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John Cerna: "Todos estamos involucrados porque cada quien cumple un rol, y todos somos necesarios"

Su padre falleció cuarenta días antes de su detención. Su abuela de crianza falleció cuatro días después de haber sido excarcelado y desterrado. Pero no son las únicas personas fallecidas que menciona, ni los únicos duelos que le recuerdan su permanencia en la lucha por la democratización de Nicaragua; un camino que emprendió el 18 de abril del año 2018 al salir de un examen final de la clase de Estructura de Acero, en su carrera de Ingeniería Civil. Desde entonces, John Christopher Cerna Zúniga, originario de Matagalpa, con 27 años de edad, cambió su hogar por las trincheras y su almohada por los ensayos del doctor Carlos Tünnermann Bernheim, una colección de libros sobre democracia y gobernanza que le regaló su difunto padre y que ahora le permiten sanar su memoria y alimentar sus sus ideales ciudadanos, desde el exilio.


Por Juan Daniel Treminio | @DaniTreminio

Estados Unidos de América
Fotografía cortesía

De los 1075 días que John Cerna permaneció bajo el cautiverio de Daniel Ortega, 800 de ellos fueron en una celda de máxima seguridad conocida como "El Infiernillo", en el Sistema Penitenciario Nacional (SPN) "La Modelo" en Tipitapa. Casualmente es la misma celda donde permanece recluido ahora monseñor Rolando Álvarez, según fuentes consultadas por la Redacción de este medio, un lugar en donde incluso estuvo el propio dictador Ortega.


El 09 de febrero de este año, Ortega ordenó montar a Cerna en un avión junto a otros 221 presas y presos políticos, para luego desterrarlos a territorio estadounidense. Desde entonces, las cárceles en Nicaragua se volvieron a llenar de disidentes.


Cerna sabe muy bien lo que es vivir esa situación, por eso, en esta entrevista con el equipo de COYUNTURA, subraya que "los presos no deben estar en segundo plano de las agendas políticas". Antes contaba los días tras los barrotes; ahora, cuenta las actividades que se imaginaba haciendo en libertad. También relata las dificultades que atravesó su madre y su familia para poder reencontrarse con él. Sin embargo, lo que más pretende dejar claro es que, en la lucha por la democratización de Nicaragua, todas las personas ejercen un rol, sobretodo la juventud, que considera parte fundamental de la sociedad. "No es un asunto de derechas, ni de izquierdas, solo es querer trabajar, sin excusas, por un país libre", afirma.


Pregunta. ¿Llevas un registro de los días desde qué recuperaste tu libertad, al igual que lo hiciste durante los 1075 días en prisión?


Respuesta. Sí los llevo, pero al estar en un espacio así aprendes a vivir un día a la vez. Fueron 1075 días metidos detrás del perno, 1300 días para volver a abrazar a mi hermana, a mi mamá, y otro tiempo para poder abrazar a los gemelos. En estos más de 200 días que llevamos libres, ocho meses, es todo un contraste, de pasar de una cajita de tres por tres, sin viento, sin sol y sin lluvia, en comparación a venir a un país de 300 millones de habitantes y buscar cómo habituarme a una rutina, encontrar un trabajo, gestionar documentos y básicamente hacer una nueva vida, porque eso fue.


P. De tu lista de actividades por hacer cuando salieras de la cajita de tres por tres, ¿has podido realizar algunas?


R. Fíjate que sí. Yo solía hacer trekking (escalar montañas) porque llevaba más de diez años siendo scout. Me gusta acampar, hacer caminatas, servir a las personas. Me gusta porque mi padre fue miembro de la Cruz Roja para el tiempo de la guerra, entonces es como algo bien arraigado. De las primeras cosas que yo pude conseguir acá era una mochila para agua. Siempre tengo esa necesidad de salir a caminar y respirar. Uno aprecia tanto los detalles de la vida que ayer no solo disfrutaba ver la luna, sino el hecho de estar afuera, de ver las temporadas del año y sus tonalidades. Cuando estaba preso tenía una ventanita diminuta y en esa ventanita miraba los cambios de tonalidades del sol desde el amanecer, hasta el atardecer, en diferentes épocas del año.


