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El silencio que deja la tinta en Centroamérica

  • 29 mar
  • 8 min de lectura

Cada periódico que deja de imprimirse es también un archivo que se interrumpe. En sus páginas no solo había noticias, sino registro histórico, identidad colectiva y memoria social. La región enfrenta así una paradoja: en la era de la hiperconectividad, amplios sectores quedan más desinformados que antes. No por falta de tecnología, sino por la desaparición de quienes convertían los hechos en relatos verificables. El papel se extingue. Pero lo que realmente está en juego es quién cuenta la historia, y quién queda fuera de ella.


Por Juan Daniel Treminio | @DaniTreminio

San José, Costa Rica
Archivo de la Universidad de Costa Rica | Fotografía por Luis Alvarado Castro
Archivo de la Universidad de Costa Rica | Fotografía por Luis Alvarado Castro

En menos de dos décadas, el paisaje mediático centroamericano ha sufrido una transformación silenciosa pero devastadora: el cierre, debilitamiento o desaparición de periódicos impresos que durante generaciones narraron la vida pública de sus países. La lista verificada por COYUNTURA —que incluye cabeceras históricas en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Costa Rica— no es un inventario nostálgico, sino el rastro tangible de una crisis estructural que combina asfixia política, precariedad económica y mutación tecnológica.


En Nicaragua, nombres como El Nuevo Diario, La Prensa, Metro, Q'hubo, Revista Envío y Hoy resumen distintas formas de adaptación o desaparición total. En Guatemala, elPeriódico y LaHora.GT han enfrentado presiones judiciales y económicas. En El Salvador, El Diario de Hoy, Más!, El Mundo y Co Latino sobreviven en un entorno cada vez más hostil, pero ahora sin papel. Mientras tanto, en Costa Rica, aunque con mayor estabilidad institucional, cabeceras como La Prensa Libre y Diario Extra también han reducido la vida impresa.


Lo que une estos casos no es solo el declive del papel, sino el deterioro del ecosistema informativo.


Nicaragua: el laboratorio del silenciamiento


La desaparición de El Nuevo Diario en 2019 marcó un punto de quiebre. Fue el primer gran cierre tras el inicio de la crisis social, política, humanitaria y económica iniciada en abril de 2018. Desde entonces, el cerco contra la prensa se ha intensificado, incluyendo la confiscación de instalaciones, bloqueo de insumos —como papel y tinta— y persecución judicial.


Un redactor de La Prensa en Nicaragua, que escribe desde el exilio y bajo anonimato por seguridad, explica: "el cierre de medios impresos no es una consecuencia del mercado, es una política deliberada. Cuando no puedes imprimir, no puedes circular; y cuando no circulas, desapareces de la vida cotidiana".


La reducción del papel no solo eliminó un formato, sino una forma de acceso a la información en zonas rurales donde la conectividad digital sigue siendo limitada. La prensa escrita funcionaba como archivo físico de la memoria colectiva; su ausencia deja un vacío difícil de sustituir.


Metro, Q'hubo, Revista Envío (de la extinta Universidad Centroamericana) y Hoy también desaparecieron.


Violeta Delgado, feminista y activista nicaragüense, explica que "la constante, incluso dirigida hacia mujeres periodistas que se han tenido que exiliar, ha sido las amenazas de violencia sexual, las amenazas en contra de sus hijos y el acoso a sus familias. Probablemente hay actos de violencia que comparten con hombres periodistas, pero las amenazas de violencia sexual van exclusivamente dirigidas hacia las mujeres. Es una situación a la cual se le debe dar atención particular porque estas amenazas se desligan a las hijas e hijos y para muchas mujeres esto es peor que recibir una amenaza directa en contra de ellas mismas".


Las y los profesionales de la comunicación deben buscar fuentes, información, datos y hasta formas de subsistir en un contexto adverso y de represión. Delgado asegura que después de varias consultas con medios y periodistas independientes ha logrado identificar las tres principales necesidades del gremio: "el primer aspecto evidentemente es el de la seguridad, en todas sus dimensiones; física, digital, bioseguridad. La sostenibilidad también es un reto gigantesco; son muy limitados los medios que pueden pagar un salario y tener honorarios sistemáticos con seguros y otras prestaciones. El Estado, que es el gran publicista de la nación, no le da ni un centavo a la prensa independiente y la empresa privada, con muchas limitaciones, en algún momento no lo hacia por temor a represalias, y en este momento se le suma el impacto económico que hay en el país".


