“No logro imaginar el futuro del Frente Sandinista”

Dionisio Marenco, uno de los militantes y funcionarios más brillantes que ha tenido el FSLN, y uno de los más cercanos a Daniel Ortega durante muchos años, hasta que en 2008, casi terminando su trabajo como Alcalde de Managua con un 90% de aprobación, fue considerado por Murillo un “traidor”. Falleció el 19 de mayo de 2020. "Nicho" estuvo en dos ocasiones conversando con la Revista Envío, haciendo memoria de la historia del FSLN. En este texto se resume bastante de lo que dijo en septiembre 2008 y algo de lo que compartió con la Revista Envío en diciembre de 2011, tras la polémica reelección de Ortega. ¿Cómo sería hoy Nicaragua si "Nicho" hubiera sido el candidato presidencial en 2011?


"Nicho" Marenco, exalcalde de Managua, junto a Daniel Ortega en la Plaza La Fé - Fotografía de La Prensa

Yo nunca he sido un teórico de nada, sino un práctico. No soy un intelectual, soy un operador, un “zapatero”, como me dijeron una vez. No tengo capacidad para hacer análisis muy profundos. La vida me ha llevado por diferentes responsabilidades en el Frente Sandinista. Conozco esa historia, desde hace más de 40 años, he sido parte de ella. Quisiera evocar algunos de los puntos de inflexión en esa historia, para entender por qué el Frente es como es y está donde está. Trataré de no herir a nadie ni causar más fisuras de las que ya existen, porque en nada abona a la bienandanza ni del Frente ni de Nicaragua ni de las organizaciones sociales tener un enfoque destructivo.


De universitarios se nutrió el Frente Sandinista


El nacimiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que oficialmente se data en 1963, es el punto de arranque, aunque esa fecha, 1963, fue hasta 1979 una referencia de muy bajo perfil, muy pocos la conocían. Yo me inicié en la vida política nacional precisamente en 1963, el año en que me bachilleré y entré a la UCA. Recuerdo que una tarde de octubre o noviembre nos explicaron que debíamos reclamar los cadáveres de unos compañeros muertos en Bocay. Ese día escuché por primera vez que había unos guerrilleros y que habían caído combatiendo contra Somoza.


En sus primeros diez años el Frente Sandinista se nutrió básicamente del movimiento estudiantil, del FER, el Frente Estudiantil Revolucionario, de gente que salían de la Universidad Nacional Autónoma y de la UCA.


Es en la vida universitaria donde se fue perfilando una idea social del sandinismo. En 1967 el Frente Sandinista era un pequeño grupo clandestino que hacía acciones armadas en la ciudad: básicamente recuperación económica en bancos. También desde esos años el Frente intentó implantar algunos focos guerrilleros en la montaña.


En octubre de 1966 los dos Centros Universitarios, el de la UNAN y el de la UCA, nos tomamos el Estadio Nacional en una inauguración de la Liga de Béisbol. El estadio estaba lleno: 20 mil personas. Para esa fecha yo era presidente del Centro Universitario de la UCA. Nos metimos al estadio 30 jóvenes, veintidós varones y ocho mujeres, y extendimos una manta enorme que decía: “¡No más Somoza! Centros Universitarios”. Protestábamos porque Anastasio Somoza Debay le quería ser Presidente. Sería el tercer Somoza en el gobierno. La idea nuestra era aprovechar la presencia de aquella multitud y de los periodistas, hacer la protesta y salirnos del estadio. Pero aquello fue algo inesperado, un evento escandaloso, y la represión de la Guardia Nacional fue muy fuerte. Nos capturaron a ocho, a una mujer y a siete varones. Yo pasé 28 días hospitalizado, con las dos manos quebradas. Me quebraron el maxilar izquierdo, me rompieron el oído.


22 de enero de 1967: mi bautismo de sangre


Otro hito en los años 60 fue la marcha del 22 de enero de 1967 y la masacre con la que la Guardia la reprimió. La marcha la encabezaba Fernando Agüero Rocha, dirigente del Partido Conservador, integrado en la Unión Nacional Opositora. Pero éramos los estudiantes universitarios quienes teníamos la vanguardia organizativa de la gente que marchaba. En la marcha iban militantes socialcristianos, militantes socialistas o simplemente militantes antisomocistas.


