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La nueva opción educativa del Estado nicaragüense: entre el proselitismo y la desolación estudiantil

El inicio de clases en la recién inaugurada Universidad Casimiro Sotelo Montenegro, del sistema público, se presenta como un reflejo de la compleja realidad que enfrenta la educación superior en Nicaragua. Entre la propaganda política, la deserción estudiantil y el desmantelamiento institucional, la incertidumbre se cierne sobre el futuro. Mientras las autoridades presentan cifras optimistas, el campus resuena con la soledad de aulas vacías y pasillos abandonados. La intervención gubernamental ha dejado su huella, transformando una vez más la identidad de una institución que alguna vez fue un bastión de libertad de pensamiento.


Por Redacción Central | @CoyunturaNic

Managua, Nicaragua
Acto inaugural de la Universidad Casimiro Sotelo en Managua, Nicaragua | Fotografía cortesía
Acto inaugural de la Universidad Casimiro Sotelo en Managua, Nicaragua | Fotografía cortesía

En otro sombrío amanecer en Nicaragua, la Universidad Nacional Casimiro Sotelo Montenegro, antes conocida como la prestigiosa Universidad Centroamericana (UCA), inició este lunes 15 de enero el primer ciclo académico de su vida institucional, bajo la sombra del adoctrinamiento político del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). La multitud de padres y madres de familia, prohibidos de ingresar al campus, esperó pacientemente frente a la entrada principal el primer día. Este escenario, marcado por la censura y el control de acceso, con la bandera sandinista en la entrada principal, es solo un indicio de las transformaciones que ha experimentado la institución y la educación superior en los últimos meses. El régimen que se instauró en la Casimiro Sotelo ha desencadenado una serie de cambios visibles desde la entrada. Los guardias, portadores de uniformes con el logo de dicha universidad, restringen la entrada exclusivamente a estudiantes, mientras que el resto de los familiares y amigos se ven relegados a las gradas. Este protocolo, supuestamente instaurado para evitar desórdenes, tiene sus raíces en una disputa previa que culminó en la prohibición total de acceso a cualquier persona ajena a la universidad, según fuentes consultadas por este medio.


Entre los nuevos colaboradores que ahora lideran los recorridos por la universidad, no se encuentra ningún rostro familiar. Los profesores de antaño han sido reemplazados por portadores de la camisa y carnet con el logo de Casimiro Sotelo. Mientras guían a los estudiantes, su discurso resuena con el eslogan de la Casimiro Sotelo: "¡Revolucionando la conciencia, llegamos a la libertad!". Pero es imposible conocer sus curriculum.


A medida que se adentran en el campus, los nuevos estudiantes son bombardeados con propaganda sandinista proveniente de altavoces estratégicamente distribuidos. Las canciones proclaman la búsqueda de "trabajo y paz", encapsulando la narrativa oficial del régimen de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.


Por otro lado, la falta de una plataforma digital funcional se hace evidente, ya que la nueva administración ha deshabilitado por completo las herramientas en línea de la antigua UCA. Servicios en Línea y Power Campus, vitales para la gestión académica de los estudiantes, han desaparecido, dejando a los alumnos sin la posibilidad de verificar notas, inscribir clases o consultar horarios de manera eficiente.


Solo el 30 % de las y los estudiantes de la extinta UCA optaron por matricularse en la recién creada Universidad Casimiro Sotelo, revelando una deserción masiva debido al temor de ser sometidos a adoctrinamiento político por la dictadura sandinista. Aunque la Casimiro Sotelo inició clases con una matrícula de 4,664 estudiantes, solo 1,669 son de reingreso provenientes de la UCA, que en su momento tenía más de 5,000 inscritos. La mayoría de los exalumnos de la UCA ha preferido buscar opciones en universidades jesuitas en otros puntos de Centroamérica. Además, la Casimiro Sotelo enfrenta la apertura con menos del 50 % del personal docente que tenía la UCA, generando preocupaciones sobre la calidad educativa y el impacto de la intervención gubernamental. La disolución de la Universidad Centroamericana en agosto de 2023, bajo acusaciones de terrorismo sin pruebas sustanciales, ha dejado un vacío educativo y marcado un hito en la tensa relación entre el Estado autoritario y las instituciones académicas independientes en Nicaragua.


A pesar de la aparente vitalidad en este primer día de clases, la deserción estudiantil se convierte en un tema ineludible al explorar los rincones del campus. La Universidad Casimiro Sotelo, diseñada para albergar a miles de estudiantes, se muestra desolada. Edificios enteros están despejados, salones desiertos y áreas como "La Pasarela" y el "Food Park", que solían ser puntos de encuentro estudiantil, están desocupadas.


El icónico "King Dog", que durante generaciones alimentó a las y los estudiantes con hot dogs, churros y hamburguesas, ha desaparecido. Los negocios que solían prosperar en la UCA, como el minisuper, Pepe's, la Casa del Café, PBS, entre otros, han cerrado sus puertas. La desolación se percibe incluso en el cafetín general, el lugar de almuerzo para muchos, que ahora está despejado y ofrece escasas opciones.


El adoctrinamiento como cátedra


A pesar de los esfuerzos por ocultar el abandono que sufrió el campus en los últimos meses, el panorama desalentador se revela en cada rincón. Los profesores, en lugar de centrarse en la educación, inician sus cátedras con la historia de Casimiro Sotelo y su supuesta contribución a la Revolución Ciudadana de 1979. Este enfoque político se entrelaza con el discurso oficial sobre el "buen Gobierno", revelando una educación marcada por el sesgo ideológico.


La intervención y expropiación de la UCA por parte del régimen nicaragüense ha transformado por completo el carácter de la institución y de las universidades.


La desolación y el vacío académico, evidentes en la falta de alumnos en áreas que antes vibraban con la actividad estudiantil, plantean la pregunta de si la Casimiro Sotelo se convertirá en un mero instrumento de adoctrinamiento político o si logrará mantener la promesa de brindar una educación integral y de calidad. No parece viable.


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