Sobre las fuentes de ingresos para los medios, Delgado comenta: "las posibles fuentes de ingreso cada vez se limitan más de manera que los periodistas trabajan casi voluntariamente, obteniendo ingresos limitados a partir de la posibilidad  de venta de pautas, viáticos o algún pago que se pueda gestionar, pero evidentemente esto no está acorde a las necesidades de las personas para satisfacer al menos el pago de su canasta básica, y tampoco es de manera sistemática. No es un salario por un tiempo X, y tampoco es sujeto a seguro social. La mayoría de las iniciativas de comunicación no están adscritos al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) e inclusive la mayoría de medios emergentes no están constituidos y no tienen una figura jurídica, y esto obviamente limita muchísimo para poder ser sujetos de colaboración o para poder vender algún servicio".


Nicaragua se ubica actualmente en el puesto número 172 de 180 en el reporte global de 2025 de Reporteros Sin Fronteras.


Guatemala: judicialización y colapso


El caso de elPeriódico en Guatemala simboliza otra dimensión de la crisis regional: la judicialización del periodismo. Su cierre en 2023, tras la detención de su fundador, José Rubén Zamora, evidenció cómo los procesos legales pueden convertirse en mecanismos de presión económica y editorial.


Un periodista de elPeriódico relató a esta Redacción: "no fue solo la cárcel o las acusaciones. Fue el aislamiento financiero, la retirada de publicidad y el miedo de las fuentes. El papel dejó de ser viable porque el sistema lo volvió inviable".


A esto se suma el debilitamiento de otros espacios impresos y la migración forzada hacia lo digital, muchas veces sin modelos sostenibles. LaHora.GT, por ejemplo, ha tenido que reinventarse en un entorno donde la publicidad institucional ya no es una fuente segura de ingresos.


La Corte Suprema de Justicia (CSJ) de Guatemala revocó el lunes 23 de marzo de 2026 tres fallos que habían sido convalidados de forma irregular por dos juzgados contra Zamora, quien estuvo más de tres años en prisión sin que se probaran las acusaciones en su contra. Los fallos fueron revocados tras un recurso legal presentado por el periodista guatemalteco ante la Cámara de Amparos de la Corte Suprema, según confirmaron fuentes judiciales. La resolución establecida por el Supremo contempló como irregulares las decisiones en 2025 de la Sala Segunda Penal y la Sala Tercera de Apelaciones, que ordenaron el retorno a la prisión preventiva por parte de José Rubén.


De acuerdo a la resolución del Supremo, a Zamora se le "vulneró el debido proceso" con resoluciones carentes "de fundamentación", también calificadas como "ilegítimas" y "arbitrarias". Guatemala se ubica en el puesto número 138 del informe 2025 de Reporteros Sin Fronteras.


El Salvador: entre concentración y autocensura


En El Salvador, que se ubica en el lugar 135 de los 180 de puntuación global, el ecosistema mediático ha experimentado una reconfiguración acelerada. Más!, El Diario de Hoy, El Mundo, Co Latino. Ya no existen sus ediciones de papel.


Un redactor de El Diario de Hoy señala: "el papel ya no es el principal problema. Lo es el clima. Hay temas que simplemente desaparecen de la agenda porque el costo de publicarlos es demasiado alto".


La reducción de tirajes impresos y la migración a plataformas digitales coinciden con un contexto de creciente concentración mediática y limitaciones al acceso a la información pública. La desaparición de suplementos y ediciones populares —como Más!— refleja también un cambio en las audiencias y en las prioridades editoriales.


Dos leyes refuerzan el control del Estado salvadoreño: la Ley de Ciberseguridad, que instaura una agencia bajo la autoridad presidencial para regular la seguridad en Internet y la protección de datos y la Ley de Protección de Datos Personales, que establece el "derecho al olvido" y permite a esta agencia ordenar la eliminación de información en Internet. Se ha despojado al Instituto de Acceso a la Información Pública de su misión, lo que restringe el acceso de los ciudadanos a los datos oficiales.