He ocupado estos meses no solo para establecerme, sino para sanar el daño de todas las situaciones por las que nos hicieron pasar, entre ellas daños musculares. Me operaron del hombro hace cuatro meses, lo tenía desgastado y me tuvieron que hacer un injerto. Me he dedicado a la actividad física. Perdí mucho peso estando preso. Antes solo pensaba si era capaz de sobrevivir ante tanta tortura.


P. No solo sobreviviste a la tortura de las cárceles de Ortega. También sobreviviste a una bala de fusil de francotirador Dragunov y a 13 horas de ataque a la iglesia Divina Misericordia, solo por mencionar algunos eventos. ¿Qué te hace continuar en esta lucha?


P. Buena pregunta porque esa me la decía mi papá en vida. Me criticó cantidad de veces. El 18 de abril de 2018 yo estaba haciendo el examen de Estructura de Acero, en las últimas clases en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y siempre miraba la parada de la Universidad Centroamericana (UCA) llena de gente. Ese día a la hora que pasé no había ni un alma, como no andaba un teléfono inteligente solo hasta que llegué a la casa ya me di cuenta qué era lo que había ocurrido. Fue un contraste entre lo que me costó mi carrera, para empezar a la mañana siguiente una jornada que hasta el día de hoy.


"No te puedo decir si ha valido la pena, pero puedo dar gracias por estar vivo"


Mi mamita (abuela) nos llevaba a mi prima y a mí a comernos un yogurt el día que le pagaban su pensión del Seguro Social. Siendo una señora diabética e hipertensa, apenas le daban tres mil córdobas, que no ajustan ni para la insulina, ¡y que todavía se los fueran a reducir! Entonces eso era parte de la punta de lanza. Me dolió tanto. Ella falleció cuatro días después de que yo vine a este país.


Mi padre me regaló una colección de libros del doctor Carlos Tünnermann sobre democracia, gobernanza y autonomía que yo caminaba en todas partes. Él me cuestionaba, pero a pesar de todo, al término de sus días me dijo cuán orgulloso estaba. Una semana antes de que él falleciera me dijo que iba a morir y me dijo que no quería mis títulos sino la foto que me tomaron en la UNI el 20 de abril. Es una suma de todas esas cosas y sigo activo hasta el día de hoy. No te puedo decir si ha valido la pena, pero puedo dar gracias por estar vivo.


El opositor nicaragüense John Cerna levanta una bandera de Nicaragua frente a agentes de la Policía Nacional durante una protesta ciudadana en abril de 2018 | Fotografía cortesía
El opositor nicaragüense John Cerna levanta una bandera de Nicaragua frente a agentes de la Policía Nacional durante una protesta ciudadana en abril de 2018 | Fotografía cortesía

P. Has perdido a varias personas cercanas.


R. Mi papá falleció 40 días antes de mi detención, el 19 de enero de 2020. Mi mami (abuelita) falleció cuatro días después que yo viniera a este país. Mi papito Chepe (abuelo materno) falleció en agosto del año pasado, le dio un derrame. Falleció una tía, un primo murió de Covid entonces cada 40 días me daba cuenta de que alguien a quien amaba ya no está y no les pude decir adiós. ¡Cómo guardar eso!


P. ¿Cómo fue el reencuentro con tu mamá?


R. Para poder llegar a esa fecha no es solo fue la espera, sino todas las cosas que a ella también le hicieron vivir. Mi mamá trabajaba para el Estado, para el Ministerio de Educación. fue maestra por más de 30 años y no tuvo derecho a su liquidación. A mi hermana la desterraron porque salió del país y no la dejaron regresar. A mi hermana menor le retuvieron el pasaporte en migración sin ningún motivo, fue una táctica dilatoria porque mi papá ya había fallecido y a mi hermana no podían negarle la visa de menor para poder salir del país. En el proceso de reunificación familiar el Gobierno estadounidense asume una prioridad, que en primera instancia es tu pareja y tus hijos. Esperamos más de 130 días luego de haber aplicado y no nos respondían.


