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En el cerco de las potencias: Daniel Ortega y Rosario Murillo frente al ocaso de sus aliados

  • hace 1 hora
  • 8 Min. de lectura

Hoy, la pseudo-monarquía sandinista se enfrentan a un panorama mucho más adverso que hace apenas meses: sanciones que golpean tanto a su círculo directo como a los engranajes económicos y de inteligencia que sostienen su poder familiar; aliados geopolíticos e ideológicos que, enfrentados a crisis globales mayores, no pueden ofrecer un blindaje efectivo; y un contexto internacional marcado por un conflicto en Medio Oriente que redefine prioridades y alianzas.


Por Jairo Videa | @JairoVidea

Managua, Nicaragua
Ilustración de COYUNTURA
Ilustración de COYUNTURA

El tablero geopolítico que rodea a Nicaragua se ha vuelto más estrecho en los primeros meses de 2026. El régimen de Daniel Ortega y su esposa y comandataria Rosario Murillo, que durante años construyó su supervivencia internacional apoyándose en alianzas políticas con potencias rivales de Washington, enfrenta ahora una presión creciente que combina sanciones económicas, aislamiento diplomático y cambios abruptos entre sus socios tradicionales.


Los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) ha intensificado su estrategia contra Managua mediante nuevas sanciones dirigidas a funcionarios clave de los aparatos financiero, militar y de comunicaciones del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Las medidas "buscan debilitar las estructuras que sostienen el control político interno y enviar un mensaje de que la presión continuará mientras persista el modelo autoritario", explica una abogada constitucionalista, exiliada en Costa Rica desde el año 2020.


Estas sanciones se suman a un entramado legal acumulado durante años —como la legislación que limita préstamos internacionales o refuerza castigos económicos, la "Ley Nica Act" y las actualizaciones de la llamada "Lista Engel"— diseñado para reducir el margen de maniobra de la administración nicaragüense.


Al mismo tiempo, informes internacionales, investigaciones periodísticas y testimonios recopilados por entes como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señalan que el Ejecutivo de Ortega y Murillo ha concentrado poder de forma sistemática desde su retorno al Estado en el año 2007, eliminando contrapesos institucionales y reprimiendo la disidencia mediante detenciones arbitrarias, exilio forzado, desnacionalización y confiscación de bienes.


El resultado es un régimen fuerte hacia adentro, pero cada vez más vulnerable hacia afuera.


Varias de las administraciones centroamericanas han optado por recomponer o profundizar sus vínculos con Washington, incluyendo acercamientos directos a Donald Trump, en la búsqueda de beneficios económicos, respaldo político y mayores márgenes de maniobra frente a sus propias crisis internas, incluso para evitar los aranceles impuestos por el mandatario estadounidense. Esta reconfiguración limita de forma severa cualquier margen de maniobra regional para Managua. Daniel y Rosario, por primera vez en décadas, carecen de aliados políticos confiables en su entorno inmediato.



La estrategia de sobrevivir con aliados lejanos


Desde las protestas que comenzaron en abril de 2018, Managua apostó con más fuerza e ímpetu por una política exterior basada en alianzas con países enfrentados a Washington. Rusia, China, Venezuela e Irán pasaron a ocupar el lugar que antes tenían socios occidentales o multilaterales, aunque las cifras en realidad ilustran a Estados Unidos como principal comprador, vendedor y donante para Nicaragua en los últimos 10 años.


Esa red "multipolar", según palabras de Laureano Ortega, no surgió por afinidad ideológica únicamente, sino por necesidad. Países sometidos a sanciones o tensiones con Estados Unidos han tendido a cooperar entre sí para resistir presiones económicas y diplomáticas.


En el caso nicaragüense, esa estrategia se tradujo en:


  • Acuerdos energéticos y políticos con Venezuela.

  • Proyectos económicos, educativos y diplomáticos con China.

  • Cooperación militar y tecnológica con Rusia.

  • Relaciones políticas, de salud y comerciales con Irán.


Sin embargo, el valor de estas alianzas depende de la estabilidad de cada socio, y ese equilibrio se ha vuelto incierto.


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