El Frente participó muy marginalmente. El grueso éramos las juventudes de la oposición antisomocista, que actuábamos como fuerzas de choque. Salíamos a las calles a buscar cómo chocar con la Guardia, salíamos a pelear con la Guardia, a provocarlos. Aquel día la respuesta fue una masacre. Aquel día murió muchísima gente, no sé cuánta. Vi caer a más de un centenar, vi correr sangre en la calle como corre el agua de lluvia. Salí vivo de milagro y ese día fue mi bautismo de sangre en la lucha antisomocista.


En 1968 me gradué de ingeniero y salí de la Universidad. Entre 1965 y 1968 nació una primera generación sandinista, a la que pertenezco, aunque no en forma orgánica. Es la que hoy, en 2008, está en el gobierno.


A los dos Ortega los expulsaron por "aventureros"


Los años 70 fueron un proceso de acumulación de fuerzas en silencio. En aquellos años buena parte de la primera dirigencia del Frente estaba fuera de Nicaragua por razones de seguridad y aquí dentro había mucho trabajo organizativo. En aquellos años el Frente hizo una serie de escaramuzas en Managua, pequeñas, no pasaban de ser asaltos a bancos. Había grupos guerrilleros en la montaña, pequeños. Realmente, nunca hubo una guerrilla muy extensa.


Lo que hubo siempre fue un foco guerrillero muy selecto. Se entendía que la montaña era para los de más nivel ideológico y más compromiso. Se mantenía una idea un tanto mítica del guerrillero en la montaña. El comandante Henry Ruiz era la figura más emblemática.


En los años 70 el Frente realizó dos acciones espectaculares: en diciembre de 1974 el asalto a la casa de Chema Castillo y en agosto de 1978 el asalto al Palacio Nacional. Después de lo de Chema Castillo, en 1975 se desató una represión muy grande contra todas las redes de apoyo del Frente. Fueron unas redadas en las que cayó presa muchísima gente.


La respuesta represiva del régimen originó dentro de las filas del Frente una discusión muy fuerte. Un sector del Frente -después se llamó Tendencia Proletaria- comenzó a cuestionar los golpes militares espectaculares y los calificó de “aventureros” porque provocaban grandes represiones y al final el Frente salía más debilitado.


La Tendencia Proletaria se presentaba contra el Frente tradicional, que sostenía que el camino era la lucha guerrillera en la montaña. Los que pensaban así se nombraban Guerra Popular Prolongada y decían que la lucha revolucionaria requería del desarrollo de un foco guerrillero en la montaña, que era en el foco donde se consolidaban las fuerzas y que cuando esas fuerzas estuvieran lo suficientemente maduras bajarían como un ejército sobre las ciudades.


Era una idea influenciada por el modelo cubano y por cómo se dio allí la lucha guerrillera y el triunfo revolucionario. Esta discusión dentro del Frente fue sumamente virulenta y agresiva. A los dos hermanos Ortega los expulsaron del Frente por “aventureros”. La tendencia de la izquierda a fragmentarse se da en todas partes. En Nicaragua creo que la tendencia a la división es algo más, creo que va en la sangre, que es genético.


En aquellos años la discusión en el Frente era por ideas: por si antes de ir a la lucha revolucionaria había que crear un partido de los obreros con conciencia de clase para que se pudieran aplicar los conceptos marxista-leninistas en la lucha… ¡y esto en una sociedad que no tenía entonces ni una sola fábrica! y por lo tanto, no tenía un solo obrero. Era una sociedad de campesinos y de gente del Mercado Oriental. Y la discusión era si la clase obrera de Nicaragua debía vanguardizar la lucha…


Surge la tendencia tercerista


Eduardo Contreras -que fue el Comandante Cero en el asalto a la casa de Chema Castillo- había estudiado en el extranjero, tenía más conocimientos universitarios y creo que por eso analizaba de una manera más amplia la realidad. Él, al igual que Humberto Ortega, Daniel y el propio Carlos Fonseca comenzaron a introducir la idea de buscar alianzas, de buscar cómo crear una fuerza que no fuera tan segmentada como la que entonces teníamos.


De las discusiones entre las dos tendencias en conflicto surgió la que se llamaría después Tendencia Tercerista, que decía que no había que estar discutiendo tanto si se necesitaba o no un partido o si la montaña debía madurar o no, sino que había que lanzarse inmediatamente a una lucha insurreccional contra la dictadura somocista. Estas ideas aparecen de 1976 en adelante.