Reporteros Sin Fronteras expresó en enero de 2026 su más "profunda preocupación" tras la detención en España del fotoperiodista salvadoreño Diego Andrés Rosa Rosales. Arrestado cuando se disponía a presentar una solicitud de asilo, el periodista —liberado pero bajo la amenaza de una extradición— es objeto de una notificación roja de la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL) emitida a petición de las autoridades de El Salvador. Al denunciar un uso abusivo de los mecanismos de cooperación policial internacional por parte del régimen de Nayib Bukele para perseguir a un reportero en el exilio, la entidad global llamó a las autoridades españolas a hacer prevalecer la protección internacional solicitada.


Costa Rica: la excepción que también cede


La libertad de prensa en Costa Rica ha experimentado un deterioro significativo, cayendo al puesto 36 en el ranking mundial de 2025 de Reporteros Sin Fronteras. Aunque la Constitución garantiza la libre expresión sin censura previa, el entorno se ha vuelto hostil para el periodismo crítico, marcado por ataques verbales desde el Poder Ejecutivo y restricciones al acceso de información.


Aunque Costa Rica mantiene mayores niveles de libertad de prensa en cuanto a la región, la crisis del papel también ha dejado huella. La Prensa Libre dejó de circular en formato impreso en 2023, tras más de un siglo de historia. Diario Extra ha reducido su alcance y frecuencia.


Aquí, el factor dominante es económico: caída de la publicidad, migración de lectores a lo digital y altos costos de impresión. Sin embargo, el resultado converge con el resto de la región: menos papel, menos presencia física, menos impacto en sectores desconectados.


Más allá del papel: un ecosistema en extinción


La desaparición de periódicos impresos es solo la capa más visible de una crisis más amplia. Las radios comunitarias, históricamente fundamentales en zonas rurales e indígenas, enfrentan cierres por falta de financiamiento, persecución legal o cooptación política. En paralelo, medios digitales emergentes —que surgieron como alternativa— también están cerrando o reduciendo operaciones ante la falta de modelos sostenibles. Los espacios universitarios, que podrían funcionar como semilleros de periodismo independiente, avanzan con lentitud o enfrentan limitaciones presupuestarias y curriculares. El resultado es una cadena de debilitamientos que afecta toda la estructura informativa.


Diversos informes de organizaciones internacionales coinciden en una tendencia preocupante: América Latina ha perdido decenas de medios en la última década, y Centroamérica es una de las subregiones más afectadas. La combinación de autoritarismo, violencia, precariedad económica y transformación digital ha generado lo que algunos analistas llaman "desiertos informativos".


Estos desiertos no son solo geográficos, sino también temáticos: hay menos cobertura de corrupción, crimen organizado y crisis ambientales. La desaparición del papel ha reducido la visibilidad de estos temas en el espacio público, especialmente entre poblaciones que no consumen información digital.


Lo que está en juego no es un formato, sino la capacidad de las sociedades para narrarse a sí mismas. El papel, con todas sus limitaciones, era un punto de encuentro: en kioscos, buses, mercados, plazas. Su desaparición fragmenta la experiencia informativa y debilita el debate público. En palabras del periodista nicaragüense citado: "cuando desaparece un periódico, no solo se pierde una empresa. Se pierde una conversación".


Centroamérica enfrenta así una paradoja: nunca ha habido tantas herramientas para informar, pero cada vez hay menos condiciones para hacerlo con libertad, sostenibilidad y alcance.


La lista de COYUNTURA no es definitiva. Es, más bien, una advertencia. Porque detrás de cada nombre hay una redacción vacía, una rotativa detenida y una ciudadanía que, poco a poco, se queda sin voz.



En COYUNTURA, cada noticia y día de trabajo es un acto de valentía respaldado por personas, procesos, fuentes, documentos y perspectivas confiables, contrastadas y diversas, aunque muy a menudo debemos proteger la identidad de quienes informan y/o comentan. Pero la censura, la crisis económica y los obstáculos estatales y de seguridad no detienen a nuestra Redacción; seguimos informando con determinación, desde Centroamérica. Si has sufrido violaciones a tus derechos por un Estado centroamericano, o si quieres contar una historia, contáctanos a través de direccion@coyuntura.co o mediante la burbuja de mensajes en la parte inferior del medio.


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