Todo ha sido porque han salido ángeles en el camino que han servido para que toda esta cuestión se nos dé. A mi madre no la vi durante el Covid. Después cada 40 días solo la miraba través de un cristal. Fueron tres años así. En la última visita yo le dije a mi madre que iba a ir libre, que alguien la iba a llamar.


P. ¿Por qué estabas seguro de qué ibas a salir en libertad?


R. Después de estar un período prolongado en un espacio como ese, el más mínimo cambio es fácil de identificar. Al final, 48 horas después de haberle dicho eso a mi madre era yo quien la estaba llamando y recordando lo que le dije, a miles de millas de distancia, pero libre. Nos estaban preparando para algo, pero no sabíamos para qué. Yo me estaba preparando también, porque 10 días antes de la liberación nos empezaron a ofrecer actividades de sol por 15 minutos todos los días, de lunes a lunes, algo que no hacían. Desde que se murió Hugo Torres nos tomaban los signos vitales, pero eran para las fotos. Mi mamá me llevaba todo el medicamento que yo necesitaba pero no me lo daban.


Nos empezaron a vacunar con Pfizer, ya no con Sputnik. Un día antes barbearon a toda la prisión, cosas que antes no hacían. En tres años solo dos veces pude cortarme el pelo y era para los shows mediáticos.


P. Las cárceles estén llenas de opositores nuevamente.


R. Fue lo mismo cuando a mí me detuvieron. Ellos (el régimen) no aceptan tener a más de 90 presos políticos, pero no son solo 90 personas, sino 90 familias y que cada día van en ascenso, sabiendo de que no hay respeto de que si son religiosos, mujeres o jóvenes. Esta medida es una mordaza a mayor escala, todo lo que han venido montando en los últimos cinco años. Todas las familias sufren. Yo estuve en el módulo 32, "El Infiernillo", que es donde actualmente se encuentra Monseñor Rolando Álvarez. Son condiciones deplorables, no hay agua, ni luz. En el caso de las mujeres, están en huelga de hambre, les han reducido las visitas. No tienen acceso a agua potable, ni a desinfectantes, ni a cosas de aseo personal.


En el caso de Damaris Hernández, Mayela Campos, Adela Espinoza y Gabriela Morales les han montado hasta siete cargos y entre ellos menoscabo a la integridad nacional y ciberdelitos. Las han llevado dos veces a los juzgados y no les han permitido el derecho a la defensa, el 24 de octubre las van a llevar nuevamente. En el caso de Olesia Muñóz que está en condiciones terribles y Jasson Salazar a quien procesaron por videollamada. Si existe la posibilidad de que a ellos los vayan a sacar, no será en Nicaragua. Puedo pensar en que les vayan a hacer un proceso similar al nuestro, pero, ¿bajo qué cantidad de parámetros? No lo sé.


P. ¿Solo les pueden aplicar el infame mecanismo del destierro para liberarlos?


R. Las familias de estas muchachas presas han tenido que moverse a otro lado por el asedio, más todo lo que tienen que vivir en el día a día dentro del país. Las medidas de casa por cárcel solo ocurren cuando tenés cuestiones médicas y es al criterio de ellos, porque yo tenía daños pulmonares y convulsiones y nunca ocurrió, más bien me mandaron a máxima seguridad. A los que permanecen en las cárceles el mejor escenario que les puede esperar es que los vayan a expulsar del país.


P. ¿Se está haciendo lo adecuado o lo pertinente para presionar al régimen por la liberación de las presas y presos políticos?


R. No te sabría decir si lo adecuado, pero el tema de los presos políticos no puede quedar en segundo plano en ninguna agenda, por mucho que se diga que exista pluralidad de entes que quieran llevar a la liberación de Nicaragua. Desde hace dos meses se empezó a trabajar de lleno la campaña por la liberación de las personas detenidas políticamente en Nicaragua, el número viene en ascenso, y no son sólo mujeres, sino todo lo que van encontrando.


