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El limbo de la espera tras el choque ferroviario de Adamuz: familias, silencio y una tragedia que aún no termina

Updated: 3 hours ago

El balance provisional se eleva a 41 personas fallecidas, entre ellas el maquinista del tren Alvia. Además, 152 pasajeros resultaron heridos, 43 de los cuales tuvieron que ser hospitalizados. Doce permanecen en unidades de cuidados intensivos y nueve presentan pronóstico grave. Entre los ingresados hay cinco menores, todos atendidos en el hospital Reina Sofía de Córdoba; uno de ellos se encuentra en la UCI, según verificación de COYUNTURA.


Por Jairo Videa | @JairoVidea

Madrid, España
Tragedia ferroviaria en Adamuz, España, en enero del año 2026 | Fotografía de El Mundo
Tragedia ferroviaria en Adamuz, España, en enero del año 2026 | Fotografía de El Mundo

El centro cívico Poniente Sur de Córdoba se convirtió este lunes 19 de enero de 2026 en un espacio suspendido en el tiempo. Desde primera hora del día comenzaron a llegar familias procedentes de distintos puntos del país —Huelva, Madrid, Málaga— y también del extranjero. No acudían a realizar un trámite ni a recibir una atención concreta: llegaban porque no sabían a dónde más ir. En sus manos llevaban botellas de agua, teléfonos móviles descargados y fotografías impresas o guardadas en la pantalla. Buscaban a personas que, desde la noche anterior, habían dejado de responder.


La escena se repitió durante horas. Padres, hermanas, abuelos, parejas y amigos recorrían desde la madrugada hospitales públicos y privados, cuarteles de la Guardia Civil española, institutos forenses. En cada lugar repetían los mismos nombres, las mismas edades, los mismos trayectos. Todos acababan desembocando en el mismo punto: el centro cívico habilitado como lugar de información y espera tras el accidente ferroviario ocurrido el domingo por la tarde en el término municipal de Adamuz. Allí, lo único posible era aguardar. Y mientras esperaban con alguna esperanza, muchos no sabían cómo conjugar el verbo "estar": sus familiares no estaban localizados, pero tampoco confirmados entre las víctimas mortales.


Entre ellos se encontraba Nawal, que buscaba a su hermana Yamila, de 45 años. Yamila había pasado el fin de semana en Málaga con su marido —él trabaja allí, ella reside en Madrid— y regresaba en el tren de alta velocidad de la compañía Iryo. Viajaba en el vagón número 8, uno de los que descarriló tras la colisión. Nawal hacía de traductora constante para otros familiares, de origen marroquí, que apenas hablaban español. Su mensaje llevaba horas sin cambiar: no había información.


La última comunicación con Yamila quedó grabada en una videollamada interrumpida de forma abrupta. "Estábamos hablando cuando de repente el móvil se cayó. Se oían gritos, un ruido muy fuerte. La cámara seguía encendida, pero no se veía nada", relató Nawal. Durante dos horas intentaron volver a contactar con ella. Después, el silencio. El teléfono apareció más tarde: otro pasajero lo encontró sonando sin respuesta.


A pocos metros, Rafa esperaba noticias de su nuera, de 26 años. Ella regresaba a Lepe, en Huelva, tras pasar unos días en Madrid con su marido, militar. Viajaba en el tren Alvia que cubría el trayecto Madrid-Huelva, en el vagón número uno: el primero en impactar contra los coches del Iryo descarrilado. Mientras su hijo recorría la ciudad en busca de datos, Rafa y su mujer no comprendían por qué, pasadas las tres y media de la tarde, aún no sabían si su nuera figuraba entre las ya 41 personas fallecidas confirmadas por la Junta de Andalucía, si seguía atrapada entre los restos del convoy o si, simplemente, nadie había logrado localizarla.


La desesperación fue creciendo conforme avanzaban las horas. Algunas familias cruzaron llorando el cordón policial que separaba a los allegados de los medios de comunicación. "Aquí no nos dicen nada. Vamos a buscar en otro sitio", repetían antes de marcharse. Otros permanecían sentados, inmóviles, mirando la puerta por la que entraban y salían psicólogos, sanitarios y personal ferroviario.