La Tendencia Tercerista abrió una política de alianzas bastante audaz. Incorporó a la lucha del Frente Sandinista a algunos elementos de la sociedad civil nicaragüense, incluyendo a empresarios ricos y a antisomocistas connotados y formó lo que se llamó el Grupo de los Doce, cara visible de un proyecto de gobierno de transición a la hora en que cayera la dictadura.


Del pedazo de historia que va de 1978 a 1979 es del que más se sabe. Excepto tal vez las últimas horas de la dictadura, muy poco conocidas. Sin embargo, en esas últimas horas, desde que se va Somoza el 17 hasta el 19 de julio, ocurrieron una serie de eventos no previstos que cambiaron por completo la historia de Nicaragua. Porque las cosas no ocurrieron como estaban programadas a ocurrir.


Sólo estábamos preparados para morir


El 19 de julio ahora es la fecha histórica del triunfo de la revolución, pero el 18 de julio a las 10 de la noche nadie sabía lo que iba a pasar al día siguiente, y el que diga lo contrario está mintiendo. Había una correlación de fuerzas muy positiva a favor del Frente Sandinista, pero si nos hubieran cerrado la frontera o el aeropuerto, nos sacan a patadas y quién sabe lo que hubiera pasado... Nos hubieran podido invadir las fuerzas aerotransportadas…


¿Cuál era el armamento del Frente en ese momento? Tres mil fusiles. Nosotros habíamos metido a Nicaragua sólo tres mil fusiles. Eso era todo lo que tenía el Frente en todo el país. Para la insurrección de septiembre de 1978 habíamos entrado a Managua doce fusiles de guerra y había otros setenta en toda Nicaragua. Ésa era toda nuestra fuerza militar.


Con extrema precariedad ocurrieron los eventos finales. Y a menudo ocurre así: el poder se consolida de una forma o de otra por hechos imprevistos que ocurren sin pretenderlos los protagonistas. Esta historia muestra también que la revolución nació, surgió y floreció casi sin esperarlo. 24 horas antes del triunfo de la revolución nadie sabía qué iba a pasar.


Todos nosotros sólo estábamos preparados para morirnos. Cuando nosotros nos metimos a esto no sabíamos qué iba a ser de nuestra vida, sólo buscábamos que no nos mataran. Y ese entrenamiento, esa mentalidad, puede hacerle daño a una organización: una organización un tanto suicida, donde no mides las consecuencias de tus actos, sino que te lanzas a ver qué pasa.


Ninguno de nosotros estaba entrenado ni preparado para vivir ni para lo que íbamos a hacer después del triunfo. Yo fui ministro del primer gabinete revolucionario. Me dijeron: Vas a ser ministro de la construcción. Y lo fui, pero llegué a conocer el ministerio de la construcción el día que entré allí. Cada quien hizo lo que pudo.


Nunca se superaron las disputas entre las tendencias


Al momento del triunfo, dentro de las tres tendencias en las que el Frente estaba dividido, la correlación de fuerzas favorecía a la tercerista, porque empujó la lucha armada, porque recibió la mayor cantidad de armas y porque controlaba prácticamente todos los frentes militares del país.


Aunque antes incluso del 19 de julio se había dado la unificación de las tres tendencias en lo que se llamó la Dirección Nacional Conjunta, yo creo que nunca se subsanaron las viejas disputas. Siempre hubo sus recelos. Y si vemos cómo se estructuró el gobierno durante los años de la revolución, de alguna manera se seguían mirando las tres tendencias en los miembros de cada ministerio, según quien lo encabezaba.


Lea también: El pacto Ortega-Alemán sigue vigente


Nadie esperaba perder las Elecciones


Saltando de un solo golpe la etapa del gobierno revolucionario, mucho más conocida, otro hito en la historia del Frente Sandinista es el año 89-90, en donde se produce un acontecimiento: una revolución armada triunfante por las armas es derrotada por los votos. Inesperadamente. Porque nadie lo esperaba. Ahora hay algunos que dicen que habían previsto lo que iba a pasar, pero eso es mentira, nadie esperaba que íbamos a perder las elecciones.


Para entonces, yo trabajaba en el departamento de propaganda del Frente. Hacíamos encuestas, pero no éramos expertos. Preguntábamos a la gente por la intención de voto y nos salían muchos “no sé” y entonces nos poníamos a inventar: éste dice que no sabe pero dice que le gusta leer Barricada, entonces es sandinista; este otro dice que no sabe, pero dice que doña Violeta es bruta, entonces es sandinista; éste dice que no sabe, pero dice que Daniel Ortega es un “tal por cual”, entonces está en contra... Como ven, un método bastante rudimentario.


