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Austeridad, brevedad y despolarización. Las claves del discurso inaugural de Nasry Asfura como presidente de Honduras

Sin estadio, sin desfiles presidenciales, sin cadena nacional obligatoria y con una ceremonia que se extendió por menos de una hora, Juan Nasry Asfura asumió la Presidencia de Honduras, rompiendo con el esquema tradicional de las tomas de posesión en el país centroamericano. La austeridad del acto, la brevedad del discurso, el llamado a la despolarización y una insistencia reiterada en el trabajo marcaron el inicio de su mandato, en una nación golpeada por el desgaste político y social. El momento de mayor solemnidad llegó al cierre, cuando el nuevo presidente recitó una oración atribuida a Mahatma Gandhi, un gesto que apeló a la humildad, el servicio y la ética pública como principios orientadores del poder, más allá de la retórica y la confrontación.


Por Juan Daniel Treminio | @DaniTreminio

Tegucigalpa, Honduras
Retrato oficial de Nasry "Tito" Asfura como presidente de Honduras para el período 2026-2030 | Fotografía de COYUNTURA
Retrato oficial de Nasry "Tito" Asfura como presidente de Honduras para el período 2026-2030 | Fotografía de COYUNTURA

En estos tiempos hay gestos que, por su simpleza y sentido común, adquieren un valor político, social e institucional inusual. En un país empobrecido como Honduras, la austeridad, cuando no se promete sino que se ejerce, puede convertirse en un mensaje más potente que cualquier consigna. Así se inauguró el mandato de Juan Nasry Asfura: con una ceremonia breve, sobria y simbólica, que rompió con el esquema tradicional de las tomas de posesión en la nación centroamericana.


No hubo música estridente ni ovaciones prolongadas, ni una cadena nacional obligando al país a escuchar. A las 09:23 de la mañana de este martes 27 de enero de 2026, en el hemiciclo del Congreso Legislativo, Asfura se convirtió en el nuevo presidente. En una Honduras acostumbrada a investiduras grandilocuentes, esta vez la oración, la brevedad y la contención hablaron más que el discurso.


La escena se anticipaba desde mucho antes. Por primera vez, la investidura presidencial no se realizó en un estadio, sino en el corazón del Poder Legislativo. El cambio de escenario no solo redujo costos, sino que imprimió a la toma de posesión un tono de solemnidad, institucionalidad, equilibrio y límites. Tampoco hubo desfile de mandatarios extranjeros. Asfura optó por una ceremonia contenida, rodeado de diputados de todas las bancadas, embajadores acreditados, magistrados, autoridades civiles y militares. Sin excesos. Sin espectáculo.


Al momento del juramento, Asfura volvió a apartarse del molde. No repitió la fórmula clásica de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes. Dijo algo más simple y directo: "Honduras, para servirte estamos". Así selló el inicio de su mandato. Servicio antes que solemnidad. Función antes que ceremonia. Raro incluso para el nuevo nacionalismo.


Lo que sí hubo fue puntualidad, otro gesto poco habitual. La ceremonia inició a la hora prevista y se extendió por 54 minutos. El primer discurso presidencial duró apenas 14, como una forma deliberada de economizar el tiempo y las palabras.


El discurso avanzó sin rodeos. Saludó a las autoridades, bendijo —y volvió a bendecir— a las familias hondureñas, y se detuvo para hacer un reconocimiento explícito a los tres consejeros del Consejo Nacional Electoral, comenzando por el suplente, así como a las Fuerzas Armadas, encabezadas por el nuevo jefe del Estado Mayor Conjunto. No fue una simple cortesía: les atribuyó un papel concreto en la "defensa de la democracia y la libertad", en un momento crítico como el vivido en las semanas recientes.


Luego vinieron las prioridades, enunciadas sin desarrollo. Seguridad, educación, salud, empleo, inversión, infraestructura. Ningún anuncio rimbombante. Sin cronogramas ni cifras. En su lugar, frases cortas y afirmativas orientadas a generar confianza. "Se lo voy a demostrar". "No tengan dudas". "Vamos a resolver los problemas". "Programas sociales, claro que sí".


Una sola palabra dominó el discurso: trabajar. Repetida casi como un mantra: "trabajar, trabajar, trabajar, trabajar y trabajar".


Despolarización y unidad


Uno de los ejes más claros del mensaje fue la despolarización. Asfura rechazó de manera directa la lógica del conflicto permanente. "No es con insultos, con venganza, con odio que vamos a salir adelante", dijo el presidente nacionalista.


El mensaje no fue abstracto. Dirigiéndose a los diputados de oposición, lanzó una súplica política: "no les pido, les suplico que me apoyen las leyes que necesitamos para generar este cambio. Se los pido por Honduras".


La oración como cierre y mensaje ético


El cierre fue uno de los momentos más solemnes del acto. Asfura, sin ofrecer mayores detalles, pidió permiso para recitar una oración que acostumbraba decir cuando fue alcalde capitalino. Se trata de una plegaria atribuida a Mahatma Gandhi, conocida como "Señor, no te olvides de mí". No fue un recurso ornamental. Su contenido, centrado en la humildad, el servicio, la honestidad y el bien común, contrastó con la retórica habitual del poder y la victoria.


El tono del orador resultó clave. Pausado, contenido, sin énfasis dramáticos, captó por completo la atención del auditorio. La oración se transformó en una lección más cívica que espiritual, dirigida no solo a la audiencia presente, sino a la clase política en su conjunto. Evocar a Gandhi no fue un gesto religioso ni ideológico, sino ético: una apelación a valores universales en un contexto marcado por la desconfianza.


Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.

A diferencia de muchos dirigentes de la región y América continental, "Tito" Asfura es uno de los pocos políticos que evita instrumentalizar a Dios como consigna ideológica y lo presenta, más bien, como inspiración y propósito. Esa moderación, más conductual que discursiva, refuerza la imagen de un dirigente que se asume antes como servidor público que como caudillo. Conservador, pero humanista y pensante. Menos autócrata y más disidente.


El discurso inaugural de Juan Nasry Asfura no destacó por promesas espectaculares ni anuncios disruptivos. Su fuerza estuvo en la forma: austeridad, brevedad, institucionalidad y un tono deliberadamente despolarizador. En un país golpeado por la pobreza, la violencia, la migración forzada, la corrupción y el desgaste de la política tradicional, su mensaje parece alinearse con una demanda social concreta: menos retórica y más resultados; menos confrontación y mayor gobernabilidad.



Tras atravesar un proceso maratónico, exasperante y peligroso, la sociedad hondureña llega a este nuevo ciclo con expectativas contenidas y una paciencia limitada. No exige gestos grandilocuentes, sino soluciones básicas: seguridad para vivir, empleo para quedarse en el país, servicios públicos que funcionen y una clase política capaz de dialogar. En ese contexto, el mensaje de Asfura no promete milagros, pero sí plantea un método elemental: servicio, trabajo y moderación.



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