Germán, otro de los familiares, recibió una llamada en mitad de la espera: habían localizado con vida a una niña de cinco años de su familia. Cuatro de sus allegados seguían desaparecidos. Salió corriendo hacia su coche, con la noticia aún fresca y sin tiempo para procesarla. Dentro del centro, una veintena de profesionales de atención psicológica intentaban sostener a quienes comenzaban a quebrarse. Clara Molero, psicóloga de Renfe, explicaba que el estado emocional era muy desigual: "hay personas completamente desbordadas y otras que se aferran a la esperanza".


La lentitud en la identificación de los cuerpos fue uno de los factores que más agravó el sufrimiento. El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, reconoció ante los medios que muchas de las víctimas presentaban un estado que dificultaba su reconocimiento inmediato. "Nuestra prioridad es sacar cuanto antes del sufrimiento a estas familias rotas", afirmó, aunque advirtió de que el trabajo técnico no sería rápido. A mediodía del lunes todavía quedaban al menos ocho cuerpos por rescatar del lugar del siniestro y no se podía descartar la existencia de más personas atrapadas.


Poco antes de las cuatro de la tarde, a las puertas del centro cívico, una mujer se desplomó al conocer que el familiar al que esperaba figuraba entre los fallecidos. Sus gritos rompieron el silencio contenido del recinto. Cerca de ella, otra joven lloraba mientras hablaba por teléfono. Los psicólogos anticipaban que, a lo largo de la tarde, podrían llegar más confirmaciones fatales.


El accidente


La tragedia se produjo a las 19:45 del domingo 18 de enero de 2026, hora local española. El tren 6189 de la compañía Iryo, que cubría el trayecto Málaga–Madrid con 294 pasajeros, descarriló a la altura de Adamuz, una localidad cordobesa de unos 4,200 habitantes. Tras salirse de la vía, el convoy invadió el trazado contiguo, provocando el descarrilamiento del tren Alvia 2384 de Renfe, que circulaba en sentido contrario con destino a Huelva y transportaba a alrededor de un centenar de viajeros.


En el momento de la colisión, ambos trenes circulaban por debajo de los límites de velocidad establecidos para ese tramo: el Alvia lo hacía a 205 kilómetros por hora y el Iryo a 210.


Aun así, el impacto fue devastador. Según explicó el ministro de Transportes, Óscar Puente, los dos primeros coches del Alvia —en los que viajaban 53 personas— salieron despedidos. Estos vagones cayeron por un terraplén de unos cuatro metros, según detalló el consejero de Emergencias de la Junta, Antonio Sanz.


El balance provisional asciende a 41 personas fallecidas, entre ellas el maquinista del Alvia, y 152 heridas. De estas últimas, 43 permanecen hospitalizadas: 12 en unidades de cuidados intensivos y nueve en estado grave. Cinco de los heridos son menores de edad y se encuentran ingresados en el hospital Reina Sofía de Córdoba; uno de ellos está en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).


Los equipos de rescate se enfrentaron a un escenario extremadamente complejo, con vagones deformados y estructuras metálicas que dificultaban el acceso. "Era un amasijo de hierros", resumió el director del consorcio de bomberos de Córdoba, Paco Carmona.


Tragedia ferroviaria en Adamuz, España, en enero del año 2026 | Fotografía de El País
Tragedia ferroviaria en Adamuz, España, en enero del año 2026 | Fotografía de El País

El alcalde de Adamuz, Rafael Moreno, describió el lugar como “un escenario dantesco” cuando llegó a la zona del siniestro.


Investigación y antecedentes


Las causas del descarrilamiento siguen sin esclarecerse. La investigación ha quedado en manos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), un órgano independiente creado en 2007 y adscrito al Ministerio de Transportes. El propio Puente calificó el suceso como "tremendamente extraño": ocurrió en una recta, afectó a un tren con menos de cuatro años de antigüedad y en una vía que había sido completamente renovada, con una inversión de 700 millones de euros.