La única noche en que sentí miedo


Al final de la campaña electoral, pero ya muy al final, los encuestadores de Cid Gallup y los de Borge y Asociados comenzaron a darnos señales de que la correlación era contraria al Frente. Pero entonces el Frente decía que esas encuestas eran manipuladas por la CIA, por los yankis, por el Departamento de Estado, por los enemigos de la humanidad y que el que se atrevía a hacerle caso a esas encuestas caía en la banda de los vendepatrias… Ése era más o menos el nivel de razonamiento.


Me acuerdo de la carta que la jefa de la CID Gallup me mandó ya al final de la campaña, agradeciéndome que le había sacado a dos de sus encuestadores, que los habían echado presos en San Jorge. Me decía: “Nicho, te mando los resultados de la encuesta... Eso que están diciendo ustedes es falso. Nuestra encuesta está bien hecha y ustedes van a perder las elecciones”. Y añadía: “Dicen que en el pasado los tiranos acostumbraban a matar al mensajero de las malas noticias. Espero que no me mates”.


Las encuestas no estaban equivocadas. Perdimos. No estábamos preparados para eso. Fue un momento muy difícil. Esa noche es casi la única vez en mi vida que yo he sentido miedo. Algo helado dentro, una mezcla de tristeza, temor, incertidumbre.


Un mérito que hay que reconocerle a Daniel


De ahí para adelante hubo los pactos entre Toño Lacayo y Humberto Ortega durante el gobierno de doña Violeta y toda la transición. Creo yo que hay que reconocer con meridiana claridad que en esos años Daniel Ortega agarra las riendas del Frente con muchísimo coraje y dice: Aquí no ha pasado nada, aquí vamos a gobernar desde abajo y se inventa el eslogan ése. Ante la derrota, inesperada, el Frente comienza a dividirse: unos echándole la culpa a otros, otros que por qué habíamos perdido, otros que quién la había encavado... Fue una discusión que se dio un poquito clandestina.


Después, llega otro de los momentos que yo considero hito en la historia del Frente Sandinista. Cuando se funda el Movimiento Renovador Sandinista, a mediados de los años 90, el Frente tenía 38 diputados en la Asamblea. De esos 38, 36 se fueron con el MRS y sólo quedaron dos en la bancada sandinista.


Si eso le hubiera ocurrido a un partido de España, de Alemania, de Japón, ese partido se acaba, no quedan ni las cenizas. Pero no le pasó eso al Frente. Creo yo que ése es un mérito que hay que reconocerle a Daniel Ortega: haber mantenido la antorcha y andar dando vueltas por todo el país hasta que en la siguiente elección se vuelven a cambiar las circunstancias: el Frente saca 40 diputados y el MRS saca uno solo.


El Pacto: 30 reuniones secretas y nunca se filtró nada


Inicia entonces otra etapa del Frente en la oposición durante el gobierno del señor Alemán. Y se produce el famoso pacto, que es actualmente el eje de discusión y de control de la vida política del país.


El pacto, más o menos, nace así: al comienzo del gobierno de Alemán el Frente hace una serie de asonadas, igual a como hizo al comienzo del gobierno de doña Violeta. Alemán necesitaba comprar la paz social para poder gobernar y para destruir al Frente Sandinista, que era su objetivo. Recuerdo las primeras negociaciones que se tuvieron con Alemán. Se fue armando una relación entre el general Humberto Ortega y don Jaime Morales Carazo, padrino de Alemán y su consejero más importante. Y se fueron estableciendo puntos de coincidencia. Posteriormente, me incorporaron a mí a esa negociación junto con el doctor Alfredo Fernández, secretario privado de Alemán.


Trabajamos por unos tres meses más o menos y cuando ya se habían formulado una serie de puntos de discusión se incorporaron a ese pequeño comité el Presidente Alemán y el ex-Presidente Ortega. Salió Humberto y sólo nos quedamos Arnoldo Alemán, Jaime Morales y Alfredo Fernández y Daniel Ortega y yo por el Frente. Era una comisión secreta. Todo lo que se hablaba ahí era privado, no lo sabía nadie y hasta el día de hoy nadie lo sabe. Hubo unas treinta y pico de reuniones y nunca se filtró nada.


