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Cuba sí está en el corazón del poder chavista: la operación que destapó dos décadas de injerencia militar y negación

El reconocimiento público de la presencia militar cubana en Venezuela reabre el debate sobre la injerencia extranjera y la legitimidad del poder. Mientras los gobiernos aliados del chavismo denunciaron la "agresión" de Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.), analistas regionales subrayan que la existencia de tropas cubanas encargadas de la seguridad presidencial pone en cuestión el discurso oficial sobre independencia y autodeterminación.


Por Juan Daniel Treminio | @DaniTreminio

Caracas, Venezuela
Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel en La Habana, en julio del año 2018 | Fotografía de AFP
Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel en La Habana, en julio del año 2018 | Fotografía de AFP

Charles Dickens sabría que esto ya no pertenece al reino de lo feérico: son hechos, y toca contarlos tal cual.


La operación militar de Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) del sábado 03 de enero de 2026 en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, no sólo sacudió la arquitectura política, social e institucional venezolana. También derribó, de un golpe, uno de los secretos más persistentes —y negados— de la historia reciente del chavismo y de las izquierdas de Latinoamérica y el mundo: la presencia operativa de personal militar y de inteligencia cubano en el país suramericano.


El reconocimiento llegó desde La Habana, después de horas de rumores y versiones oficiales fragmentadas. En un comunicado, el régimen de Miguel Díaz-Canel confirmó la muerte de al menos 32 cubanos durante los combates registrados en Caracas. No eran médicos, maestros ni asesores administrativos. Eran miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior, desplegados —según el texto— a solicitud de sus "homólogos" venezolanos.


La declaración fue explícita: los cubanos fallecidos cumplían "misiones" y murieron "en combate directo" o bajo los bombardeos. El régimen venezolano, encabezado temporalmente por Delcy Rodríguez, se apresuró a expresar condolencias y respaldar la existencia de convenios de cooperación y defensa mutua entre ambas naciones. Convenios de los que, hasta ese momento, no existía referencia pública.


Las palabras contrastaron con años de desmentidos categóricos. "No hay tropas cubanas en Venezuela", insistía en 2019 la diplomática Johana Tablada. Tampoco coincidían con la versión ofrecida por el general Vladimir Padrino López, que acusó a los estadounidenses de ejecutar a los soldados cubanos "a sangre fría". La Habana, por su parte, habló de combates, resistencia y deber cumplido.


Un secreto a voces desde el inicio del chavismo


Para periodistas, analistas y parte del estamento militar venezolano, la revelación no fue una sorpresa. Los rumores sobre guardias cubanos integrados al primer anillo de seguridad presidencial circulan desde los años de Hugo Chávez. Las referencias a "escoltas con acento caribeño" se repetían en coberturas oficiales. Chávez respondió entonces con ironías, pero el trasfondo era otro.


De acuerdo con testimonios recogidos por especialistas militares, la presencia cubana comenzó a consolidarse tras la firma, en el año 2000, del Convenio Integral de Cooperación. Sobre el papel, el acuerdo preveía asistencia técnica en múltiples áreas a cambio de petróleo venezolano. Paralelamente —según fuentes consultadas por este medio— se firmó un pacto confidencial en materia de seguridad que abrió las puertas del primer círculo de protección presidencial a militares cubanos.


El coronel retirado Antonio Guevara sostiene que esa injerencia contribuyó a tensiones que derivaron en la crisis de abril de 2002. Otros exfuncionarios confirman que, después del fallido golpe, el propio Chávez acentuó su dependencia de La Habana: desconfió de los mandos locales y permitió que agentes cubanos observaran y reportaran movimientos dentro de los cuarteles.


La dinámica se extendió más allá del ámbito militar. Con la llegada masiva de brigadas sociales —médicos, alfabetizadores, entrenadores—, se integraron también cuadros de inteligencia. Fuentes coinciden en que, para mediados de la década, los cubanos tenían participación en áreas sensibles: sistema de identificación, migración, registros, aduanas y estructuras administrativas clave. Incluso, en órganos deliberativos vinculados a la seguridad interna.



