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¿Es cristiano, tiene dos hijas y va a misa?

Antes de empezar, es necesario aclarar que soy un hombre cisgénero, por lo que no estoy ni estaré sometido a ningún tipo de discriminación por mi identidad de género o sexo. Consciente de mi posición de privilegio, escribo este texto con el objetivo de usar mi voz para dar claridad, y hablar sobre ciertos temas que suelen ser censurados.


Por Diego Carrazco | @CoyunturaNic

Criterios

San Pedro Sula, Honduras

Hace tres años, una institución educativa nos hacía ir a clases de natación como parte del programa de educación física. Una actividad bastante refrescante para el sofocante calor que nos brinda San Pedro Sula.


Dicha entidad se caracterizó por tener más estudiantes mujeres que varones, por lo que era normal que los vestidores femeninos se llenaran con habitualidad después de cada práctica.


Tras un día regular, una de las alumnas puso una queja en la dirección, alegando que el profesor encargado, buscando apresurarlas para que el grupo se vistiera, abrió la puerta de los vestidores de golpe mientras ella se estaba vistiendo, lo que la llevó a cubrirse rápidamente con una toalla. Luego de esto el colegio, en lugar de investigar más a fondo el caso, decidió encubrir al profesor, enviando a otra docente a "explicar" que "el profesor sería incapaz de hacer algo así ya que tiene hijas y es un hombre cristiano que va a misa todos los domingos".


Esto provocó que la alumna sufriera burlas por parte de sus compañeros, aunque la institución no hizo nada al respecto.


Según informe "Una situación habitual" de UNICEF, cerca de 300 millones de niños de 2 a 4 años en todo el mundo (3 de cada 4) son habitualmente víctimas de algún tipo de disciplina violenta por parte de sus padres o cuidadores | Fotografía ilustrativa de Coyuntura
Según informe "Una situación habitual" de UNICEF, cerca de 300 millones de niños de 2 a 4 años en todo el mundo (3 de cada 4) son habitualmente víctimas de algún tipo de disciplina violenta por parte de sus padres o cuidadores | Fotografía ilustrativa de Coyuntura

Luego de este episodio me hice varias preguntas: ¿por qué estamos tan expuestos a lo que

popularmente se le conoce como "nuestra segunda casa"? ¿Cuántos profesores allá afuera

serían capaces de cometer abusos contra sus alumnas? ¿Qué podemos hacer para apoyar a

nuestras compañeras? Y lo más importante: ¿qué tiene que ver que el docente tenga dos hijas y vaya a misa?


Es curioso porque varias compañeras me han comentado que ciertos profesores varones, como si fueran adolescentes, fantasean con alumnas de hasta noveno grado, llegando incluso a defenderse entre ellos. Pero retruena en la cabeza el cuestionamiento de en que momento hemos caído en el cliché de que la religión y la paternidad automáticamente te convierten en alguien impoluto.


En realidad nuestras creencias son una pequeña parte que conforma todo nuestro ser, ya sea bueno o malo. Porque no hace falta mencionar los problemas de pedofilia que existen en la Iglesia Católica, o como la mayoría de delitos sexuales, según UNIFEC, ocurren en el hogar, perpetuados por familiares, cuidadores o seres cercanos a la víctima.


¡Basta con ese mito de que la paternidad y las creencias de alguien lo hacen inmaculado!


Sin escándalos, por favor


"Andrea" comenta que un profesor joven, que aparentemente buscaba tener cierta cercanía con sus alumnas, se refería a ellas como "babies" o "sweeties". Sin embargo, esa no fue su experiencia más turbulenta.


Conversando con ella, cuenta que el profesor tenía la manía de acariciar su espalda de arriba hacia abajo mientras trabajaba en su pupitre, siempre rozando el seguro de su sostén. Fue entonces que un grupo de compañeras se unieron para reportar al profesor con las autoridades escolares. Una vez puesto el reporte, la institución les respondió que "en los vídeos de seguridad no se ve ningún tocamiento extraño", dándoles carpetazo. Sin duda un acto deleznable.


Y es que las instituciones ven por sus intereses e imagen pública por encima de la seguridad de sus alumnas y alumnos, porque "no vayamos a hacer un escándalo".


Pero, primero lo primero. Si tu amiga, compañera, hermana o similar está sufriendo, ya no solo abusos de parte del profesorado, sino también las consecuentes burlas del estudiantado, defiéndela, independientemente de si lo que dice es verdad o no. Todas, todos y todes merecemos ser escuchados porque aquí, los alumnos, solo estamos nosotros con nosotros. Las instituciones solo defienden sus intereses e imagen pública.


Segundo. Aunque contradice a lo dicho anteriormente, apoya para denunciarlo a las autoridades escolares. Es importante para crear un antecedente de que la institución

está al tanto de todas estas actividades. Ya no solo es una medida para que ellos actúen, sino que, en caso de que se necesite, una evidencia de que la institución deja impunes estos

casos.


Tercero. Busca ayuda de autoridades externas. La Policía, padres de familia, organizaciones no gubernamentales. Todo es útil para combatir el abuso y la impunidad. No hay que dejar piedra sin voltear. Mientras más luchemos, más luz arrojaremos sobre esta problemática que tanto nos aqueja.


Alumnado. Únanse. Unámonos para combatir estos abusos que se dan en silencio. Esos abusos encubiertos por las instituciones. No abandonen a sus compañeras. El miedo es un arma de represión bastante fuerte, pero la humanidad nunca ha sucumbido a la adversidad mientras se mantenga unida. De esa misma manera hay que unirnos, apoyarnos, solidarizarnos con nuestros compañeros, con aquellos que compartimos salones, comida, recuerdos, experiencias, buenas o malas. Es importante no ser parte del sistema opresor que tanto saldo cobra.


Profesorado. Ese bueno que puede estar leyendo. No se queden callados. Sus palabras pueden salvar futuros, vidas. El don del habla es poderoso y maravilloso. Con todo y todo, los alumnos los respetan, los estiman y han creado un vínculo con ustedes. No lo rompan. Confiamos en ustedes.


Padres. Escuchen a sus hijos. Tristemente la confianza que depositan en esa institución no siempre se mantiene. Es su deber escuchar y apoyar a sus hijos e hijas. Siempre hay tiempo para ellos y ellas. No piensen que una adversidad fortalece a alguien. Al contrario; socaban el autoestima y la confianza.


Hoy en día entristece pensar que la historia al inicio quedó impune, tanto por una institución negligente, unos compañeros poco empáticos y una víctima cansada de las burlas. Que no se repita. En nuestras manos está ese deber.

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