El Pacto funcionó para que el FSLN regresara al Gobierno


¿Cuál era el objetivo que llevaba el Frente? Recuperar espacios políticos. No teníamos representantes en la Contraloría, en el Consejo Supremo Electoral teníamos un solo magistrado, en la Corte Suprema de Justicia teníamos una o dos personas.


Estábamos totalmente en minoría en las instituciones públicas. Y si vos no tenés presencia en las instituciones del Estado no eres nada a la hora de un proceso electoral, porque aquí no estamos en Suiza ni estamos en Suecia, donde las leyes se cumplen siempre exactamente. Tenés que estar vigilando personalmente, porque si no, no sos nada. Ésa es la verdad.


Desde ese punto de vista el pacto funcionó muy bien, y funcionó tan bien que logró que el Frente Sandinista regresara al gobierno en 2006, gracias a reducir el porcentaje para ganar hasta el 35% si sacás cinco puntos de ventaja sobre el del segundo lugar. Sin ese acuerdo el Frente nunca hubiera ganado las elecciones. Si lo concebimos para que el Frente regresara al poder el pacto fue un éxito. Cuando uno ve los resultados de las elecciones de 2006 pareciera que fueron hechos a la medida de esa decisión.



Hoy, septiembre 2008, ¿para dónde va el FSLN?


Hasta aquí algunos hitos en la historia del Frente Sandinista, que ha ido desde la clandestinidad al poder, desde el poder a la derrota electoral y ahora desde el triunfo electoral ¿para dónde? El siguiente punto de inflexión es el que estamos viviendo ahora (septiembre 2008).


Hay mucha polémica alrededor del gobierno actual, mucha polémica sobre cómo está gobernando Daniel Ortega, sobre la exclusión en que están diferentes actores sociales, sobre la estridencia de la política exterior, sobre los choques del gobierno con los otros partidos y contra las otras fuerzas sociales, sobre los CPC, que son en realidad el Frente Sandinista... Yo creo que cometieron un error cambiándole el nombre al Frente. Porque los CPC de los barrios son los mismos del Frente y ahí no entra nadie más. ¿Por qué han hecho eso? Yo me imagino que sea una estrategia para copar la organización del partido.


No soy un disidente ni un traidor


Yo fui candidato del Frente Sandinista a la Alcaldía de Managua en las elecciones municipales de 2004 y gané y soy alcalde por el Frente. Soy un alcalde sandinista. En los primeros dos años de alcalde me tocó lidiar con un gobierno antisandinista, como fue el gobierno del ingeniero Bolaños.


Cuando el Frente ganó las elecciones presidenciales yo me alegré y pensé: Voy a descansar, voy a tener un gobierno de mi partido que me va a ayudar. Desgraciadamente, se produjeron algunos malos entendidos y me han separado del Frente Sandinista. Yo no tengo ninguna comunicación desde hace dos años. Cero comunicación. Estoy solo. No tengo el respaldo de mi partido. Y yo no soy un disidente ni soy un traidor, como me han dicho varias veces.


Creo que cualquier persona tiene el derecho a opinar sobre lo que sucede en el país. Pero si un ministro del gabinete se atreve a decir la décima parte de lo que yo estoy diciendo aquí, con seguridad llegará a su oficina al día siguiente y se la encontrará cerrada.


A mí no me corren porque soy un funcionario que no dependo del gobierno. Actualmente hay un control casi policíaco sobre los ministros. No pueden hablar entre ellos, no pueden reunirse. Si yo los llamo para preguntarles cualquier cosa, les agarra calambre. El ambiente al interior del gobierno no es bueno.


El FSLN tiene un origen militar


El Frente se fue construyendo con las personas que iban liderando... y que se iban muriendo. Todos los más importantes dirigentes del Frente hasta 1979 están muertos. ¿Qué pasaría si estuviera Carlos Fonseca vivo? Probablemente, sería el jefe del Frente. ¿Qué pasaría si estuvieran vivos Pomares, Contreras, Pedro Aráuz, Casimiro Sotelo, Julio Buitrago, Julián Roque? Probablemente muchos de los cuadros actuales no dirigirían el Frente Sandinista.


Eso por un lado. Por otro lado, el carácter militar de la organización sandinista explica mucho de lo que vemos aún ahora: Dirección Nacional, ordene. Estuvimos diez años con esa consigna. Durante el gobierno revolucionario, a todo acto público entraban los miembros de la Dirección Nacional en un orden determinado. Y nos teníamos que poner de pie cuando entraban. Eso era automático. Como en un ejército. Eso crea una cultura organizacional especial, muy distinta a la de un club de jóvenes ambientalistas o a la de un club de músicos o filósofos.


