Nicaragua y el vacío que deja la captura de Nicolás Maduro. Silencio oficial, nerviosismo sandinista y cuentas pendientes
- Jan 7
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La transición venezolana podría abrir un frente inesperado para el Frente Sandinista de Liberación Nacional: la revisión de los archivos petroleros y financieros del chavismo. Auditorías a PDVSA, cooperación judicial internacional y el examen de los mecanismos del ALBA podrían arrojar luz sobre redes regionales hasta hoy opacas. En ese escenario, ALBANISA pasaría a ser objeto de investigaciones transnacionales, con potenciales implicaciones políticas y judiciales para Ortega y Murillo. El episodio venezolano, más que un golpe económico inmediato, amenaza con exponer el andamiaje financiero que sostiene a los aliados izquierdistas en el continente.
Por Jairo Videa | @JairoVidea
Managua, Nicaragua

Durante ya cuatro días, el poder monárquico en Nicaragua ha optado por el mutismo. Ni discursos encendidos, ni concentraciones convocadas, ni acusaciones directas a Washington. La "extracción" del dictador venezolano Nicolás Maduro —aliado estratégico de Managua— mediante una intervención militar la madrugada del sábado 03 de enero de 2026, ordenada por el presidente estadounidense Donald Trump, ha dejado al régimen copresidencial de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo en una inédita y hasta ruidosa contención pública que contrasta con sus habituales reacciones frente a acontecimientos continentales.
Maduro ya no parece el gran amigo, aquel que ama el maduro frito.
Las reacciones oficiales del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se reducen, hasta el momento, a breves comunicados diplomáticos carentes de una condena abierta a Estados Unidos. En paralelo, según defensores y activistas en el exilio y fuentes independientes consultadas por esta Redacción, la Policía, el Ejército y las estructuras parapoliciales sandinistas —legalizadas en la Constitución en el año 2025— se mantienen en "estado de alerta". Tampoco se ha desarrollado hasta ahora el habitual ritual político en la rotonda Hugo Chávez en Managua, símbolo del agradecimiento al petróleo venezolano que durante una década sostuvo las finanzas del orteguismo.
Lo ocurrido en Caracas ha removido resortes sensibles en el FSLN, justo días después de que se filtrara una carta interna en la que se exigen cambios en la estructura del Frente. La crónica de los eventos recientes en torno al dictador chavista y su esposa, Cilia Flores, "sacudió todas las fichas del poder político, económico y militar de Nicaragua", sostiene el sociólogo y escritor Óscar René Vargas, convencido de que los hechos tendrán "repercusiones directas" en el país centroamericano. La oposición en el exilio celebró la caída de Maduro y proyecta la posibilidad de un efecto espejo sobre la pareja nicaragüense, señalada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de cometer crímenes de lesa humanidad desde abril de 2018.
Vargas advierte una estrategia de bajo perfil por parte del oficialismo: silencio calculado para restar protagonismo en un contexto de máxima incertidumbre regional. A ese silencio se contrapone la inquietud empresarial y el análisis de escenarios por parte de mandos militares, ante la hipótesis de que Washington replique en Nicaragua la fórmula aplicada en Venezuela.
La captura y posterior enjuiciamiento de Maduro y Flores en Estados Unidos reconfiguraron, con rapidez, el mapa de poder venezolano. La cúpula castrense cerró filas en torno a Delcy Rodríguez como presidenta interina, quien expresó disposición a "colaborar" con los planes de la administración republicana de Donald Trump. Ese vuelco acelerado alimenta por mucho el nerviosismo en Managua y, según Vargas, puede profundizar tensiones internas en el sandinismo: "Ortega y Murillo temen a su propia base; el fantasma de la traición interna está presente".
El sociólogo describe una descomposición progresiva en Ejército, Policía y estructuras de apoyo social del oficialismo. En ese marco, ve posible que ciertos grupos exploren una negociación "a la venezolana" con Washington, encaminada a una salida que preserve privilegios e impunidad.
¿Comienzo de un efecto dominó?
