En el cerco de las potencias: Daniel Ortega y Rosario Murillo frente al ocaso de sus aliados
- 2 mar
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Hoy, la pseudo-monarquía sandinista se enfrentan a un panorama mucho más adverso que hace apenas meses: sanciones que golpean tanto a su círculo directo como a los engranajes económicos y de inteligencia que sostienen su poder familiar; aliados geopolíticos e ideológicos que, enfrentados a crisis globales mayores, no pueden ofrecer un blindaje efectivo; y un contexto internacional marcado por un conflicto en Medio Oriente que redefine prioridades y alianzas.
Por Jairo Videa | @JairoVidea
Managua, Nicaragua

El tablero geopolítico que rodea a Nicaragua se ha vuelto más estrecho en los primeros meses de 2026. El régimen de Daniel Ortega y su esposa y comandataria Rosario Murillo, que durante años construyó su supervivencia internacional apoyándose en alianzas políticas con potencias rivales de Washington, enfrenta ahora una presión creciente que combina sanciones económicas, aislamiento diplomático y cambios abruptos entre sus socios tradicionales.
Los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) ha intensificado su estrategia contra Managua mediante nuevas sanciones dirigidas a funcionarios clave de los aparatos financiero, militar y de comunicaciones del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Las medidas "buscan debilitar las estructuras que sostienen el control político interno y enviar un mensaje de que la presión continuará mientras persista el modelo autoritario", explica una abogada constitucionalista, exiliada en Costa Rica desde el año 2020.
Estas sanciones se suman a un entramado legal acumulado durante años —como la legislación que limita préstamos internacionales o refuerza castigos económicos, la "Ley Nica Act" y las actualizaciones de la llamada "Lista Engel"— diseñado para reducir el margen de maniobra de la administración nicaragüense.
Al mismo tiempo, informes internacionales, investigaciones periodísticas y testimonios recopilados por entes como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señalan que el Ejecutivo de Ortega y Murillo ha concentrado poder de forma sistemática desde su retorno al Estado en el año 2007, eliminando contrapesos institucionales y reprimiendo la disidencia mediante detenciones arbitrarias, exilio forzado, desnacionalización y confiscación de bienes.
El resultado es un régimen fuerte hacia adentro, pero cada vez más vulnerable hacia afuera.
Varias de las administraciones centroamericanas han optado por recomponer o profundizar sus vínculos con Washington, incluyendo acercamientos directos a Donald Trump, en la búsqueda de beneficios económicos, respaldo político y mayores márgenes de maniobra frente a sus propias crisis internas, incluso para evitar los aranceles impuestos por el mandatario estadounidense. Esta reconfiguración limita de forma severa cualquier margen de maniobra regional para Managua. Daniel y Rosario, por primera vez en décadas, carecen de aliados políticos confiables en su entorno inmediato.
La estrategia de sobrevivir con aliados lejanos
Desde las protestas que comenzaron en abril de 2018, Managua apostó con más fuerza e ímpetu por una política exterior basada en alianzas con países enfrentados a Washington. Rusia, China, Venezuela e Irán pasaron a ocupar el lugar que antes tenían socios occidentales o multilaterales, aunque las cifras en realidad ilustran a Estados Unidos como principal comprador, vendedor y donante para Nicaragua en los últimos 10 años.
Esa red "multipolar", según palabras de Laureano Ortega, no surgió por afinidad ideológica únicamente, sino por necesidad. Países sometidos a sanciones o tensiones con Estados Unidos han tendido a cooperar entre sí para resistir presiones económicas y diplomáticas.
En el caso nicaragüense, esa estrategia se tradujo en:
Acuerdos energéticos y políticos con Venezuela.
Proyectos económicos, educativos y diplomáticos con China.
Cooperación militar y tecnológica con Rusia.
Relaciones políticas, de salud y comerciales con Irán.
Sin embargo, el valor de estas alianzas depende de la estabilidad de cada socio, y ese equilibrio se ha vuelto incierto.
El golpe simbólico: la debilidad venezolana
Durante más de una década, Venezuela fue el sostén político y petrolero más importante de Managua en el continente. La relación trascendía la retórica diplomática: era una alianza estratégica, institucional y militar.