Eso crea una organización militar. Además, durante el gobierno revolucionario el Frente se nutrió de 200 mil personas que combatieron, que pasaron por las armas, que adquirieron costumbres militares que trasladaron después a la estructura partidaria.


A Daniel hay que reconocerle su tenacidad


Durante todos estos años se fue dando también una concentración de poder alrededor de Daniel Ortega. En el Frente valía y vale mucho la antigüedad. Tenía un peso muy grande si eras antiguo, si eras clandestino, si habías estado preso, si habías combatido… Eso sumaba muchísimo. No contaba si eras ingeniero, si eras doctor o si habías ido a La Sorbona, eso no contaba para nada.


Te miraban bien si habías tenido trayectoria. Daniel tenía una trayectoria larga, había estado preso siete años, había participado en la lucha armada. Tal vez era la persona con menos carisma, con menos conocimientos, más aburrido para hablar. Pero hay que reconocerle su tenacidad.


Después de la derrota electoral Daniel se quedó solo controlando el partido durante 16 años, mal o bien, pero hay que reconocerle eso. Los otros se fueron.


Eso concentró en una sola persona el mando total. Daniel, además, es incansable. En los 16 años que pasamos en la oposición no había un día del mundo que no estuviera en algún lugar del país: llegaba a San Pedro del Norte, dormía en La Gateada, amanecía en Bluefields y anochecía en San Carlos y después aparecía en Potosí. Era un cadejo recorriendo el país. Todo eso fue construyendo un poder, una fuerza.


Es cuestión de tiempo...


Lo que pasa es que Daniel repite hoy en sus discursos lo que decíamos hace más de treinta años: los pobres, los campesinos, el imperialismo, la oligarquía... Tiene un discurso que te regresa completamente no a 1979, te regresa a la época de la cárcel, al discurso más radical posible. Está repitiendo las ideas que fueron el cemento del Frente Sandinista.


Eso resuena mucho en la cabeza de los más viejos. Pero ahora la mitad de la población ya no sabe ni quién era Somoza. Si le decimos a un chavalo que en el asalto al Palacio agarramos de rehén a Toño Mora Rostrán, te dirá: ¿Y quién es ése? No sé quién es y no me interesa. Lo que me interesa a mí es que me estoy bachillerando y quiero entrar a la universidad y no puedo, lo que me interesará es salir de la universidad y encontrar trabajo… Ésos son los problemas de hoy. En una sociedad tan joven el problema es cómo dar oportunidades a la enorme cantidad de niños y jóvenes que tiene este país.


Que muchos sandinistas cuestionen la divergencia que existe entre el discurso de Daniel y la realidad probablemente tomará un poco de tiempo. Es cuestión de tiempo que la gente comience a decir: Qué bien, soy pobre y este gobierno es de los pobres, y los pobres del mundo estamos “arriba”, pero cuando pase un año y otro y otro y ese pobre no salga ni para arriba ni para abajo ni para ningún lado... y tengo hambre y quiero un trabajo y mi chavalo está enfermo… Es cuestión de tiempo. Y no es que yo desee que el gobierno salga mal, yo quisiera que Daniel hiciera un excelente gobierno.


No sé cómo será el futuro del FSLN


Nosotros tenemos delante hoy dos enormes problemas: el problema demográfico, que va a arrasar con toda la clase política nacional; y el problema climático, que afectará a todo el planeta, también a nosotros, con sólo dos o tres grados que suba la temperatura en la Tierra.


Pero de esos enormes problemas no hablamos. Nuestra discusión política es muy primaria, es folklórica: que Fulano dijo, que Zutana hizo... Y si no repites como lora la consigna del momento, sos un pelele, un vendepatria, etcétera, etcétera... Desgraciadamente no discutimos de las cosas graves y profundas, en las que tendremos necesariamente que caer mañana o pasado mañana, cuando se agote la retórica y tengamos que hablar de la realidad.


Para mí es muy difícil poder tener una opinión definitiva sobre el futuro del Frente Sandinista. Lo que sí creo es que el rumbo y la forma en la que se está gobernando es innecesariamente virulenta.


No hay necesidad de pelear con tanta gente al mismo tiempo cuando podés arreglar muchísimas cosas por la vía de la negociación, del acuerdo, del diálogo. Si esto continua así me parece que pueden presentarse innecesarias situaciones de muchísima tensión social.