Los movimientos en Caracas repercuten más allá de sus fronteras. Cuba, principal beneficiaria del suministro de crudo venezolano, afronta un panorama crítico. La isla recibió en los últimos meses un promedio de 35,000 barriles diarios, pilar para mantener en pie un sistema energético extremadamente deficiente. La eventual interrupción de ese flujo agudizará la crisis económica cubana y abre interrogantes sobre la continuidad de sus misiones médicas en Venezuela.
En México, Trump ha prometido "hacer algo más" frente a los carteles, mientras escala su pulso verbal con el presidente colombiano Gustavo Petro. Vargas considera que, en Colombia, Estados Unidos priorizará la influencia electoral antes que cualquier acción precipitada, recordando precedentes en Honduras y Argentina.
Entre 2007 y 2016, el petróleo venezolano irrigó el proyecto político de Ortega. Al menos 7,000 millones de dólares en cooperación petrolera ingresaron bajo condiciones concesionales a través de Petrocaribe y ALBA. Una porción se pagaba al contado y otra quedaba financiada a largo plazo, con escasa supervisión pública. Los recursos se administraron desde ALBANISA, empresa mixta que operó al margen del presupuesto nacional y sin control parlamentario, convirtiéndose en un entramado económico paralelo, exclusivo para el control y beneficio de los Ortega Murillo y los suyos.
El economista Enrique Sáenz recuerda que esa arquitectura financiera fue decisiva para consolidar el poder orteguista y alimentar su patrimonio. Sin embargo, señala que el vínculo económico actual entre Managua y Caracas es marginal: el comercio bilateral se ha reducido a cifras simbólicas y Nicaragua importa hoy crudo principalmente desde Estados Unidos y Ecuador.
Desde 2019, las sanciones sobre PDVSA trastocaron el circuito financiero de ALBANISA: congelamiento de activos, ruptura de operaciones y cierre de canales bancarios. Un proceso de transición en Venezuela que implique apertura de archivos, auditorías de PDVSA y cooperación judicial internacional podría, según analistas consultados por COYUNTURA, iluminar redes financieras regionales hasta ahora opacas, con eventuales consecuencias políticas y judiciales para el círculo de poder nicaragüense.
Economía dependiente y llaves de presión
Sáenz estima que, a corto plazo, la caída de Maduro no implica por sí sola un impacto económico significativo para Nicaragua, a diferencia del caso cubano. El verdadero punto de fragilidad nicaragüense se ubica en su alta dependencia de Estados Unidos: casi una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) procede de remesas provenientes de ese país; la mayor parte de exportaciones y productos de zona franca tienen allí su destino; y es también su principal proveedor de petróleo e inversor externo.
En ese sentido, un endurecimiento de medidas económicas por parte de Washington tendría efectos tangibles. Hasta ahora, incluso la presión potencial vía DR-CAFTA (Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos) se ha utilizado sobre todo de manera simbólica. El anuncio de un arancel del 18 % marca un primer umbral, pero una escalada podría repercutir de modo directo en el tejido productivo y social nicaragüense.
El pronunciamiento tardío de Managua respecto a la captura de Maduro se limitó a respaldar el llamado de Delcy Rodríguez a exigir la liberación del exmandatario venezolano y de Cilia Flores. La declaración evitó señalar expresamente a Trump y ni siquiera llevó las firmas de Ortega o Murillo, sino la del "gobierno de reconciliación y unidad nacional". Paralelamente, se reforzó la presencia de efectivos en las calles y se registró la detención del periodista retirado Oswaldo Rocha por comentarios en redes sociales digitales sobre la caída de Maduro.
La contención discursiva y el despliegue interno dibujan el estado de ánimo de un poder que observa con atención los movimientos de un tablero regional en transformación. Los equilibrios políticos, las lealtades militares, los antecedentes financieros compartidos y la dependencia económica de Estados Unidos conforman el marco de preocupación del oficialismo nicaragüense tras el derrumbe de su principal aliado.
Entre la prudencia pública y los cálculos internos, la Nicaragua orteguista-murillista entra en una fase de expectación vigilante, con la mirada puesta en Caracas, La Habana y Washington. El desenlace venezolano ya ha alterado dinámicas internas y ha activado interrogantes que el silencio del régimen no logra disipar.
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