Una Asamblea sin contrapesos: la ratificación de Gustavo Porras y la normalización del poder sandinista absoluto en Nicaragua
- Redacción Central

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La Organización de las Naciones Unidas (ONU) identifica a Gustavo Porras como uno de los 54 funcionarios responsables de los principales patrones de crímenes, violaciones y abusos de derechos humanos cometidos desde 2018. Según el ente bilateral, Porras forma parte de una red de "secretarios políticos" encargados de asegurar el control del régimen sobre las instituciones públicas, todos subordinados directamente a Rosario Murillo. En este esquema, la Asamblea deja de ser un órgano legislativo autónomo y se convierte en un mecanismo de legitimación formal de decisiones arbitrarias.
Por Redacción Central | @CoyunturaNic
Managua, Nicaragua

La inauguración del año legislativo en Nicaragua, celebrada el sábado 10 de enero de 2026, no introdujo novedades políticas ni institucionales. Por el contrario, confirmó la continuidad de un esquema de poder cerrado, previsible y subordinado al Ejecutivo. Gustavo Porras Cortés fue ratificado, por cuarto período consecutivo, como presidente de la Asamblea Nacional, junto con los otros seis integrantes de la junta directiva. El acto coincidió con un aniversario simbólico: 19 años desde el retorno y consolidación de la dictadura familiar encabezada por Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El discurso de Porras siguió fielmente el libreto oficial. Hubo elogios reiterados a la pareja gobernante, descalificaciones implícitas a administraciones anteriores y un mensaje insistente sobre la necesidad de preservar la "paz", entendida no como convivencia democrática, sino como sinónimo de control, vigilancia y disciplina política e ideológica.
El presidente del Legislativo evocó declaraciones de Ortega y Murillo de julio del año pasado, cuando llamó a sus militantes a mantenerse en estado de alerta permanente, "con un ojo abierto siempre", una frase que remite más a la lógica de seguridad interna que a la deliberación política.
La insistencia en la "paz" ocupó un lugar central en la narrativa. Porras atribuyó a Ortega y Murillo una supuesta pedagogía constante sobre la estabilidad nacional, afirmando que ningún logro económico o social sería posible sin ella. En su intervención, destacó áreas como salud, educación y transporte, además de un presunto crecimiento económico y estabilidad monetaria. Sin embargo, el énfasis no estuvo en políticas públicas verificables, sino en la idea de que el orden impuesto por la monarquía es condición indispensable para cualquier forma de desarrollo.































