Delcy Rodríguez, la sigilosa y callada mano derecha de Nicolás Maduro. Más implacable y menos simpática
- Redacción Central

- Dec 9, 2025
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La sigilosidad de la vicemandataria chavista se quebró en enero de 2020 con el escándalo conocido como "Delcygate". Aterrizó en Madrid en un vuelo privado, ignorando la prohibición de la Unión Europea (UE), y se reunió con el entonces ministro español José Luis Ábalos en Barajas. Portaba maletas con 20 kilos de oro venezolano, según investigaciones de la Guardia Civil publicadas por El Mundo, en un episodio que tensó relaciones. "¡Quiero hablar con Zapatero!", exigió Rodríguez al comisario del aeropuerto, según testimonios en el "caso Koldo", que vinculó el encuentro a una trama de corrupción orquestada por Víctor de Aldama, con contactos "al más alto nivel" en Caracas. El exministro Ábalos admitió en 2025: "Sánchez dio la orden directa de ir a ver a Delcy".
Por Redacción Central | @CoyunturaNic
Caracas, Venezuela

En el laberinto de poder que rodea al dictador Nicolás Maduro, Delcy Eloína Rodríguez Gómez se erige como la figura más discreta y, al mismo tiempo, la más letal. Vicepresidenta ejecutiva desde el año 2018 y ahora al frente del Ministerio del Petróleo —el corazón económico del régimen chavista—, esta abogada de 56 años de edad ha tejido una red de influencia que abarca desde la diplomacia agresiva hasta la evasión de sanciones.
No es la cara visible del chavismo, como el propio Maduro o su cuñado Diosdado Cabello, pero su sigilo la convierte en la ejecutora perfecta. "Una operadora implacable", en palabras de analistas que la ven como la "mano derecha callada" del autócrata venezolano.
Menos simpática, más dura, Rodríguez ha sido sancionada por Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.), la Unión Europea (UE) y otros bloques por su rol en la represión de protestas, el fraude electoral y la corrupción rampante que ha hundido a Venezuela en una crisis humanitaria casi que sin fin.
Nacida el 18 de mayo de 1969 en Caracas, Delcy Eloína creció en el epicentro de la izquierda radical venezolana. Hija de una familia chavista de pura cepa —su padre, Enrique Rodríguez, fue un militante asesinado en 1976 por paramilitares de derecha—, compartió juventud con Maduro en la Liga Socialista, un grupo guerrillero de los años 70.
Su hermano Jorge, psiquiatra y actual presidente de la Asamblea Nacional, es su aliado inseparable: juntos forman un dúo que, según la BBC, opera como "piezas fundamentales" de la administración chavista, manejando desde la propaganda hasta las negociaciones internacionales.
Licenciada en Derecho por la Universidad Central de Venezuela, Rodríguez debutó en el chavismo como directora de la Asamblea Nacional Constituyente en 2017, un órgano paralelo que Maduro usó para desmantelar a la oposición electa.
Su ascenso se aceleró con la muerte de Hugo Chávez en 2013. Bajo Maduro, ocupó la Cancillería (2017-2018), donde defendió con uñas y dientes la "revolución bolivariana" ante un mundo que la repudiaba. Como vicepresidenta, asumió carteras clave: Comunicación e Información; Economía y Finanzas; y ahora Petróleo, desde donde supervisa la PDVSA, la petrolera estatal que genera el 90 % de los ingresos venezolanos, pese a producir solo un tercio de lo que exportaba en 2013.
En este rol, ha sido acusada de orquestar redes de evasión de sanciones, como el uso de flotas fantasmas para vender crudo a China e India, según informes del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
Pero es en la represión donde Rodríguez revela su faceta más implacable. En 2017, como ministra del Interior, firmó decretos que facilitaron la detención arbitraria de opositores durante las protestas masivas que dejaron más de 130 muertos. La Unión Europea la sancionó ese mismo año por "socavar la democracia y el Estado de derecho", congelando sus activos y prohibiéndole la entrada al bloque.
EE.UU. la incluyó en su lista negra en 2018, junto a la primera dama Cilia Flores y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, por "enriquecerse a expensas del pueblo venezolano" mientras reprimía manifestaciones pacíficas.
Hoy, acumula más de una docena de sanciones internacionales: Canadá, Suiza y el Reino Unido la señalan por corrupción y violaciones a los derechos humanos.
"Delcy no es la que sale en las fotos sonriendo, como Maduro. Es la que aprieta los tornillos desde las sombras", describe un exdiplomático venezolano exiliado en España, en una entrevista con El Periódico.
Su estilo, menos carismático y más burocrático, la ha convertido en la "zarina de la economía" chavista, pero también en la villana de escándalos transnacionales. En enero de 2020, protagonizó el "Delcygate": intentó aterrizar en Barajas con 10 maletas llenas de oro venezolano, valoradas en millones de euros, pese a la prohibición europea. El entonces ministro español José Luis Ábalos, según la Guardia Civil, recibió órdenes directas de Pedro Sánchez para "gestionar" el vuelo, que fue desviado a Canarias.
El caso, destapado por El Mundo, salpicó al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y reveló las conexiones de Rodríguez con el "lobi madurista" en Europa, incluyendo al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, a quien llama "mi príncipe", según mensajes filtrados por la prensa.
En los últimos meses, con Maduro acorralado por las elecciones fraudulentas de julio de 2024 —donde la oposición denunció un 80 % de votos a su favor, según actas independientes—, Rodríguez ha emergido como posible sucesora. En una llamada con Donald Trump en noviembre de 2025, Maduro propuso que ella liderara un "gobierno interino" a cambio de amnistía para él y 100 funcionarios, incluyendo además el fin de las sanciones. Trump rechazó la oferta de plano. "No", fue su única respuesta, según fuentes citadas por Reuters y The Washington Post.
Semanas después, El Mundo reveló que los hermanos Rodríguez se ofrecieron a Washington para encabezar una transición "sin desmantelar el aparato chavista", una maniobra que analistas ven como "supervivencia del régimen" en tiempos violentos.
En Caracas, donde la inflación supera el 200 % y el éxodo ha vaciado el país suramericano de siete millones de almas, Rodríguez defiende su legado con retórica incendiaria. "La extrema derecha celebra las sanciones como un trofeo, pero son el fracaso de su apatridismo", tuiteó en 2024, aludiendo a la oposición.
Sin embargo, informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) documentan cómo su gestión ha exacerbado la hambruna: en 2023, el 80 % de las y los venezolanos no accedía a tres comidas diarias, según datos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Mientras Maduro se aferra al Poder Ejecutivo —y Donald Trump amenaza con "opciones militares en tierra"—, Delcy Rodríguez permanece en la penumbra, lista para el relevo. ¿La salvadora del chavismo o su última trinchera? En un régimen donde la lealtad se mide en balas y barriles de petróleo, su silencio dice más que mil discursos. Como advierte un editorial de El País: "en Venezuela, las sombras como la de Rodríguez son las que más duran".
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