Le están haciendo mucho daño al país


Yo creo que sería muy triste que el Frente Sandinista, de nuevo gobernando Nicaragua, desperdiciara esta segunda oportunidad que tiene de gobernar en paz, con la posibilidad que le dan los acuerdos petroleros con Venezuela para poder captar dinero y hacer muchas cosas a favor de la gente.


El apoyo venezolano abre una gran ventana para hacer muchísimas cosas, sobre todo en un país como Nicaragua, en donde si se pavimenta una calle es como que hiciste una autopista, en donde si se pone una escuela se beneficia a miles.


Sin embargo, me parece a mí que el gobierno tiene una debilidad: esa manera confrontativa con la que están trabajando. Objetivamente, no sé por qué lo están haciendo así, pero creo que deberían corregirlo, porque de lo contrario van a producir efectos que pueden ser muy negativos para Nicaragua. Ese discurso innecesariamente confrontativo le está haciendo mucho daño al Frente y mucho daño al país.


Un país como el nuestro, que tiene tan escasos recursos, no se puede dar el lujo de estar peleando con nadie.


Tiene que buscar el consenso interno con todas las fuerzas, con todo el que pueda cooperar.


Tiene que lograr que cada quien ponga su granito de arena para levantar el país. Creo que sería mucho más sano tratar de tener un enfoque constructivo en las relaciones nacionales y en las internacionales, para que así el Frente Sandinista pueda escribir con buena letra esta nueva etapa de su historia.


Yo aceptaría la candidatura presidencial


Por el momento, lo que yo veo en el futuro del Frente es un gran signo de interrogación y creo que esa incertidumbre la comparto con muchas personas en Nicaragua. ¿Cómo estaremos en el 2011?


¿Mi futuro? Lo que más me interesa es cómo terminar en paz en la Alcaldía de Managua. Afortunadamente, pienso que las cosas las he hecho bien y nadie podrá decirme que me robé ni un lápiz, aunque alguien podrá inventar que me lo robé. No tengo dudas de que me puedan lanzar una campaña de ese tipo, pero no me importa.


¿Que si yo sería candidato presidencial por el Frente? Interés no tengo ninguno. Sin embargo, si me preguntan respondo que si me ofrecieran la candidatura sí la aceptaría como una responsabilidad a cumplir. Porque si digo que no, dirán que me estoy rajando. Y si digo que quiero sin que me la ofrezcan, dirán que soy un ambicioso.


Después de salir de la alcaldía, no veo posibilidades de entrar a trabajar con el gobierno por la tensión que hay conmigo. Ni tengo mayor interés. Es probable que tenga que buscar trabajo como ingeniero o como consultor. Pero si me hostigan y me comienzan a perseguir y no encuentro trabajo en Nicaragua -y esto puede ocurrir- tendría que buscar trabajo fuera del país.


Porque yo no piñatée, no tengo reales, no tengo un millón de dólares en una cuenta secreta, no tengo fincas, sólo tengo mi capacidad de trabajo, la satisfacción del deber cumplido y, gracias a Dios, un nombre honrado, herencia de mi padre. Y tengo también, sí, tengo muchas esperanzas de que el FSLN, como en todos los momentos difíciles de su historia, encontrará la ruta. Para bien de nuestro pueblo.


El problema que tenemos hoy en Nicaragua


El problema que tenemos en Nicaragua (diciembre 2011) es un problema de valores. Que es lo que nadie discute nunca en Nicaragua. Nadie está defendiendo el valor de la honestidad, el valor del respeto al ciudadano, el valor de la convivencia ciudadana.


Si nosotros estuviéramos luchando de verdad por lograr una sociedad donde cohabitar todos y tener un país un poco mejor que el que hoy tenemos, con seguridad iríamos por el camino en el que algún día vamos a encontrar la salida. Pero no, toda la discusión es sobre a quién pongo en qué cargo, sobre la repartición de los cargos. Ésa falta de valores es el grave problema que hoy tenemos. La famosa institucionalidad se ha convertido en una repartición de prebendas y de favores para mantener el estatus quo.