"El tema de los presos políticos no puede quedar en segundo plano en ninguna agenda"


La persecución es más férrea, hasta al diputado Brooklyn Rivera le negaron la entrada al país. Él encontró la manera de entrar y ahora está en una cárcel. Como han llenado El Chipote, ahora han ocupado las cárceles del Distrito III. Es una sucursal de tortura porque no solo tiene presos a activistas y opositores, sino también policías por la última reforma a la Ley de la Policía. Ellos ya tenían policías presos, solo le dieron formalidad a lo que ya venían haciendo.


P. ¿Te has integrado en alguna organización política o de activismo de las que actualmente han surgido en el exilio?


R. He participado en cantidad de organizaciones, pero lo hago como la canción de Frank Sinatra "A mi manera". Si a mí me invitan yo voy, pero voy a decir lo que me parece y lo que no. Si encontramos un punto en común por ahí vamos a trabajar, pero hasta el día de hoy a mí no me han invitado a ninguna organización.


Creer que uno viene con las soluciones desde la cárcel es falso. La manera en la que ha evolucionado esta etapa, sino se termina de sumar esfuerzos, entonces ¿cómo va a dar resultados?. Hay gente que ya venía con una trayectoria histórica y se encontró con la gente que vino huyendo del Servicio Militar, que se convirtieron en ciudadanos americanos y tienen una opinión contrariada. Lo que yo hago es que desde una esquina los analizo, los leo, pero no entro en discusión.


P. Es decir que has topado con el choque entre el viejo exilio y el nuevo éxodo. ¿Cómo lo percibes?


R. Es correcto. Entonces yo no les voy a dar a ninguno la razón, no le voy a poner a uno o a quitarle al otro sabiendo de que nadie va a devolvernos un solo día de los que pasamos en confinamiento. En el caso de las personas que se habían exiliado desde hace mucho tiempo son muy simpatizante de lo que era el régimen de los Somozas, la mayoría de ellos. Pasa como los terremotos que cuarenta y tantos años después nos pasó la factura a nuestra generación.


"Lo más que yo te puedo decir es que algún día será de día"


Considero que el que es politólogo, el que es activistas, periodista, el que es defensor de derechos humanos, todos estamos involucrados porque cada uno cumple un rol y todos somos necesarios. Cómo es posible que a estas alturas no sean lo suficientemente maduros para decirse las cosas tal cual. Luego andan metidos en chismes, y yo lo comparo con el güegüense, un poquito de seriedad, un poquito de todo y después lo hacemos una burla, una mofa.


La situación de cada uno es completamente distinta. No fue una ganga que a nosotros nos trajeran a Estados Unidos. A nosotros nos sacaron de prisión y nos montaron a un avión y nos bajaron en un aeropuerto. Yo no puedo decir cómo se libera un país, o que yo solito voy a liberar el país, lo más que yo te puedo decir es que algún día será de día.


P. ¿Cuál es el rol que has asumido en este proceso?


R. Yo no puedo limitarme al rol de estudiante porque antes que estudiante soy joven. El trabajo que a mí me compete es colaborarle a la juventud que viene detrás de mí. El bono demográfico de Nicaragua, el día que se vayan a una posible elección, tres cuartas partes de la población votante son personas menores de 40 años.


P. De esas tres cuartas partes algunos nacieron y otros crecieron en dictadura. ¿Qué puede pasar con esta generación?


R. Hay que tomar un rol. La falta de beligerancia en los jóvenes les ha pasado factura, entonces no les han tomado en serio en algún momento. Andaban entre coaliciones, alianzas y unidades. Al final este grupo de la sociedad, que es el más representativo, se le de la responsabilidad para que ejerzan el rol que les corresponde. El espacio ya lo tienen, ya se lo han ganado. No solo porque hayan atravesado por la coyuntura, sino porque son parte fundamental de la sociedad misma.