Las obras en ese tramo concreto concluyeron en mayo de 2025, y el tren Iryo había pasado una revisión el pasado 15 de enero.


No obstante, el gestor ferroviario Adif había informado en meses recientes de al menos ocho incidencias técnicas en ese tramo de alta velocidad, relacionadas con la señalización, la catenaria y otros elementos de la infraestructura.


Los testimonios de los supervivientes coinciden en describir una sucesión de vibraciones, golpes y movimientos bruscos antes de la detención. Algunos relatan la caída de maletas, la pérdida de suministro eléctrico y la visión, al salir, de vagones volcados y retorcidos. Varios pasajeros intentaron auxiliar a otros atrapados, aunque las condiciones lo hicieron casi imposible. Algunos señalaron que los servicios de emergencia tardaron cerca de una hora en llegar.


Un operativo sin precedentes


El dispositivo desplegado ha movilizado a recursos de todas las administraciones. La Junta de Andalucía desplazó a 16 forenses; la Unidad Militar de Emergencias activó a 37 efectivos y 15 vehículos. Más de 220 agentes de la Guardia Civil trabajan en la zona, incluidos especialistas en identificación por ADN y huellas, así como unidades de tráfico, seguridad ciudadana y reserva. También se utilizan helicópteros y drones.


Se han habilitado puntos de información en las estaciones afectadas y equipos de atención psicológica en Madrid, Córdoba, Huelva y Sevilla.


El teléfono 900 101 020 centraliza la información para familiares. Tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como el de la Junta de Andalucía se desplazaron al lugar y destacaron la coordinación institucional.


La circulación ferroviaria entre Madrid y Andalucía permanece suspendida hasta nuevo aviso. Renfe ha anunciado cambios y anulaciones gratuitas para los billetes afectados. Las autoridades han pedido a la población que evite desplazarse a hospitales o al lugar del accidente salvo en casos estrictamente necesarios.


Las reservas de sangre están cubiertas por el momento, aunque se ha llamado a donar de forma escalonada en los próximos días.


El maquinista


Entre las víctimas mortales se encuentra Pablo B., de 28 años, maquinista del tren Alvia. Vecino de Alcorcón, pertenecía a una generación de profesionales con una alta cualificación técnica. Antes de acceder a la conducción ferroviaria, se graduó en Ingeniería Informática en la Universidad Carlos III de Madrid y completó su formación como maquinista en el centro Cetren de Adif, donde obtuvo la licencia entre 2019 y 2020. Desde entonces trabajaba en Renfe a jornada completa.


Tragedia ferroviaria en Adamuz, España, en enero del año 2026 | Fotografía de El País
Tragedia ferroviaria en Adamuz, España, en enero del año 2026 | Fotografía de El País

Tras la colisión, la compañía intentó contactar con él de forma reiterada durante cerca de media hora. No hubo respuesta. Su cuerpo fue localizado posteriormente por los equipos de rescate en las inmediaciones del tren. El impacto se produjo apenas 20 segundos después de que el otro convoy descarrilara, un margen de tiempo que hizo inevitable la tragedia.


Fuera de su trabajo, Pablo cultivaba una intensa afición por la fotografía y la programación. Había diseñado su propia web para mostrar su obra, centrada tanto en la naturaleza —especialmente la macrofotografía— como en paisajes urbanos de atmósfera contenida. En sus textos personales evitaba cualquier tono grandilocuente y relataba su aprendizaje autodidacta desde la infancia. También era aficionado a los videojuegos, al ajedrez y al geocaching.


Su fallecimiento causó una fuerte conmoción en Alcorcón. El Ayuntamiento decretó tres días de luto oficial, suspendió la agenda pública y guardó cinco minutos de silencio en su memoria y en la del resto de víctimas. Las banderas ondearon a media asta como símbolo de duelo colectivo.


Mientras avanza la investigación y continúan las labores de rescate e identificación este martes 20 de enero, en el centro cívico de Córdoba aún quedan familias esperando una respuesta. Para muchas de ellas, la tragedia no terminó el domingo por la noche: sigue abierta, sostenida por la incertidumbre y por un silencio que pesa tanto como el estruendo de aquel choque.



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