Pero la situación cambió de forma dramática en enero, con la detención de Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores. La crisis venezolana y la presión estadounidense han debilitado por mucho ese vínculo histórico. El régimen nicaragüense reaccionó con cautela incluso ante acontecimientos críticos que afectaron a su principal aliado regional, evidenciando la fragilidad de esa relación, y la inconsistencia en el modelo sandinista.
Washington ha ampliado sus presiones contra Venezuela y sus aliados, entre ellos Nicaragua, como parte de una estrategia regional más amplia.
En el núcleo del poder en Nicaragua, varios hijos de Daniel Ortega y Rosario Murillo han sido señalados por Estados Unidos y la Unión Europea como actores relevantes dentro de la estructura económica vinculada al oficialismo. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), dependiente del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, ha impuesto sanciones a varios miembros de la familia Ortega Murillo en distintos momentos desde 2019, acusándolos de participar en redes empresariales que —según Washington— apoyan financieramente al Gobierno y se benefician de contratos estatales.
Entre los nombres más mencionados en reportes públicos figuran Laureano Ortega Murillo, vinculado a relaciones internacionales e inversiones —incluyendo negociaciones con empresas chinas—; Rafael Ortega Murillo y Juan Carlos Ortega Murillo, relacionados con estructuras empresariales, de seguridad, petroleo y medios de comunicación; y Camila Ortega Murillo, asociada a plataformas culturales, institucionales y mediáticas alineadas con el Ejecutivo de sus padres, quienes controlan todo desde su casa en El Carmen.
En el plano empresarial, investigaciones y comunicados oficiales estadounidenses han apuntado a conglomerados vinculados a la familia en sectores como medios de comunicación (incluyendo pero no limitado a los canales 2, 4, 6, 8, 10, 12, 13, 22, 15, y al menos 30 radios FM y/o AM), publicidad, seguridad privada, combustibles y distribución energética. También se ha señalado la influencia familiar en la Distribuidora Nicaragüense de Petróleos (DNP) y en empresas de seguridad como El Goliat, así como en proyectos estratégicos ligados a concesiones mineras y comercio de oro.
La Unión Europea ha renovado recientemente sanciones contra altos cargos de la administración nicaragüense —incluyendo allegados al círculo presidencial— que contemplan congelación de activos y prohibiciones de visado. Las autoridades estadounidenses y europeas sostienen que estas medidas buscan presionar por cambios democráticos tras la crisis iniciada en abril de 2018; el Gobierno de Managua, por su parte, rechaza las acusaciones y califica las sanciones como injerencia extranjera.
La consecuencia es clara: Managua ya no puede contar con el respaldo político, económico y simbólico-institucional continental que tuvo durante años.
Por otro lado, la ofensiva jurídica y financiera de Donald Trump ha tomado fuerza con el avance de la denominada ley Restoring Sovereignty and Human Rights in Nicaragua Act of 2026. Esta iniciativa legislativa, promovida en el Congreso estadounidense, busca "asfixiar" los motores y mecanismos económicos que aún mantienen a flote a la dictadura sandinista como las exportaciones de textiles y oro.
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Irán: un aliado distante y opaco
Irán representa un vínculo no tan discreto y significativo. La cooperación con países sancionados ha sido una constante en la política exterior iraní, especialmente con gobiernos que comparten tensiones con Estados Unidos.
Los acuerdos entre Managua y Teherán han sido criticados por su falta de transparencia y los detalles macro. A diferencia de otros socios, la relación con Irán se caracteriza por visitas diplomáticas poco documentadas y convenios cuyos detalles raramente se hacen públicos.
Este tipo de cooperación ha alimentado sospechas en Washington, que mantiene sanciones amplias contra redes financieras y comerciales vinculadas al régimen iraní. "En un contexto de conflictos regionales densos y explosivos, y tensiones militares y de seguridad hemisférica, cualquier acercamiento entre Managua y Teherán, o Managua y Moscú, adquiere mayor sensibilidad estratégica", explica Sofia H., docente universitaria.
"Ninguna entidad financiera global quiere verse involucrada con empresas que el Tesoro de EE.UU. califica como lavadoras de dinero", explicó un consultor financiero nicaragüense exiliado en declaraciones entregadas esta semana a la agencia Reuters.
"Nada puede obstaculizar el fortalecimiento de la cooperación entre nuestros dos países que estarán juntos y el enemigo no podrá hacer nada contra ellos", dijo Mahmud Ahmadineyad, expresidente iraní, en junio de 2007, cuando Daniel Ortega concluyó una visita oficial a Irán afirmando que la unidad entre ambas naciones era "invencible".
