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Una vez más y ya: Nayib Bukele asegura que "no busca" una "reelección indefinida" en El Salvador

La incertidumbre respecto a la reelección de Bukele y las implicaciones de su continuación en el Poder Ejecutivo marcan una encrucijada para El Salvador. La democracia del país centroamericano se encuentra en una coyuntura crítica, donde las decisiones tomadas en las próximas elecciones no solo determinarán la dirección política del país, sino que también podrían sentar un precedente para el futuro del sistema democrático en la región.


Por Jairo Videa | @JairoVidea

San Salvador, El Salvador
Nayib Bukele en una imagen de archivo | Fotografía de Reuters
Nayib Bukele en una imagen de archivo | Fotografía de Reuters

A exactamente un mes de las Elecciones Generales de 2024, el actual presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha reafirmado su deseo de buscar la reelección presidencial en los comicios del domingo 04 de febrero de este año, a pesar de las restricciones constitucionales que prohíben la reelección inmediata. En un evento en la red social X, cuando fue aclamado por varios de sus seguidores en dicha comunidad digital, Bukele declaró que "no busca" una "reelección indefinida" y subrayó que solo está "autorizado" para correr por un segundo período. Sin embargo, este anuncio ha elevado la polémica y ha avivado el debate sobre los límites constitucionales en el país centroamericano.


El camino hacia la reelección de Bukele se allanó en el año 2021, cuando la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), compuesta por jueces afines al Ejecutivo, cambió el criterio de interpretación de la Constitución. Antes de esta modificación, un presidente debía esperar 10 años después de su mandato de cinco años para buscar nuevamente la Presidencia. Este cambio permitió a Bukele postularse para un segundo mandato, desafiando la norma establecida, en al menos seis artículos de la Carta Magna del país centroamericano, pero con el beneplácito del Tribunal Supremo Electoral (TSE) y la Asamblea Legislativa, de tinte oficialista.


El último antecedente de un presidente que buscó la reelección inmediata en El Salvador se remonta a la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, quien gobernó con mano dura entre 1931 y 1944. Antes de su período actual, Bukele sostenía que en El Salvador una misma persona no podía ser presidenta dos veces seguidas.


La situación en El Salvador también ha generado comparaciones con otros países de la región. Durante su participación en el foro en la plataforma X, Bukele arremetió contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y otras instituciones internacionales, sugiriendo que intentan mantener a El Salvador y otras naciones en desarrollo bajo control. Estas declaraciones reflejan tensiones entre el Gobierno de Bukele y organismos internacionales que han expresado preocupaciones sobre las medidas de seguridad adoptadas en el país, y el camino que sigue el poder y la gobernanza en manos de Bukele y su equipo de trabajo.


La excepción para Bukele


Bukele cuenta con una licencia/permiso de seis meses, aprobada por el oficialismo en el Congreso, como requisito impuesto por la Sala de lo Constitucional para que pueda optar a la reelección. Este hecho refleja una serie de movimientos políticos y legales que han allanado el camino para que Bukele desafíe las restricciones constitucionales, generando inquietudes sobre la independencia del Poder Judicial y la salud democrática del país, bajo el control del partido político Nuevas Ideas, fundado por Nayib antes de llegar a la Presidencia en 2019.


El mandato de Bukele ha estado marcado por medidas extraordinarias en materia de seguridad, aprobadas en marzo de 2022 para hacer frente a las pandillas y la violencia generalizada. Estas medidas, que incluyen la suspensión de derechos fundamentales y la intervención en la correspondencia y celulares de personas consideradas sospechosas, han sido defendidas por el Gobierno como necesarias para combatir la violencia. Sin embargo, la CIDH ha expresado su preocupación por estas acciones, subrayando la importancia de respetar los derechos humanos.


Y mientras se acercan los comicios, Bukele capitaliza cada vez más la disminución de la violencia según las estadísticas oficiales, presentando estas medidas como un éxito local y a nivel regional. Por otro lado, el TSE se encuentra actualmente afinando detalles para las elecciones, que se llevarán a cabo bajo un régimen de seguridad implementado para enfrentar a las pandillas.


La postura de Bukele ha llamado la atención a nivel internacional, especialmente en un contexto latinoamericano donde la reelección presidencial y los debates constitucionales son temas recurrentes. Las declaraciones del presidente salvadoreño sobre la CIDH y su interacción con políticos extranjeros, como el presidente de Argentina, Javier Milei, evidencian una postura desafiante hacia las instituciones internacionales y una afinidad con líderes que han cuestionado el statu quo político.


Las encuestas recientes muestran un fuerte apoyo a Bukele, con altos índices de aprobación y predicciones de una victoria contundente para su partido, Nuevas Ideas. Sin embargo, este respaldo contrasta con las preocupaciones sobre el respeto a las instituciones democráticas y las restricciones constitucionales.


A medida que El Salvador se acerca a las elecciones presidenciales, legislativas y municipales, la incertidumbre y la controversia rodean la candidatura de Bukele. Las expectativas apuntan a una alta participación, pero también a un significativo porcentaje de abstención, según analistas políticos consultados por la Redacción de COYUNTURA, en aras de la construcción metodológica de la cobertura electoral que este medio realizará en dicho país centroamericano desde la próxima semana.


El Tribunal Supremo Electoral continúa afinando los detalles logísticos, mientras que la sociedad salvadoreña se encuentra ante la decisión de respaldar o cuestionar un camino político que desafía las normas establecidas, reproduciendo mecanismos y sistemas como el de Nicaragua, Venezuela y Cuba. La séptima elección desde los Acuerdos de Paz de 1992 se presenta como un hito crucial en la historia democrática de El Salvador, marcada por la complejidad de un liderazgo que busca extender su permanencia en el poder en medio de debates constitucionales y tensiones internacionales, contra todo pronóstico, y bajo cualquier argumento.


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