En paralelo, surgieron los "cederristas", miembros de los Comités de Defensa de la Revolución cubanos, presentados como acompañamiento comunitario. Su función —vigilar, reportar, alinear— alimentó las acusaciones de control político y persecución a la disidencia.


Un mito militar que se derrumba. Una "soberanía" en entredicho


La operación estadounidense del pasado fin de semana no sólo evidenció la presencia. También cuestionó la supuesta invulnerabilidad de la élite cubana.


Díaz-Canel rindió homenaje a los caídos como "combatientes heroicos". Pero analistas como Armando Chaguaceda subrayaron al periódico español El Mundo la magnitud del golpe: se trataba de cuadros operativos entrenados en protección de altos dirigentes, espionaje, contrainteligencia e infiltración. La comparación fue inmediata: en Granada, en 1983, los asesores cubanos resistieron durante horas. Esta vez, la respuesta fue mínima.


El fracaso reveló fallos de inteligencia y exposición estratégica. El ingreso de fuerzas estadounidenses —precedido por ataques que cegaron instalaciones— tomó por sorpresa a quienes, por definición, debían anticiparse. Para Cuba, el costo es político y simbólico: queda desmentido, con cifras y cuerpos, el relato de no intervención.


En Venezuela, las consecuencias trascienden lo militar. Se abre un debate de fondo sobre soberanía y control del Estado. La revelación confirma entonces que funciones estratégicas —incluida la seguridad presidencial— fueron, en parte, "tercerizadas" en favor de un aliado extranjero.


Críticos del chavismo, como el exministro Andrés Izarra, trazan un paralelismo con los años finales de Chávez: la dependencia de Cuba en materia de salud primero; luego, en seguridad. Otros expertos señalan las denuncias recurrentes sobre participación de agentes cubanos en interrogatorios, centros de detención y operativos represivos. Una historia que se podría estar repitiendo en Nicaragua y Honduras.


Los acuerdos confidenciales publicados por agencias internacionales en 2019 —negados tajantemente por La Habana— ya apuntaban en esa dirección: entrenamiento de tropas venezolanas, reorganización de los servicios de inteligencia y un sistema de vigilancia interna destinado a controlar al propio Ejército y al Ejecutivo.


Una alianza construida sobre petróleo y poder autoritaria para la izquierda radical


La relación no nació con Chávez, pero se consolidó con él. Fidel Castro miró durante décadas hacia Caracas, atraído por su petróleo. Tras el fracaso de acercamientos previos a gobiernos democráticos, encontró en el teniente coronel un socio estratégico: proyecto ideológico, capacidades políticas y recursos energéticos.


"Una alianza perfecta", resumen los analistas: La Habana aportaba cuadros, organización y experiencia en control político y de seguridad; Caracas garantizaba financiamiento y proyección regional. Bajo esa lógica, ambas dictaduras defendieron durante años la narrativa de "dos pueblos, una nación".


El desenlace del sábado 03 de enero de 2026 resquebraja esa narrativa. La presencia militar cubana ya no es un rumor. Es un hecho asumido por la propia administración de la isla, aunque envuelto en homenajes y retóricas de sacrificio.


El reconocimiento forzado y la muerte de 32 efectivos dejan una estela de interrogantes: ¿qué otras funciones cumplieron? ¿Qué documentación respaldaba los acuerdos secretos? ¿Cómo se reconfigurará el aparato de seguridad venezolano? Y, sobre todo, ¿qué impacto tendrá en la legitimidad interna de ambos regímenes?


Mientras La Habana decreta luto nacional y Caracas administra un escenario de vacío de poder, la operación estadounidense ha hecho algo más que capturar a un autócrata y a su mujer, bajo acusaciones de narcoterrorismo. Ha levantado el velo de una relación que, durante más de dos décadas, se sostuvo entre sombras, silencios oficiales y negaciones sistemáticas.


Lo que antes era un rumor insistente hoy es parte del registro público. Y marca un antes y un después en la comprensión del vínculo político, institucional y militar entre Cuba y Venezuela.



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