China: apoyo económico con límites
Ahora bien. China se ha convertido en un socio económico visible de Nicaragua en los últimos años, aunque no es el más importante todavía. Desde la reanudación de relaciones diplomáticas en 2021, el comercio bilateral creció rápidamente, aunque con un fuerte desequilibrio a favor de Pekín, como ya lo ha documentado la Redacción de COYUNTURA.
Proyectos industriales financiados con capital chino han sido presentados por el FSLN como prueba de que el país centroamericano no depende de Occidente.
Pero el apoyo chino tiene límites claros:
Es principalmente económico, no político ni institucional.
Evita confrontaciones directas con Estados Unidos.
No sustituye completamente el acceso a mercados occidentales.
China puede ser un socio importante, pero no necesariamente un salvavidas político.
Rusia: presencia simbólica, y de espionaje
Rusia ha sido presentada por los Ortega Murillo como un aliado estratégico en seguridad y defensa. Sin embargo, la experiencia de otros países muestra que Moscú rara vez puede ofrecer apoyo económico significativo a gobiernos aliados bajo sanciones.
La asistencia suele limitarse a cooperación militar o respaldo diplomático, insuficiente para compensar el aislamiento financiero internacional.
Estados Unidos mantiene en ese sentido una estrategia sostenida orientada a aumentar el costo político, social y económico del régimen sandinista.
En 2026, esta presión incluye:
Nuevas sanciones individuales.
Restricciones financieras.
Limitaciones a préstamos internacionales.
Proyectos de ley para ampliar castigos económicos.
Washington sostiene que estas medidas buscan "responsabilizar" al régimen Ortega-Murillo por violaciones a los derechos humanos, violaciones a los derechos laborales y falta de democracia y libertad religiosa, en primer plano.
Esta política estadounidense no es nueva, pero sí se ha vuelto más sistemática y consciente.
El estrechamiento del margen
El resultado de estas dinámicas es un escenario en el que Managua enfrenta múltiples presiones simultáneas:
Sanciones crecientes.
Aliados debilitados o derrotados.
Dependencia económica externa, de la compra de oro, las remesas familiares y la macro inversión.
Aislamiento político y bilateral.
El Frente Sandinista ha logrado mantenerse mediante control interno y alianzas internacionales selectivas, en base a preferencias ideológicas, obsoletas e ilegítimas. Pero, ahora mismo, la soledad acampa a sus anchas en el patio de la casa copresidencial. Xiomara Castro ya no tiene voz. Nicolás Maduro no puede abrigar. Alí Jameneí no está más. Donald Trump y Marco Rubio van como falcones, cazadores de socialismo.
El entorno global es menos favorable que en la década anterior para Daniel, Rosario y los suyos. Cualquier mal movimiento o escupitajo desde un escenario podría significar sangre o negociación.
Un régimen rodeado
La política exterior de Ortega y Murillo se diseñó para resistir el aislamiento. Valdrack Jaentschke y Dennis Moncada, actuales co-ministros de su co-invento, reciclaron palabras y remitentes, una y otra vez. Foro tras foro. Informe tras informe.
Durante años funcionó. Hoy, sin embargo, el contexto es distinto, más hostil, avasallador, al ritmo de un nuevo orden mundial, que Trump impone, para mucho bien y para más mal.
Venezuela atraviesa crisis profundas. Irán enfrenta sanciones intensas y el inicio de largas semanas de bombardeos, según el gobierno republicano, que "no descarta" el envío de tropas terrestres a Medio Oriente, como pasó en Caracas y otros países este año y en 2025. Rusia está concentrada en su propio conflicto, Ucrania y la Unión Europea, entrando al quinto año de invasión. China actúa con cautela, pero Corea del Norte prepara ya a la heredera de la mano fuerte.
Mientras tanto, Estados Unidos mantiene una presión constante y más sonante. Y Nicaragua sigue teniendo aliados, aunque no los más fuertes, ni lo más desprendidos.
Pero el sistema de apoyos que permitió al régimen sandinista resistir durante años muestra señales contundentes de desgaste.
El cerco no es absoluto. Pero es cada vez más visible. Hay que estar preparados.
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