Enfatizar sobre el valor de la honestidad, sobre el valor de decir la verdad y no mentir, sobre el valor de respetar a todo ciudadano son cosas sencillas, pero tan importantes que sería por ahí por donde se resolverían muchos de nuestros problemas. Yo estoy plenamente de acuerdo con esa opinión que afirma que las revoluciones sociales tienen que empezar por abajo y las revoluciones éticas tienen que empezar por arriba. Por eso digo que no basta con cambiar a los magistrados del Consejo Supremo Electoral si no cambiamos los valores que hicieron posible lo que hoy nos está sucediendo en Nicaragua.


La matriz del FSLN es militar


Hay muchas cosas que cambiar en Nicaragua. Creo que en el Frente Sandinista, y en todos los partidos por igual, falta democracia. Es un problema sintomático de toda nuestra sociedad.


En Nicaragua venimos de una sociedad totalitaria. La dictadura fue totalitaria. La bajamos de la manera más traumática posible: a balazos. Y sobre el cadáver de la dictadura construimos un régimen militar. Eso fue el régimen del Frente Sandinista en los años 80. Y tuvo que ser así para defenderse de la agresión extranjera que nos impuso el gobierno del Presidente de Estados Unidos Ronald Reagan.


El Frente Sandinista viene de una matriz militar, no de una matriz democrática. Porque en circunstancias militares nos tocó enfrentar a la dictadura. Y muchos de los rasgos militares de aquel tiempo no han cambiado en el Frente. No sé cuántos años tendrán que pasar hasta que poco a poco construyamos otra matriz.


La salida debe ser cívica y pacífica


Todo el sistema, todo el proceso que hemos venido usando para las elecciones debe ser objeto de una revisión profunda y de una muy buena ingeniería, valiéndonos para eso de la mejor tecnología posible. Esto es una responsabilidad muy grande. ¿Y por qué? Porque las elecciones son la mejor solución para evitar la guerra. Las elecciones son una manera de decirnos entre nosotros “No, no nos matemos, vamos a escoger el camino que queremos por otra vía: el socialismo, el conservatismo, el socialcristianismo, el modelo cristiano, socialista y solidario, el comunismo, el anarquismo, los verdes, el sandinismo…”


Cualquier camino, pero por una vía cívica y pacífica. Si perdemos este camino, si este camino se violenta, nos llevará de nuevo a ciclos de confrontación. Si tenemos procedimientos claros eliminaremos un gran obstáculo, aunque no todos. Pero, si encima de los atrasos que tenemos, de tantos problemas como tenemos en Nicaragua, tenemos un proceso electoral turbio, tengan la plena seguridad de que vamos en camino hacia una solución violenta y hacia más pobreza.


El reto más grande que tenemos: la educación


Nuestro nivel de atraso es demasiado grande. El reto en educación es probablemente el reto más grande que tenemos. Les doy esta cifra: el número de estudiantes de la India que en la secundaria sacaron la nota máxima, esos que se gradúan de bachilleres con un 10, los que son excelentes, son ya más que todos los estudiantes de secundaria de todos los Estados Unidos. Imagínense el potencial que hay actualmente en la India.


¿Y en Nicaragua? Aun los más excelentes no logran ni pasar el examen de admisión de la Universidad de Ingeniería en matemáticas. Ni el 10% pasa ese examen. Esto es un drama, es para echarse a llorar. Superar este atraso requiere una enorme inversión en infraestructura, en recursos, en entrenamiento, sobre todo de los profesores de primaria, para poder levantar el estándar académico y poder poner a nuestros muchachos a competir, por lo menos con los ticos o con los mexicanos, ya no digamos con los chinos o con los indios. Tenemos que lanzar una campaña masiva de educación a distancia para tratar de vencer semejante rezago tecnológico.


Que Daniel tenga sabiduría y humildad


Hoy el gobierno está en un momento de inercia enorme. De mucha fuerza y con espíritu triunfalista. Pero eso puede cambiar de un momento a otro. En Nicaragua podemos entrar en crisis económica en cualquier momento si cambian las condiciones políticas en la hermana Venezuela. Una cosa es Nicaragua con Venezuela y otra Nicaragua sin Venezuela.


Lo único completamente cierto en este momento es que el Frente Sandinista ha acumulado todo el poder político y debe prepararse para usarlo. Yo hago votos porque Daniel tenga la sabiduría y la humildad para unir a la nación y hacerle frente al futuro y así podamos caminar todos al cielo... o hasta donde podamos llegar.

Por: Dionisio Marenco - Militante y funcionario del FSLN. Exalcalde del Municipio de Managua por el mismo partido / Falleció el 19 de mayo de 2020.


Lea el artículo de la Revista Envío aquí.

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