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Abixael Mogollón: "La nueva Nicaragua parece, pero no es una utopía, hay que materializarla"

Abixael Mogollón ha sido un emprendedor de la comunicación, lo respaldan sus pintorescas obras que van del humor a la información, explorando casi todos los formatos periodísticos en Nicaragua, dejando huellas en diferentes medios de comunicación, el último de ellos La Prensa, lugar en el que permaneció hasta su exilio.


Por Juan Treminio | @DaniTreminio

Managua, Nicaragua
Abixael Mogollón, periodista nicaragüense | Fotografía cortesía
Abixael Mogollón, periodista nicaragüense | Fotografía cortesía

En su última conversación con COYUNTURA en enero de 2021, Mogollón no dimensionaba la continuidad del régimen de Daniel Ortega. Ahora, el contexto lo sobrelleva desde su condición de desplazado, permitiéndose reflexionar para descifrar y aportar ideas de cara a la reconstrucción social de un país "en escombros".


¿Cuáles son tus circunstancias ahora?


"En julio voy a cumplir un año de haber salido de Nicaragua y siento que el tiempo se ha ido rápido. Ha sido para asimilar lo que significa haber salido del país, haberlo dejado todo, haber dejado el lugar donde he vivido los treinta años de mi vida.


Lo que yo sé hacer es periodismo y en este momento estoy en una pausa, porque era necesaria, y estoy buscando como reactivarme. O me activo, invento algo, o muero en el intento. Estoy obligado a buscar formas de subsistencia, lo cual para mí no es ningún problema".


¿Te es posible darle un titular a todo lo que está sucediendo en el país?


"Es difícil. No sé como nombrarlo o desde que punto de vista enfocarlo. Hay una especie de miedo y resignación, de tirar la toalla, de dedicarse a otras cosas. Por otro lado, hay quienes buscan las rendijas para seguir haciendo resistencia y tomar coraje. Pero el régimen se mantiene en crisis, sin salida, a punta de control policial, de sentarse sobre los escombros y reinar sobre cenizas.


Esta es la parte más compleja, más difícil, que está atravesando la sociedad nicaragüense. Es una parte en la que todo el liderazgo está encarcelado y en el exilio. Hay, además, muchos vigores dispersos que no encuentran cómo volver a juntarse para ver qué hacer".


Y, ¿desde el punto de vista social?


"Es la parte de la sobrevivencia. Estamos viendo un exilio sin precedentes en la historia de Nicaragua, comparado con el exilio que se dio en la década de los 80, durante la guerra. Es una brutalidad lo que está saliendo al exilio y que se están dispersando por el mundo.


Eso es malo para el país. Son miles de jóvenes que ya no van a regresar, cerebros y talentos que no van a tener la Nicaragua del futuro. Pero por otro lado es una oportunidad para que miremos el mundo, para que nos contagiemos de nuevas ideas y de nuevas formas de ver la vida, para civilizarnos un poquito más".


¿Crees que en medio de este contexto se puede construir otra Nicaragua?


"Tiene que pasar. Tarde o temprano va a pasar. No es necesario tener una bola mágica como 'la Chayo' (Rosario Murillo). Aunque a ella no le va a funcionar para saber en qué momento va a ocurrir. Los cambios son inevitables. No pueden evitar la ley más fuerte que tiene el universo. Todo cambia, todo gira, todo está en movimiento".


¿En qué parte de ese posible giro te ubicarías?


"Yo me ubicaría dependiendo a mi edad y a lo que esté haciendo en el momento. Ya cuando se empiecen a ver esos indicios de cambio, aunque sean lentos, me gustaría volver al país, estar ahí, y formar parte de esa reconstrucción, porque es deber nuestro. Hay que ocuparse de Nicaragua, porque nadie más lo va a hacer.


Esta vez me tocó salir al exilio, mi primera vez, y espero que sea la última. Me he dado cuenta que los nicaragüenses somos poquitos, por eso la gente se sorprende cuando se topa con un nicaragüense, porque somos pocos, y todos somos responsables de participar de esa nueva Nicaragua. Hay que hacerlo de la forma en la que sea, y por ahora que no se rompa ningún vínculo.


