• Diedrich Carrazco

Lumpen política: el negocio con los pobres

En derecho penal se define “lumpen” al “grupo social que atenta sin ningún tipo de principios contra la seguridad de los individuos o colectividades, bajo un ánimo rapaz y delincuencial”. En la teoría marxista se integra el término “lumpen” al concepto de proletariado, el cual designa a la clase social que, en los modos de producción capitalistas, carecen de control sobre los medios de producción y sobre la distribución, y se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Por tanto, Marx les define como un grupo social urbano carente de conciencia de clase, y por tanto, susceptible de servir de punto de apoyo a la burguesía. Según Marx, el “lumpemproletariat” (lumpemproletariado) puede estar interesado en preservar la estructura de clases, porque los miembros del lumpenproletariat dependen a menudo de la burguesía y de la aristocracia para su propia supervivencia, y es susceptible a ser utilizado por grupos de poder con fines espurios, a cambio de poder y dinero.


Históricamente en Nicaragua se ha instrumentalizado a la pobreza y a los “pobres” (empobrecidos). Han sido estos últimos los que han acarreado la bandera de la violencia para sostener el statu quo de los grupos de poder dominantes. Los ejemplos sobran: la Nicola Sevilla Montes, reclutaba en momentos necesarios a empleados de la Alcaldía de Managua, del plantel de la construcción, a marginales de los barrios más empobrecidos de Managua y principales ciudades; hasta ministros y altos funcionarios, cuando se requería reprimir o llenar las manifestaciones con portátiles gritando “¡Viva Somoza!”. Podemos citar el ejemplo de las turbas sandinistas en la década de los 80; y más recientemente, las turbas sandinistas 2.0 en la Nicaragua del siglo XXI, llamadas también “Juventud Sandinista 19 de Julio”; reclutadas por funcionarios de gobierno para los mismos fines que la ilustre Nicolasa utilizaba a sus turbas.


Es así que han operado los regímenes autoritarios en nuestro país, haciendo de la pobreza un negocio, y de los pobres su fuente para sostenerlos en los momentos que lo requieran, el status dominante en la sociedad, permitiéndoles impunemente al lumpen toda clase de actos que atentan contra la ley, y ofreciendo a estos, a cambio de sus servicios, un puesto en el Gobierno, facilidad de acceso a ciertos recursos, o dinero en efectivo. Son estos grupos sociales los que a la orden del poder salen a confrontar delincuencialmente a la ciudadanía, a quienes les perciben como riesgo que atenta contra sus benefactores.


Salir de este empantanamiento social requerirá de muchos esfuerzos, no solo educativos, sino también económicos; porque no hay nada mejor que ser sujetos autodeterminados, libres, autónomos y soberanos, y no un marginado instrumentalizado por las necesidades cotidianas que la pobreza coloca frente a nuestra mesa.



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