Para que un joven en Nicaragua pueda aplicar a una entidad gubernamental quien lo restringe es el Gobierno, ¿por qué lo tienen que hacer los demás? Las entidades públicas son servicios, ya sea ser un diputado, alcalde, médico o profesor, es un servicio. Mi madre fue maestra por más de 30 años y con ella aprendí las metodologías, el trabajo de un pedagogo. La base de una sociedad se construye con educación. Es necesario en cualquier sociedad. La educación da las pautas para las oportunidades.


"El espacio los jóvenes ya lo tienen porque son parte fundamental de la sociedad"


P. El régimen argumenta que en Nicaragua la educación es gratuita y accesible, pero, ¿para qué se está utilizando al sistema educativo en este momento? ¿Ideologizar?


R. George Orwell describe en su libro "1984" esta anti-utopía de comunismo y capitalismo, y hacemos un contraste a lo que está haciendo Ortega. Ya fueron confiscados 28 recintos universitarios, ahora está viendo cómo adoctrinar. En Nicaragua no sirve de nada tener un diplomado si no tienes un aval político y la empresa privada no paga lo suficiente, el nicaragüense no subsiste ni con el mínimo que son 12 mil córdobas. La gente prefiere irse y el país subsiste porque la gente se va, las remesas van en aumento. Incluso se ha ido más gente de la que votó en las últimas elecciones, los universitarios se están yendo. Salir del país es pagar un alto costo.


P. ¿Cómo se tiene que dar la democratización de Nicaragua?


R. Creo en la empatía de los demás. Todos cumplimos un rol específico y eso nos da pautas para entendernos. Podemos montar un sistema desde el exterior. Un día no va a estar Daniel Ortega o Rosario Murillo, un día van a morir y eso es ley. Así como los Somozas no están en el poder, así no van a estar ellos. No es un asunto de derechas, ni de izquierdas, solo es querer trabajar por un país libre, sin excusas. Tenemos que decirnos lo que tengamos que decirnos para poder avanzar.


Todas estas organizaciones que actualmente existen tienen un problema de comunicación, porque sino podemos comunicar las diferencias, cómo pueden asumir un rol más allá del día a día, de poder decidir la estructura que queremos crear. Que todas las partes sean tomadas en cuenta sin detrimento alguno de su posición ideológica.


"Daniel Ortega o Rosario Murillo, un día van a morir y eso es ley"


P. ¿Será que exista un poco de empatía con los que hoy siguen sosteniendo a la dictadura?


R. Cuando me detuvieron me desbarataron las costillas a punta de culatazos con armas, y el 02 de septiembre de 2018 me tocó salvar a un policía en la Rotonda Jean Paul. Si hablamos de empatía no solo tiene que ser de los que están en el poder. En la policía ha deserciones y no precisamente porque tengan el poder, ni en la Asamblea Nacional tienen el poder de decisión. Muchos no quieren estar bajo ese yugo o esa mordaza.


Hay actitudes nocivas, pero todos tenemos algo en común y es que somos nicaragüenses. Ellos comen todos los días, pueden ser fieles a quien ellos quieran, pero obviamente todos los días sufren dificultades, muchos se vinieron a Estados Unidos y subsisten a través de las mismas remesas. Empatizamos encontrando esos puntos en común y necesitamos un proyecto de nación, un proyecto de sociedad. Tenemos que asumir la responsabilidad que nos compete para no repetir esos mismos ciclos de muerte y luto.


P. ¿Qué querés dejar claro con tu incidencia?


R. De todo corazón digo que cada quien cumple un rol importante en la sociedad, el espacio donde quiera que se encuentren es valioso. Cada acción que lleven a cabo, cada acuerdo, sea por el paisíto. Pensemos en las siguientes generaciones para que no sean generaciones rotas. Que Nicaragua sea el país que resurja después de tantas cosas y tanto daño en pleno Siglo XXI. Si no somos capaces de buscar, desde el lugar en el que nos encontremos, una sociedad mejor para nuestro país, no sé qué estamos haciendo.


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