La Nueva Nicaragua parece una utopía, pero no es una utopía, hay que sacarla de nuestra mente para materializarla. Ahorita estamos viendo la destrucción de Nicaragua, para que después veamos una nueva Nicaragua. Ortega la está destruyendo".


¿Se avizoran en realidad cambios positivos o negativos a lo inmediato?


"Cambios negativos. Ya se está hablando del tema de la sucesión; ya los hijos de los dictadores están tomando mucho protagonismo. Si Daniel y Rosario son malos, probablemente sus hijos sean peores, porque estos han crecido en el círculo del poder, están acostumbrados al capricho. Los vamos a ver actuando más seguido. Usan redes sociales. Va a ser más fuerte la presencia de estos tipos si al final terminan quedándose con el poder.


No tenemos idea de lo que esté ocurriendo a lo interno de la familia, pero el destino de todos ellos ya está cerrado, solo es cuestión de tiempo. De este lado tenemos que aprovechar el tiempo y buscar qué hacer.


Esto no se termina con Ortega. Detrás de él hay gente joven que sabe cuánto capital se está jugando. Lo que no se sabe es qué tan peores pueden llegar a ser. Ya estamos claros de lo que Ortega es capaz de hacer, lo que no sabemos es de lo que pueden llegar a ser capaces los que vienen. Es un fanatismo de primera".


¿Hay que asumir entonces la sucesión familiar?


"A estas alturas ya deben de tener algún tipo de plan. Hay que estar a la expectativa de esta gente. El dictador cada vez se ausenta más y sus hijos tienen más protagonismo. Hay que ver de qué forma se van a repartir los roles o si los va a asumir una sola persona que sea de su extrema confianza".


Y, ¿algún cambio positivo en la sociedad?


"Terminando el mes de abril del año 2018 vimos los primeros cambios positivos. Ya en mayo el país entero estaba consciente, ya estaba despierto, ya sabía quién era el que estaba destruyéndonos, ya sabíamos en manos de quiénes estábamos. Ese fue un cambio fundamental y el más importante de todos, que es despertar.


Pero en medio de una crisis como esta es difícil distinguir un cambio social positivo, porque cada quien busca como sobrevivir. El país está pausado, pero no está dormido".


Pero unido tampoco está.


"Este es un momento para que los bloques reflexionen un poco y se den cuenta de las oportunidades que se perdieron, por la lucha de egos y de intereses. Todo lo que fue torpedeado desde adentro. Está claro que solo se puede actuar mejor en un solo bloque.


Hay gente que no se permitió ni un ápice de autocrítica, apostaban a que la unidad se diera en 'El Chipote', y hasta el momento es la única unidad que se ha dado, y me duele decirlo, pero lo único democrático que tiene esta dictadura es que a todos nos ve por igual, no le importa si sos sacerdote, feminista, sandinista, empresario, derecha, ultraderecha. A ellos no les importa".


¿El exilio trae consigo alguna oportunidad?


"Cada sociedad tiene algo bueno y algo malo. Lo bueno de los nicaragüenses es que nos caracterizamos por ser amables y trabajadores; lo malo de nuestra cultura es el arribismo, en el que es tonto el que hace lo bueno. Donde yo estoy viviendo he apreciado esta sociedad que tiene un profundo respeto por lo ajeno.


Estoy aprendiendo de eso. ¿Te imaginas una Nicaragua en la que puedas dejar olvidado tu celular en un café y que nadie lo tomé? Esas prácticas se aprenden, se enseñan, se reproducen. Y así cada país desarrollado nos enseña prácticas que marcan grandes diferencias. Podemos volver con nuevos valores, con una mente más abierta y preparada para cambios.


