional, incluso con el campesinado; fue el único grupo que tenía una propuesta de salida por la vía electoral, demandando elecciones libres, justas y observadas.

Son estas organizaciones las que llegan a la mesa del Diálogo. Uno sin un plan no se sienta a negociar; estos tenían uno, y siguen apostando por él. No llegaron ahí porque el pueblo los hubiera puesto; es que "el pueblo" no tenía propuesta organizada y ahí afincó alguna posibilidad.

Es probable que hayan otras salidas como el referéndum, y hasta habrá quienes propongan un nuevo estallido, pero cada organización debe hacerse responsable de sus planes y ejecutarlos, pero también de asumir sus consecuencias. Cada ciudadano en el ejercicio de su ciudadanía tiene y debe hacerse responsable por lo que hace y dice, sobre todo en tiempos de dictadura.

Quien hoy haya abierto los ojos a la política, a partir de los eventos de abril de 2018, está en la obligación de reconocer esa historia y buscar como conciliar los nuevos intereses, y crear propuestas junto con las ya existentes. Es falso decir que hay una nueva Nicaragua después de abril; no es cierto. Somos consecuencia política de todo lo que se venía gestando antes de abril. Somos todos esos intereses que hoy no pueden ser resueltos porque el régimen destruyó las instituciones que se venían construyendo hasta antes de 2006.

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