Después de tanto no podemos ser el mismo país, el de siempre. Estamos obligados a cambiar por algo mejor. Sería una sinvergüenzada que esta dictadura acabe y volvamos a tener a otro Arnoldo Alemán, que no mataba gente, pero era ladrón y corrupto. Sin duda alguna hay que cambiar individualmente para estar a la altura de lo que queremos construir".


¿Te consideras parte de una generación disruptiva?


"Estoy orgulloso de mi generación, de las cosas buenas, de haber provocado que este sistema se tambaleara tan fuerte, a tal punto que está pendiendo de un hilo para romperse y caer, y todo eso, sin tener que recurrir a lo que nuestros padres hicieron contra Somoza. Hemos actuado por un cambio. Eso también conlleva mucho dolor, mucha soledad, desanimo, desempleo, necesidades.


También he experimentado odio y tristeza. Después de escribir sobre tanta represión, masacre y violencia, hubo dos ocasiones que me rompí. Cuando fue calcinada la familia del Bario Carlos Marx, esa vez sentí un dolor inexplicable, y cuando me tocó despedirme de mi papá en la frontera. En esos momentos he experimentado dolor y odio. Es horrible experimentar odio, por culpa de personas obstinadas".


¿Qué fue entonces 2018?


"Para mí fue rebeldía, amor, locura y marcha. Son los términos con los que me gustaría nombrar todo el proceso de 2018. Revolución, estallido, son palabras que están muy sesgadas que pueden producir tanto rechazo como el que ahora produce Sandino. Lo de abril fueron nuevos tópicos y hay que referirse a lo que pasó en abril como algo nuevo".


¿Esos nuevos tópicos se encuentran abandonados?


"Están en pausa, mientras nos curamos las heridas y esperamos que salgan otras heridas. Yo apuesto a que a nadie se le han ido las ganas de que este régimen se vaya. Esperemos, pero no nos quedemos en pausa toda la vida".


¿Y qué debe pasar con el sandinismo?


"No hay que tratar de convencer a un sandinista o de convencer a nadie cuando somos de un país donde es evidente la necesidad de un cambio. Si hay gente que no lo quiere entender, que no lo entienda. Hay mucha gente que ya lo entendió y ya forma parte de ese cambio, un cambio en el que nada y nadie es obligado.


Es difícil saber qué va a pasar con el sandinismo, si van a seguir haciendo lo que solo saben hacer, o si van a regresar a la época en la que ponían bombas en las iglesias, boicoteaban gobiernos y así. No lo sé. Los fanáticos van a intentar hacer lo que hoy ellos llaman terrorismo. Hay que prepararse para lidiar con ese segmento de la población que también es nicaragüense y tiene derecho a vivir en el país y gozar de una nación en reconstrucción".


¿Y el periodismo?


"El periodismo es resistencia y un poco de cabeza dura, en el buen sentido, de gente que quiere seguir haciendo el oficio que aprendió. Es difícil hacer periodismo sin tener una visión clara del negocio. Ya que nos toca estar en otros países, también nos toca ver cómo trabajan otros medios, mientras se sigue haciendo periodismo.


Nos toca estar vivos y pendientes de los cambios que se tengan que dar, para tomar nuestra posición natural, de fiscalización y contrapoder. Cuestionar, investigar, incomodar, esa debe ser la posición".


¿Se distingue algún actor ahora más allá de Ortega?


"Ahí si que me jodistes. Más allá de la gente y de la calle, que son los actores principales, las fuentes y los liderazgos están presos, bajo tortura día y noche. Es difícil volver a contar con ellos en un futuro porque van a salir muy afectados. Lo que pretende el régimen es sacar de línea a la gente que tenga ideas buenas y ganas de hacer algo por el país. Es una mierda todo lo que el régimen hace con los presos políticos.


Los actores secundarios están como escondidos, viendo y esperando el momento, y saldrán a flote nuevos liderazgos. Por ahora no sabemos quiénes son, pero saldrán muchas caras nuevas, que esperemos que nos sorprendan, y que esta vez se logre el cometido bajo un solo bloque".


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